El 21 de febrero de 2026, el mundo de la música latina se vio sacudido por la noticia del fallecimiento de Willy Colón, uno de los más grandes exponentes de la salsa.
Su hijo menor, William Colón, compartió una emotiva declaración que revela no solo la tristeza de la pérdida, sino también el profundo legado que dejó su padre.

William comenzó su relato explicando que su padre cerró los ojos rodeado de su familia en un centro médico de Nueva York, tras una larga batalla contra una afección pulmonar.
La despedida fue íntima y silenciosa, un contraste con la vida vibrante que Willy había llevado.
Su madre, Julia, estuvo a su lado hasta el final, sosteniendo su mano mientras sus hijos se despedían.
Willy Colón, a pesar de ser considerado una leyenda, era para su hijo simplemente un padre que enseñó el valor del trabajo duro y la disciplina.
En casa, hablaba poco de sus éxitos; prefería compartir historias de su infancia en el Bronx, donde creció en un entorno difícil pero lleno de sueños.
Para él, la música era un medio para devolver al barrio todo lo que le había dado.
William recordó cómo su padre decía que mientras su música sonara en el mundo, él nunca desaparecería del todo.
Esta frase, ahora cargada de significado, resuena en cada nota que suena en las calles.
Willy Colón no solo fue un trombonista excepcional, sino también un narrador de historias.
Su música reflejaba las realidades de la vida en el Bronx, las luchas de los inmigrantes latinos y la resiliencia de su comunidad.
Cada canción era una forma de transformar el caos en armonía, un testimonio de su capacidad para convertir experiencias intensas en melodías que resonaban con el público.

William recordó momentos de su juventud, cuando su padre practicaba en un sótano con otros jóvenes soñadores.
Era un espacio pequeño, pero para ellos, era un estudio de grabación lleno de posibilidades.
Desde esos humildes comienzos, Willy forjó un camino que cambiaría el panorama de la salsa.
Uno de los capítulos más significativos de la carrera de Willy fue su colaboración con Héctor Lavoe.
Juntos, crearon música que no solo se convirtió en éxito, sino que también retrató la experiencia del inmigrante latino.
La conexión que tenían iba más allá de la música; era una amistad profunda que enfrentó desafíos, especialmente cuando Lavoe luchó contra la adicción.
La muerte de Héctor en 1993 fue un duro golpe para Willy, quien perdió a un amigo cercano y un compañero musical.
A pesar de esta pérdida, continuó creando y produciendo, llevando siempre consigo el legado de su amigo.
A finales de los años 70, Willy tomó la audaz decisión de apostar por nuevos talentos, como Rubén Blades.
Juntos, revolucionaron la salsa con el álbum “Siembra”, que no solo fue un éxito comercial, sino que también abordó temas sociales y políticos.
Willy entendió que su papel era abrir espacios para que las nuevas voces brillaran, y su legado se expandió más allá de su propio éxito.

A lo largo de su vida, Willy Colón se comprometió con su comunidad.
Participó en proyectos culturales y sociales, apoyando iniciativas que buscaban mejorar la vida de los latinos en Nueva York.
Para él, la fama solo tenía sentido si se utilizaba para ayudar a otros y amplificar sus voces.
A pesar de su compromiso con la comunidad, Willy también fue una figura controvertida.
Su apoyo público a ciertos políticos generó críticas, pero él siempre defendió su derecho a expresar sus convicciones, incluso si eso significaba desafiar las expectativas de sus seguidores.
William reflexionó sobre cómo su padre le enseñó que una persona puede ser multifacética: un artista brillante, un activista comprometido y, al mismo tiempo, alguien cuyas decisiones pueden ser difíciles de entender.

Willy Colón dejó un legado musical que trasciende generaciones.
Con más de 40 discos y millones de copias vendidas, su influencia en la salsa es innegable.
Pero su verdadero legado va más allá de los premios y los reconocimientos; se encuentra en cada persona que lleva la salsa en el alma, en cada trombón que vibra con fuerza y en las historias que sus canciones siguen contando.
William concluyó su emotivo homenaje recordando que, aunque su padre ya no esté físicamente, su música sigue viva.
Cada melodía, cada letra, es un eco de su vida y un testimonio de su amor por la música y su comunidad.
Willy Colón, el hombre que transformó el ritmo latino, permanecerá en los corazones de quienes lo amaron y en la memoria colectiva de la cultura latina.