La música popular colombiana está de luto tras la trágica muerte de Yeison Jiménez, uno de sus exponentes más queridos y prometedores.

A sus 34 años, cuando su carrera estaba en pleno auge y su público lo adoraba, Yeison sufrió un accidente fatal que conmocionó a toda una nación.
Su madre, Luz Méiga Galeano, rompió el silencio y compartió por primera vez el doloroso relato de los últimos momentos de su hijo, revelando una historia de corazonadas, miedos y un amor incondicional que marcaron sus vidas para siempre.
Desde hace tiempo, Luz sentía que algo no estaba bien.
Yeison le había confesado que soñaba repetidamente con un accidente aéreo, en el que se veía morir y aparecer en las noticias.
Aunque intentaba restarle importancia, su madre sabía que esos sueños no eran casuales.
Cada vez que Yeison viajaba, especialmente en avioneta, Luz sentía una angustia profunda y le expresaba su temor, pero él siempre trataba de tranquilizarla con abrazos y palabras de calma.
El día del accidente, Yeison viajaba con su equipo y su manager para cumplir con compromisos laborales, como siempre lo hacía con responsabilidad y amor por su música.
Nadie imaginó que ese viaje sería el último.
La noticia paralizó a la familia y al país, haciendo realidad el miedo que Luz había sentido desde hacía tiempo.
Yeison no solo fue un cantante con una voz rasgada y auténtica, sino también un hombre sensible que hablaba de la muerte con respeto.
Antes de muchos vuelos, llamaba a su madre solo para escuchar su voz, buscando protección y consuelo.
Su música popular no era solo entretenimiento; era una forma de contar verdades y conectar con la gente común, reflejando sus alegrías y dolores.
Desde sus inicios, Yeison mostró carácter y valentía.
No buscaba lucirse, sino entregarse en cada escenario.
Su camino estuvo lleno de esfuerzo y disciplina, pasando de cantar en lugares pequeños a llenar grandes escenarios como el estadio El Campín, donde hizo historia para su género y para su tierra.
A lo largo de su carrera, Yeison enfrentó jornadas agotadoras, viajes constantes y la presión de cumplir con las expectativas de su público.
Sin embargo, siempre mantuvo los pies en la tierra y el corazón agradecido.
Compartía con su madre momentos de silencio y reflexión, confesándole sus miedos y ansiedades, aunque nunca dejaba que eso afectara su entrega en el escenario.
Su música trascendió fronteras y llegó a personas que encontraron en sus letras un refugio y una voz para sus propias historias.
Cada canción nacía de vivencias reales, de la observación de la vida cotidiana y de una honestidad que lo hizo único.

La partida de Yeison dejó un vacío imposible de llenar.
Su madre recuerda con dolor la última vez que lo vio sonreír, entregado a su pasión y a su público.
El silencio que siguió a la noticia fue un golpe duro para todos los que lo amaban y para un país que perdió a un referente musical y humano.
Aunque las autoridades investigan las causas del accidente, para Luz queda la certeza de que algo lo estaba anunciando, un presentimiento que no pudo evitar.
Su amor de madre fue el faro que iluminó sus últimos momentos, acompañándolo hasta el final.
Yeison Jiménez nació del pueblo y llegó a lo más alto sin perder su esencia.
Su voz y sus canciones siguen vivas en el corazón de quienes lo escucharon.
Su historia es un testimonio de perseverancia, talento y verdad, que continuará inspirando a nuevas generaciones.
Su madre, conmovida pero fuerte, invita a recordar a Yeison no solo como una noticia trágica, sino como un hombre disciplinado, apasionado y entregado que vivió para cumplir sus sueños y para dar alegría a su gente.
La música popular colombiana perdió a uno de sus grandes exponentes, pero el legado de Yeison Jiménez es eterno.
Su vida y su obra son un recordatorio de que detrás de cada artista hay una historia de esfuerzo, amor y humanidad.
Aunque su camino se cerró abruptamente, su voz sigue resonando, y su recuerdo seguirá vivo en cada nota y en cada corazón que alguna vez lo sintió como propio.