Raúl Velasco: El “Rey” que usó a las mujeres como “Moneda” y nadie lo detuvo

Raúl Velasco Ramírez fue una figura emblemática de la televisión mexicana durante casi tres décadas, conocido principalmente por ser el conductor del programa **Siempre en Domingo**, que dominó las tardes dominicales y se convirtió en un fenómeno cultural en México y América Latina.

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Sin embargo, detrás de la sonrisa carismática y la fama, se esconde una historia mucho más oscura, marcada por abusos de poder, humillaciones y un sistema de explotación que afectó a cientos de artistas, especialmente a mujeres jóvenes.

 

Nacido en Celaya, Guanajuato, en 1933, Raúl Velasco creció en la pobreza.

Desde niño experimentó la invisibilidad social y el desprecio, lo que le dejó una profunda cicatriz emocional y una sed insaciable de poder y control.

A los 18 años llegó a la Ciudad de México con apenas 40 pesos y una obsesión: nunca más sería ignorado ni pobre.

 

Velasco comenzó su carrera en medios de comunicación como crítico de cine, donde descubrió que el poder no residía en crear sino en destruir reputaciones.

Sus críticas eran despiadadas y calculadas para humillar públicamente a quienes evaluaba.

En 1969, fue elegido para conducir Siempre en Domingo, un programa que inicialmente no tenía expectativas, pero que pronto se convirtió en el espacio televisivo más visto del país, con audiencias que alcanzaban los 30 millones de espectadores.

 

Desde el inicio, Velasco estableció reglas claras y autoritarias: los artistas no aparecían en su programa por talento, sino por su voluntad.

Para ser parte del show, debían pasar por su oficina, donde las jóvenes artistas enfrentaban preguntas inapropiadas y presiones para aceptar condiciones que iban más allá de lo profesional.

Éste fue el trágico final de Raúl Velasco, de 'Siempre en Domingo'- Grupo  Milenio

El programa se convirtió en un reino donde Velasco decidía quién tenía éxito y quién era vetado.

Las mujeres eran usadas como moneda de cambio: para obtener minutos en cámara, debían aceptar sus exigencias, que incluían desde mostrar más piel hasta favores personales.

Las que rechazaban estas condiciones desaparecían del medio, víctimas de vetos arbitrarios que destruían carreras prometedoras.

 

Testimonios posteriores revelaron que Velasco tenía una lista negra actualizada semanalmente con nombres de artistas prohibidos, y que su equipo de producción facilitaba este sistema de abuso y control.

La complicidad de ejecutivos, productores y técnicos permitió que estas prácticas se mantuvieran durante décadas sin consecuencias.

 

Entre las víctimas visibles del sistema Velasco destacan artistas como Lyn May, quien denunció que siendo menor de edad le exigían sexualizar su imagen para poder trabajar, o Patricia, una cantante vetada después de negarse a las insinuaciones del conductor.

También hubo enfrentamientos públicos con figuras como Juan Gabriel, a quien Velasco vetó por su estilo escénico considerado “no tradicional”, y Paquita la del Barrio, a quien prohibió regresar tras cuestionar sus letras.

 

Incluso artistas consagrados como María Elena Velasco, “La India María”, sufrieron humillaciones públicas y discriminación, evidenciando la crueldad con la que Velasco manejaba su poder.

Tiene uno que bajarse de su pedestal, ser humilde y pedir empleo”: El final  humillante de Raúl Velasco cuando perdió el programa “Siempre en Domingo” |  Televisión | Entretenimiento | El Universo

El poder de Velasco comenzó a declinar con los cambios tecnológicos y culturales de los años 90.

La llegada de la televisión por cable y nuevos formatos musicales desplazaron a Siempre en Domingo, que fue reduciéndose hasta desaparecer en 1998.

 

Su salud también se deterioró debido a una hepatitis C que ignoró, y a pesar de un trasplante de hígado, su cuerpo se apagó lentamente.

Velasco murió en 2006, solo y olvidado, sin enfrentar jamás consecuencias legales ni sociales por sus abusos.

 

Años después de su muerte, comenzaron a salir a la luz testimonios que revelaban el verdadero costo humano detrás del éxito de Velasco.

Vídeos virales y entrevistas con víctimas mostraron un patrón sistemático de abuso de poder, acoso sexual y humillaciones públicas.

 

La historia de Raúl Velasco no es solo la de un individuo, sino la de un sistema que protegió a los abusadores por ganancias económicas y silencio colectivo.

Es un recordatorio doloroso de cómo el poder absoluto, sin supervisión ni consecuencias, inevitablemente corrompe y destruye vidas.

 

Hoy, la sociedad mexicana y la industria del entretenimiento enfrentan la tarea de reconocer estos errores para evitar que se repitan.

Movimientos sociales y plataformas digitales han dado voz a las víctimas y han cambiado la conversación sobre acoso y abuso en el medio artístico.

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Raúl Velasco fue, sin duda, una figura clave en la historia de la televisión mexicana, pero su legado está marcado por la explotación y el abuso.

Su historia es una lección sobre el peligro del poder absoluto y la importancia de la ética y la justicia en cualquier industria.

 

El “Rey” que una vez dominó el entretenimiento familiar terminó siendo un símbolo de un sistema corrupto que usó a las mujeres como moneda de cambio y mantuvo su reinado gracias al silencio cómplice de muchos.

Recordar esta historia es fundamental para construir un futuro donde el talento y la dignidad humana sean respetados y protegidos.

 

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