No murió en un asilo de ancianos, lo encontraron con algo horroroso en el intestino

A lo largo de la historia del cine y la televisión mexicana han existido figuras que, sin ocupar siempre los primeros créditos, dejaron una huella profunda en la memoria del público.

The Myth of Antonio Salazar
Uno de esos nombres es el de Antonio Salazar Raxel, un actor de reparto sólido, versátil y profundamente comprometido con su oficio, cuya trayectoria abarcó teatro, cine, televisión y doblaje.

Sin embargo, más allá de su extensa carrera artística, su muerte estuvo rodeada de circunstancias tan perturbadoras que, con el paso del tiempo, terminaron eclipsando incluso su legado profesional.

 

Antonio Salazar Raxel nació el 13 de abril de 1922 en el estado de Chiapas, dentro de una familia de clase media que le permitió acceder a una educación formal en instituciones reconocidas.

Desde temprana edad mostró una inclinación natural por la actuación, una vocación que contrastaba con los deseos de su padre, quien aspiraba a verlo convertido en abogado.

Esa tensión entre las expectativas familiares y su verdadera pasión marcaría los primeros años de su vida, obligándolo a tomar decisiones difíciles para seguir el camino que sentía como propio.

 

A comienzos de la década de 1940, impulsado por un carácter rebelde y decidido, Antonio dejó su lugar de origen y se trasladó a la Ciudad de México.

Allí dio sus primeros pasos en el medio artístico trabajando como asistente de fotografía, un empleo modesto que, sin embargo, le permitió entrar en contacto directo con actores, directores y técnicos del mundo del espectáculo.

Ese primer acercamiento fue determinante: comprendió que su lugar estaba frente a las cámaras y sobre los escenarios.

 

Con una disciplina notable, ingresó a la Academia de Seki Sano, una de las más prestigiosas en formación teatral de la época.

Su talento no pasó desapercibido y pronto se convirtió en uno de los alumnos más destacados.

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De hecho, fue uno de los pocos actores que logró debutar profesionalmente en el teatro mientras aún se encontraba en proceso de formación, algo poco común en aquellos años.

Esa experiencia temprana le dio tablas, rigor y una comprensión profunda del oficio actoral.

 

Su carrera cinematográfica se desarrolló principalmente en papeles secundarios y de soporte, participando en películas de corte cómico muy populares entre el público, especialmente aquellas donde compartió créditos con la célebre pareja de Viruta y Capulina.

Aunque no siempre fue protagonista, su presencia aportaba solidez, timing y credibilidad a cada historia.

Paralelamente, incursionó con gran éxito en el mundo del doblaje, donde su voz se convirtió en una de las más reconocidas y respetadas del medio, recibiendo incluso importantes reconocimientos por su trabajo vocal.

 

A pesar de su talento, Antonio Raxel fue un hombre crítico del sistema.

Consciente de las injusticias que se vivían dentro del gremio actoral, decidió alzar la voz junto a otros compañeros de teatro para exigir mejores condiciones laborales, especialmente para el personal técnico.

Participó en la elaboración de un pliego petitorio que incomodó a los altos mandos de la industria.

Como suele ocurrir con las figuras contestatarias, el precio no tardó en llegar: su carrera comenzó a verse limitada a papeles secundarios tanto en cine como en televisión, a pesar de su capacidad interpretativa.

 

Durante la década de los años ochenta participó en el llamado cine de ficheras, una etapa que le generó fuertes críticas por parte de la prensa especializada.

Antonio de Oliveira Salazar - NamuWiki
Muchos consideraron que esos trabajos no estaban a la altura de su talento, aunque otros señalaron que fueron una consecuencia directa del cierre de oportunidades en otros géneros.

Aun así, su trayectoria fue extensa y respetable: más de 85 obras de teatro, alrededor de 80 películas y cerca de 10 telenovelas conforman un legado difícil de ignorar.

En 1974 recibió la Medalla Virginia Fábregas como reconocimiento a su carrera artística.

 

En el ámbito personal, Antonio Raxel fue un hombre reservado.

Se casó una sola vez con Guadalupe García Piña y mantuvo siempre su vida familiar alejada del foco mediático.

Evitaba hablar de su intimidad y prefería que su trabajo hablara por él.

Esa discreción se mantuvo hasta el final de sus días, aunque las circunstancias de su muerte terminaron rompiendo cualquier barrera de silencio.

 

Antonio Salazar Raxel falleció el 25 de noviembre de 1999.

De acuerdo con los primeros reportes, la causa oficial fue un fallo respiratorio provocado en parte por un colapso pulmonar.

Sin embargo, debido a que murió en un asilo de ancianos señalado por presuntos malos tratos, el hospital ordenó la realización de una autopsia.

Fue entonces cuando el caso dio un giro tan inesperado como escalofriante.

 

El médico forense quedó horrorizado al examinar el cuerpo.

En el intestino grueso del actor se encontraron más de ocho colillas de cigarro, así como una cantidad considerable de cemento utilizado comúnmente en la construcción y mantenimiento de viviendas.

Will Sellers: Portugal's Salazar and the quest for stable government
El hallazgo no solo era anómalo, sino prácticamente imposible de explicar bajo causas naturales.

De inmediato, el forense notificó a las autoridades, señalando que el actor había sido víctima de tortura.

 

La policía actuó con rapidez y se trasladó al asilo, ubicado en la entonces delegación Milpa Alta.

El lugar, una casa de grandes dimensiones, empleaba a estudiantes de medicina y a personal sin la preparación adecuada para atender a adultos mayores.

Tras una investigación exhaustiva, se determinó que uno de los enfermeros padecía graves problemas mentales y tenía una fijación enfermiza con los ancianos, especialmente con aquellos que sufrían demencia senil.

Este individuo habría sido el responsable directo de las torturas.

 

El caso conmocionó a la opinión pública y dejó al descubierto una realidad alarmante sobre el abandono y maltrato que pueden sufrir los adultos mayores, incluso figuras reconocidas del espectáculo.

La muerte de Antonio Salazar Raxel no solo cerró la vida de un actor comprometido y talentoso, sino que abrió una herida profunda en la conciencia social.

 

Hoy, su historia sigue siendo recordada no solo por su aportación al cine, al teatro y al doblaje mexicano, sino también como un recordatorio doloroso de cómo la vulnerabilidad, el olvido y la negligencia pueden converger de la forma más cruel.

Antonio Raxel no murió en un asilo cualquiera: murió víctima de un sistema que falló en protegerlo, dejando tras de sí una verdad tan impactante como imposible de ignorar.

 

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