Myrka Dellanos revela todo en entrevista con Cao.

Durante más de tres décadas, Myrka Dellanos fue uno de los rostros más reconocibles del periodismo en español en Estados Unidos.

Myrka Dellanos and Jessica Maldonado Exit Telemundo in Surprise Shake‑Up
Su trayectoria, marcada por la disciplina, la credibilidad y una formación estricta en las reglas clásicas de la noticia, la convirtió en una referencia para varias generaciones de periodistas.

Sin embargo, detrás de esa imagen sólida y respetada, se fue gestando un conflicto silencioso que terminaría por sacarla de la televisión tradicional y empujarla hacia un camino inesperado: la independencia digital.

 

En una extensa entrevista con Cao, Myrka Dellanos decidió contar su historia sin filtros.

No como un ajuste de cuentas, sino como una reflexión profunda sobre el estado actual del periodismo, la intolerancia a las opiniones distintas y el precio de mantenerse fiel a los principios profesionales y personales.

 

La conversación comienza con un tono nostálgico.

Ambos recuerdan los primeros años en Univisión, cuando el canal aún funcionaba en tráileres y la televisión en español se construía con esfuerzo artesanal.

Dellanos rememora sus inicios como reportera de calle, su posterior paso al set como presentadora de noticias duras y la rigurosa formación que recibió: control absoluto del lenguaje corporal, neutralidad total al aire y una separación estricta entre opinión y noticia.

“Era otra escuela”, admite, una que hoy prácticamente ha desaparecido.

 

Ese modelo, sin embargo, fue transformándose.

Los formatos evolucionaron, surgieron espacios híbridos entre información y comentario, y se abrió la puerta a programas donde la opinión comenzó a tener un peso central.

Fue en ese contexto donde Myrka aceptó participar en un nuevo proyecto televisivo que, según le explicaron, buscaba “balance”.

Le pidieron explícitamente que aportara una voz conservadora, una perspectiva distinta dentro de un panel mayoritariamente liberal.

Myrka Dellanos, Giselle Blondet Make Univision Comeback As Premio Lo  Nuestro 2018 Red Carpet Hosts

Dellanos aceptó con una condición clara: mantener el rigor periodístico.

Asegura que nunca habló desde una militancia política, sino desde el análisis y la contextualización de los hechos.

Se define como independiente, formada en la idea de que el periodista no debe casarse con ningún partido.

Sin embargo, reconoce que sus valores personales —su fe, su postura provida y su historia familiar marcada por el exilio cubano— influyeron inevitablemente en su forma de interpretar la realidad.

 

El punto de quiebre llegó cuando ciertos comentarios, especialmente relacionados con política internacional y Latinoamérica, comenzaron a generar incomodidad dentro del programa.

Dellanos relata cómo, poco a poco, dejó de sentirse respaldada.

Productores la interrumpían al aire, no le permitían terminar sus ideas y, según cuenta, se empezó a construir una narrativa que la etiquetaba como “demasiado conservadora”.

 

Uno de los episodios más delicados ocurrió cuando comentó un reporte oficial del gobierno de Estados Unidos que señalaba vínculos del gobierno mexicano con el narcotráfico.

Myrka insiste en que habló del Estado, no del pueblo mexicano, una distinción que —asegura— intentó aclarar varias veces sin éxito.

El fragmento se viralizó fuera de contexto y fue acusada de racismo.

Poco después, fue sacada del aire durante diez días.

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A partir de ese momento, la relación laboral se deterioró de forma irreversible.

Dellanos afirma que le quitaron la posibilidad de escribir sus propios textos, algo que considera inédito en su carrera.

Fue excluida del rundown, obligada a leer libretos ajenos y supervisada de manera constante.

Paralelamente, se le prohibió abrir un canal de YouTube y promocionar su programa de radio cristiano, acciones que, según la empresa, representaban un conflicto de intereses.

 

El desenlace llegó el 8 de octubre, cuando fue citada a recursos humanos y notificada de que ese sería su último día.

La explicación oficial fue una “reestructuración”. Myrka no discutió.

Confiesa que, aunque fue un golpe duro, no la tomó por sorpresa.

Para ella, el ciclo ya estaba cerrado.

 

Lejos de mostrarse derrotada, Dellanos habla con serenidad.

Reconoce que dolió, pero también que se sintió liberada.

“Mi credibilidad no está en venta”, afirma.

Prefiere haber salido con la conciencia tranquila antes que traicionar años de trabajo y la confianza del público.

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Hoy, Myrka Dellanos mira hacia el futuro.

Ha comenzado una nueva etapa en plataformas digitales, especialmente en Instagram, donde realiza entrevistas en vivo y prepara el lanzamiento formal de su canal de YouTube.

Entiende que el consumo de noticias ha cambiado y que la televisión tradicional ya no es el único camino.

De hecho, considera que el periodismo independiente tiene hoy más alcance global que muchas cadenas.

 

Para ella, el problema no es la opinión, sino la falta de pluralidad.

Defiende la necesidad de espacios donde se puedan confrontar ideas sin descalificar al otro, sin etiquetas ni cancelaciones.

“Escuchar al que piensa distinto no te hace débil, te hace más informado”, sostiene.

 

La entrevista con Cao no es solo el relato de una salida polémica de la televisión, sino una radiografía del momento que atraviesa el periodismo.

Un tiempo donde la audiencia busca autenticidad, donde las plataformas digitales rompen esquemas y donde figuras como Myrka Dellanos intentan reinventarse sin renunciar a su esencia.

 

Al final, su mensaje es claro: perder un espacio no significa perder la voz.

A veces, es justamente el comienzo de una forma más libre de ejercerla.

 

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