En las calles de Boyacá, Colombia, se ha capturado una imagen que ha causado revuelo y reflexión sobre el estado actual del expresidente Álvaro Uribe Vélez.

En un video que circula ampliamente, Uribe aparece caminando solo, sin el apoyo popular que alguna vez lo caracterizó.
Este momento simbólico refleja un cambio profundo en la percepción pública y política hacia uno de los personajes más controvertidos y polarizadores en la historia reciente de Colombia.
Durante años, Álvaro Uribe fue una figura central en la política colombiana, conocido por su mano dura contra las guerrillas y su influencia en el escenario nacional.
Sin embargo, su legado también está marcado por múltiples escándalos, incluyendo acusaciones de parapolítica, falsos positivos, desapariciones forzadas y corrupción vinculada a su partido, el Centro Democrático.
El video que muestra a Uribe caminando solo por Boyacá simboliza la pérdida de ese respaldo masivo.
La ciudadanía, cansada de la violencia, la manipulación y la corrupción, ha comenzado a despertar y a cuestionar a quienes han gobernado con prácticas cuestionables.
La soledad de Uribe es el reflejo de un rechazo popular que se ha manifestado en las urnas y en las calles.
Mientras Uribe enfrenta el desgaste de su imagen y apoyo, figuras como Iván Cepeda representan un proyecto político alternativo basado en la ética, la justicia social y la lucha contra la corrupción.
Cepeda ha logrado llenar plazas y movilizar a la población con propuestas que incluyen la reducción del salario de los congresistas, la defensa de los derechos laborales y la promoción de reformas estructurales para combatir la desigualdad.
El contraste entre la soledad de Uribe y el auge de Cepeda refleja una Colombia dividida, pero también una esperanza renovada para quienes buscan un cambio real en la política nacional.
No obstante, el panorama político colombiano sigue siendo tenso y conflictivo.
Las marchas y protestas han sido escenario de agresiones, muchas veces orquestadas por grupos vinculados al uribismo, que buscan silenciar a los críticos y opositores.
El uso de la violencia como herramienta política ha sido denunciado repetidamente, evidenciando la persistencia de prácticas autoritarias y represivas.
La expulsión de figuras como Paloma Valencia de espacios públicos y la vinculación de políticos con casos de corrupción como el de Ciro Ramírez han contribuido a la imagen negativa del uribismo y a la creciente demanda de transparencia y justicia.
En medio de esta crisis, el gobierno actual impulsa reformas destinadas a mejorar las condiciones de vida de los colombianos, especialmente de los sectores más vulnerables.
La reducción gradual de las semanas de cotización para la pensión de las mujeres es un ejemplo de políticas que buscan reconocer y compensar las desigualdades históricas.
Estas medidas, junto con la lucha contra el acaparamiento de tierras y la defensa de los derechos laborales, forman parte de un proyecto político que pretende transformar las bases sociales y económicas del país.
La situación política en Colombia es compleja y está marcada por tensiones profundas entre diferentes visiones y actores.
La caída del apoyo a Uribe y el ascenso de nuevas figuras representan un momento de transición que puede definir el rumbo del país en los próximos años.
Sin embargo, la persistencia de la violencia, la corrupción y el hostigamiento político son obstáculos significativos que deben ser enfrentados con determinación y compromiso.
La imagen de Álvaro Uribe Vélez caminando solo por Boyacá es más que una fotografía; es un símbolo del cambio que vive Colombia.
La sociedad está reclamando un nuevo liderazgo, basado en la ética, la justicia y la inclusión.
Mientras tanto, la política sigue siendo un campo de batalla donde se enfrentan viejas prácticas y nuevas esperanzas.
El futuro de Colombia dependerá de la capacidad de sus ciudadanos y líderes para superar divisiones, construir consensos y avanzar hacia un país más justo y democrático.