Nicolás Maduro, el exdictador de Venezuela, se encuentra recluido en una cárcel de máxima seguridad en Brooklyn, Nueva York, un lugar conocido por albergar a criminales de alto perfil como Joaquín “El Chapo” Guzmán y Juan Orlando Hernández, expresidente de Honduras.

Su arresto marca un punto de inflexión en la historia política venezolana, pero este desenlace no fue solo resultado de una operación militar impecable, sino también de una traición desde el interior de su propio círculo de poder.
Maduro está confinado en una celda diminuta de apenas tres metros por tres, durmiendo sobre una cama de acero con un colchón extremadamente delgado de solo cuatro centímetros.
Estas condiciones, duras y austeras, reflejan el rechazo absoluto hacia su figura y sus acciones.
Se ha sugerido incluso que se le retire el colchón y se le apague la calefacción para que sufra las inclemencias del frío, medidas simbólicas que buscan hacerle pagar por los crímenes cometidos durante su régimen.
El éxito de la operación para capturar a Maduro no habría sido posible sin la traición de alguien muy cercano a él.
Delsy Rodríguez, apodada “Dels la fea”, exministra y actual presidenta ilegítima de Venezuela, es señalada como la principal sospechosa de haber vendido información clave a Estados Unidos.
A pesar de haber sido marginada por Hugo Chávez durante años, Maduro la rehabilitó y le otorgó cargos de gran poder, pero al final parece que ella cobró una recompensa millonaria por entregar a su antiguo jefe.
La inteligencia cubana, que sigue de cerca la situación venezolana, confirmó la existencia de esta traición interna.
Destacaron que la precisión con la que las fuerzas especiales estadounidenses encontraron a Maduro indica claramente la existencia de un topo en el más alto nivel del régimen chavista.
La operación fue tan perfecta que solo pudo lograrse con información privilegiada.

Las conversaciones entre Delsy Rodríguez y el senador estadounidense Marco Rubio han sido fundamentales en este proceso.
Se afirma que la CIA abrió una cuenta bancaria en Estados Unidos con 50 millones de dólares para pagar la recompensa por la captura de Maduro.
Además, Delsy y su hermano Jorge Rodríguez, otro miembro influyente del régimen, estarían negociando su permanencia en el poder hasta 2030, buscando asegurar la estabilidad política y la sucesión a través de Miguel Rodríguez Torres, exjefe de inteligencia chavista.
Sin embargo, estas negociaciones no han estado exentas de controversia y desconfianza.
La oposición venezolana, representada por figuras como María Corina Machado y Edmundo González, ha sido marginada por Estados Unidos en favor de un acuerdo con Delsy, considerada más confiable para manejar la transición política.
María Corina Machado ha criticado duramente a Delsy, calificándola como la principal arquitecta de la tortura y la corrupción en Venezuela.
A pesar de la captura de Maduro, la represión en Venezuela no ha cesado.
Se han intensificado las detenciones de periodistas y activistas, y la persecución política sigue siendo una realidad dolorosa para miles de venezolanos.
La comunidad internacional exige la liberación inmediata de los presos políticos y el cierre del centro de torturas conocido como El Helicoide, pero las acciones concretas aún están pendientes.
El futuro político de Venezuela sigue siendo incierto.
La posibilidad de que Delsy Rodríguez y su círculo mantengan el control mientras negocian con Washington genera desconfianza en muchos sectores, y la oposición organizada enfrenta grandes desafíos para recuperar el poder y la democracia.

La CIA ha jugado un papel crucial en la captura y negociación política en Venezuela.
Se cree que la agencia ha estado en contacto con Delsy Rodríguez y otros miembros del régimen durante años, utilizando recompensas millonarias y promesas de protección para asegurar su colaboración.
Esta estrategia busca una transición controlada que evite un vacío de poder y permita a Estados Unidos mantener influencia en la región.
Sin embargo, esta estrategia ha generado críticas por dejar fuera a la oposición legítima y por apoyar a figuras cuestionadas por violaciones de derechos humanos.
La desconfianza hacia Delsy y su hermano Jorge Rodríguez es alta, y muchos temen que su permanencia en el poder perpetúe la corrupción y la represión.
La oposición venezolana enfrenta una situación compleja.
Líderes como María Corina Machado han sido excluidos de las negociaciones y enfrentan persecución y exilio.
La falta de unidad y apoyo internacional ha dificultado la capacidad de la oposición para presentar una alternativa sólida al régimen.
Además, la represión y el control de las fuerzas militares y policiales por parte de figuras como Diosdado Cabello y Vladimir Padrino López complican aún más el escenario político.
La liberación de presos políticos y el fin de la represión son demandas urgentes que aún no se cumplen.

La caída de Nicolás Maduro y su encarcelamiento en Brooklyn representan un momento histórico para Venezuela y América Latina.
Sin embargo, esta victoria está empañada por la traición interna, las negociaciones opacas y la persistencia de la represión.
La lucha por la libertad y la justicia en Venezuela continúa, mientras el pueblo espera que los sacrificios y las heridas del pasado den paso a un futuro de esperanza y democracia.
El camino hacia una Venezuela libre y democrática será largo y complicado, pero la atención internacional y la presión constante pueden ser claves para lograr un cambio real.
La historia de Maduro, Delsy Rodríguez, y las negociaciones con Estados Unidos muestran que el poder y la traición van de la mano, y que la verdadera justicia solo llegará con la participación activa y consciente de todos los venezolanos.