La noticia de la trágica muerte de Yeison Jiménez, una de las voces más emblemáticas de la música popular, ha conmocionado a millones de seguidores en Colombia y el mundo.
Apenas tres días después del fatal accidente que le arrebató la vida, su madre, Luz Mary Galeano, decidió romper el silencio y compartir con el público el dolor profundo que siente y las señales que, desde hace meses, le hacían temer lo peor.
Luz Mary Galeano relata con voz entrecortada y llena de emoción cómo, desde hace tiempo, sentía que algo oscuro rondaba la vida de su hijo.
Desde niño, Yeison siempre fue un joven sensible, con una intuición especial que lo hacía percibir el peligro antes de que ocurriera.
Ella recuerda que muchas veces no lo dejaba salir a jugar porque tenía un presentimiento negativo, y esa corazonada no la abandonó ni siquiera cuando él ya era un adulto con una carrera consolidada.
En los últimos meses, Yeison le confesó que soñaba con aviones, caídas y con su nombre en las noticias tras una tragedia.
Aunque intentaba restarle importancia, su madre sabía que esos sueños no eran simples fantasías.
La mañana del accidente, Luz Mary sintió una inquietud profunda y llamó a su hijo para advertirle que tuviera cuidado, pero él la calmó con su fe en Dios, prometiéndole que estaría bien.
Yeison Jiménez no solo era un cantante exitoso; era un hombre con los pies en la tierra, humilde y dedicado a su música y a su gente.
Su madre describe cómo desde sus primeros pasos en la música, cuando grababa canciones casi a ciegas sin saber si alguien las escucharía, hasta llenar escenarios como el Estadio El Campín, Yeison nunca perdió su esencia ni su gratitud.

A pesar de la fama y el reconocimiento, siempre mantuvo una relación cercana con su madre, buscando en ella la protección y el amor que solo una madre puede brindar.
En sus viajes y presentaciones, Yeison solía llamarla para escuchar sus bendiciones y sentirse tranquilo antes de subir al escenario.
El fatídico día del accidente, Yeison salió con su equipo para cumplir con sus compromisos laborales, como siempre lo hacía con responsabilidad y entrega.
Sin embargo, minutos después, la vida les presentó una prueba que nadie esperaba.
Cuando Luz Mary recibió la noticia, sintió que el mundo se detenía y que el presentimiento que había tenido durante meses se había convertido en realidad.
Ella recuerda con tristeza cómo su hijo no era solo el artista que el público conocía, sino un hijo sensible que hablaba de la muerte con una madurez sorprendente.
Para ella, el amor de madre fue también una advertencia que intentó protegerlo hasta el último momento.
Yeison Jiménez no solo cantaba; contaba historias que dolían y sanaban, conectando con las vivencias de miles de personas.
Su música popular, a menudo menospreciada, encontró en él un representante valiente que rompió barreras y llevó el género a escenarios que antes parecían inalcanzables.

Su madre destaca que cada logro fue fruto de sacrificio, disciplina y una conexión honesta con su público.
Las canciones de Yeison nacieron de la observación de la vida cotidiana, de las alegrías y las penas del pueblo, y por eso su voz se convirtió en un espejo de la realidad para muchos.
La partida repentina de Yeison ha dejado un vacío imposible de llenar.
Mientras el país y sus seguidores intentan asimilar la pérdida, Luz Mary se aferra al recuerdo de su hijo como un hombre que vivió para cantar y para dar lo mejor de sí mismo hasta el final.
Ella recuerda cómo, en sus últimos días, Yeison estaba lleno de proyectos, energía y sueños por cumplir.
La tragedia no solo apagó una voz, sino que dejó un dolor profundo en quienes lo amaron y admiraron.
La historia de Yeison Jiménez es la de un joven que desde pequeño entendió que nada llega fácil, que la música es más que un talento: es un camino de lucha, entrega y verdad.
Su madre, con valentía, comparte su testimonio para que el mundo conozca no solo la tragedia, sino también la grandeza de un artista que dejó huella.
En medio del dolor, Luz Mary Galeano invita a recordar a Yeison no solo como una víctima de un accidente, sino como un ejemplo de perseverancia, humildad y amor por la música popular.
Su legado seguirá vivo en cada canción, en cada escenario y en el corazón de quienes lo escucharon y lo amaron.