La tragedia que rodea el accidente aéreo en el que perdió la vida Yeison Jiménez sigue generando conmoción en Colombia.

A los días de luto se han sumado relatos profundamente impactantes de personas que estuvieron en el lugar de los hechos, entre ellas el testimonio de Leni, una mujer que visitó la zona del accidente y que, sin proponérselo, terminó convirtiéndose en una de las voces más comentadas en redes sociales por lo que asegura haber visto y encontrado allí.
Según relató, la noticia del accidente la golpeó con una tristeza que no pudo explicar.
A pesar de no ser familiar directa del artista, sintió una conexión tan fuerte que decidió ir hasta el lugar, acompañada de su madre y de su hija.
Vive a poco más de media hora del sitio del siniestro, en Sogamoso, y además tenía un primo que estuvo entre las primeras personas que presenciaron la caída de la avioneta.
Al llegar, se encontró con un ambiente desolador.
Un vallado impedía el paso hacia la zona más cercana al impacto, pero aun así se congregaban personas rezando, encendiendo velas y buscando respuestas.
Leni cuenta que participó en un rosario y luego sintió la necesidad de cruzar al otro lado, dejando a su madre y a su hija en el carro.
No sabía exactamente por qué, pero algo en su interior le decía que debía estar ahí.
En medio del terreno, aún se percibían las huellas del desastre: zanjas entre los semilleros, restos de agua mezclada con aceite y fragmentos derretidos de metal.
Fue en ese contexto cuando, sentados en cuclillas junto a otros visitantes, ocurrió uno de los momentos más impactantes de su experiencia.
Un hombre que estaba allí, con una botella de whisky, derramó un trago en el suelo a modo de ofrenda y fue entonces cuando encontró una pequeña figura con forma de caballo.

Leni recuerda que, al principio, pensó que podía tratarse simplemente de un trozo de metal deformado por el fuego.
Sin embargo, al observarlo con detenimiento, la figura parecía claramente la silueta de un caballo, con una apariencia casi calavérica.
Ella misma encontró otro objeto similar entre la zanja y comenzó a limpiarlo con cuidado.
Lo sostuvo en sus manos, caminó varias veces hasta el carro para mostrárselo a su madre y, en cada paso, sentía una tristeza profunda, una sensación que la llevó a tomar una decisión inesperada.
A pesar de que, como fan, le habría gustado conservar algún recuerdo de Yeison Jiménez —una gorra, una camisa de un concierto— entendió que ese objeto estaba marcado por el dolor de una tragedia.
“Sentí que no debía llevarlo conmigo”, relató.
Finalmente, decidió regalar la figura a otro admirador del artista, un hombre que estaba en el lugar con una camioneta cuya música sonaba de fondo y cuyo vehículo llevaba el nombre “Aventurero”, una coincidencia que también le llamó la atención.
Después de ese momento, el grupo regresó a rezar.
Leni incluso dirigió una oración, convencida de que su propósito principal al visitar el lugar era orar por las almas de quienes habían perdido la vida.
Sin embargo, lo más sorprendente ocurrió horas después, cuando subió algunos videos a sus redes sociales.
Usuarios comenzaron a analizar las imágenes y a señalar figuras que ella no había notado en un principio.

En uno de los videos, muchas personas aseguraron ver la silueta de un caballo entre las nubes, con un jinete montándolo, distinguiéndose incluso los ojos y un sombrero.
En otro, afirmaron identificar lo que parecía ser una puerta en el cielo, con una luz al fondo, dos figuras a los lados como abrazándose y, en la parte superior, la imagen de una niña arrodillada con las manos en oración.
Estas interpretaciones se volvieron virales y generaron todo tipo de reacciones.
Para Leni, lejos de tratarse de simples efectos visuales, fueron señales que reforzaron su convicción espiritual.
Ella se define como una persona profundamente creyente y asegura que Dios se comunica de muchas maneras, pero no todos están dispuestos a ver o a escuchar.
El relato de su primo, quien estuvo muy cerca del impacto, añade una dimensión aún más cruda a la tragedia.
Según contó, la avioneta no cayó directamente en picada, sino que primero rebotó en un semillero, atravesó una vía, tumbó árboles y finalmente explotó cuando el tanque de combustible se incendió.
El estruendo fue tan fuerte que se escuchó a gran distancia y hubo varias explosiones posteriores.
Los testigos describieron escenas extremadamente traumáticas.
Durante varios minutos, los cuerpos permanecieron envueltos en llamas, sin que nadie pudiera hacer nada debido a la intensidad del fuego y a la falta de herramientas.
Esa impotencia, según Leni, es una de las heridas más profundas que cargan quienes estuvieron allí.
Muchos se preguntan aún por qué no fue posible sofocar las llamas con tierra, pero al ver el terreno comprendió que se trataba de una tierra compacta, gredosa, imposible de manipular en una situación así.
El impacto emocional no se limita a los adultos.
Leni contó que, tras regresar a casa, su hija tuvo dificultades para dormir y ella misma pasó noches enteras en vela, rezando y tratando de encontrar paz.
En Boyacá, explica, existe una fuerte tradición de rezar por las almas, y fue precisamente durante uno de esos rosarios cuando captó una de las imágenes que más interpretaciones ha generado.
Sobre las supuestas premoniciones de Yeison Jiménez, quien en entrevistas pasadas habló de soñar con su propia muerte, Leni cree que más que premoniciones se trataba de señales.
Considera que el artista era una persona con una sensibilidad especial, un gran poder interior y una capacidad de manifestación fuera de lo común.
En su opinión, Dios siempre envía advertencias, pero no todos saben interpretarlas a tiempo.

Finalmente, su mensaje para la familia de Yeison Jiménez es de consuelo.
Está convencida de que él sigue presente, que escucha las oraciones y que su energía no se ha ido.
Cree que se manifestará en sueños y de distintas formas, acompañando a sus seres queridos en el proceso de duelo.
Más allá de las interpretaciones espirituales, su testimonio refleja el profundo impacto que la muerte del artista ha dejado en la gente común, en quienes, sin haberlo conocido personalmente, sienten que su partida marcó algo en sus propias vidas.
Una tragedia que no solo apagó una voz, sino que dejó una huella imborrable en la memoria colectiva de todo un país.