6 HORAS PARA MOVER 500 MILLONES: ASÍ FUE LA OPERACIÓN SECRETA DE GUSTAVO GAVIRIA CONTRA LA DEA🥚

Ese fue el tiempo exacto que tuvo Gustavo Gaviria para actuar tras recibir una llamada de su contacto en la DEA.

 

 

Los agentes federales venían con una orden de allanamiento y se dirigían a la finca donde 500 millones de pesos estaban escondidos.

500 millones que representaban tres años de operaciones del Cartel de Medellín.

Si caían en manos de la DEA, eso significaría el fin del imperio de Pablo Escobar.

Gustavo se encontraba solo, sin poder contactar a Pablo, sin recursos suficientes y sin tiempo para planear.

Lo que hizo en esas seis horas se convirtió en una de las operaciones más audaces de la historia del narcotráfico.

Y el lugar donde escondió el dinero nunca fue descubierto.

Era martes 11 de marzo de 1987, a las 7:42 de la mañana.

Gustavo estaba desayunando en su casa en Poblado cuando su teléfono móvil sonó.

Solo cinco personas tenían ese número, y al ver el código en la pantalla, su estómago se contrajo.

Era el Capitán Vargas, un policía corrupto que trabajaba para el cartel y actuaba como enlace con la DEA.

Cuando Vargas llamaba a ese número, significaba que había una emergencia que no podía esperar.

Gustavo contestó: “¿Qué pasa?”

“Don Gustavo, escuche sin interrumpir.

La DEA acaba de obtener una orden de allanamiento para la finca Los Ausces.

Salen de Bogotá en 30 minutos y llegarán a la 1:45 de la tarde.

Eso le da 6 horas exactas.”

Gustavo sintió que la sangre se le helaba.

La finca había sido identificada como el lugar donde 500 millones de pesos estaban escondidos en una construcción especial diseñada por él y Pablo.

¿Cómo obtuvieron esa información?

“No lo sé, Don Gustavo. La orden vino del agente Murphy.

Él está liderando la operación personalmente.”

Gustavo se dio cuenta de que alguien dentro de su círculo había filtrado información.

“¿Cuántos agentes hay?”

“20 de la DEA y 50 de la Policía Nacional.

Están equipados para resistencia.

Esperan que ustedes defiendan la ubicación.”

Gustavo dejó su desayuno sin terminar y caminó hacia su oficina, su mente calculando rápidamente la logística.

“¿Algo más?”

“Murphy pidió equipo de demolición.

Sabe que el dinero está escondido en las paredes.

Va a destruir esa finca hasta encontrarlo.”

La llamada se cortó y Gustavo miró el reloj.

7:45 de la mañana, 6 horas para mover 500 millones de pesos antes de que 70 agentes federales llegaran.

Inmediatamente marcó el número de Pablo, pero solo sonó cinco veces antes de ir a buzón de voz.

Pablo estaba en una reunión con políticos corruptos en Hacienda Nápoles, una reunión que no debía ser interrumpida.

Gustavo sabía que tenía que actuar solo.

Corrió a su garaje, subió a su Mercedes blindado y condujo a la finca a una velocidad peligrosa.

La finca estaba a 45 minutos de su casa en condiciones normales de tráfico.

Gustavo hizo el recorrido en 27 minutos, llegando a las 8:12 de la mañana, con 5 horas y 33 minutos restantes.

La finca Los Ausces era una propiedad de 16 hectáreas, oficialmente registrada como granja de ganado.

En realidad, era uno de los tres lugares principales donde el cartel almacenaba efectivo que no podía ser lavado.

Al entrar, encontró a Maritza López, su asistente de logística.

Era una mujer de 32 años, eficiente y completamente confiable.

“Don Gustavo, no esperábamos visita hoy.”

“No hay tiempo para explicaciones.

La DEA viene con orden de allanamiento.

Necesito que saques cada peso de efectivo de esta finca en las próximas 5 horas.”

Maritza procesó la información rápidamente.

“Don Gustavo, hay 500 millones escondidos en estas paredes.

Necesitamos equipo de demolición y vehículos para transportarlo.”

“Lo sé. Por eso necesito que empieces ahora mientras yo coordino el resto.”

Gustavo pensó rápidamente en el número de personas a llamar.

Más personas significaba más velocidad, pero también más riesgo.

“Solo personas que ya están aquí ahora, nadie de afuera.”

“Eso es solo yo y tres trabajadores de mantenimiento.”

“No podemos mover dos toneladas de efectivo en 5 horas con cuatro personas.”

“Vas a tener que hacerlo porque no hay alternativa.”

Gustavo corrió hacia el edificio principal.

Empezó a golpear las paredes y pronto encontró paquetes de dinero.

“Empiecen a demoler todas las paredes marcadas con cinta roja,” ordenó.

“Saquen cada paquete de dinero, apílenlos en la sala principal rápido.”

Los cuatro comenzaron a trabajar, y Gustavo llamó a su contacto de transporte.

“Necesito tres camiones de mudanza, los más grandes que tengas, en la finca en menos de una hora.”

“Eso va a tomar tiempo.”

“No tienes tiempo. Si no están aquí a las 9:30, no los necesito.”

A las 8:26 de la mañana, el ruido de demolición llenó la finca.

Gustavo inspeccionó el progreso y calculó que necesitarían aproximadamente 2 horas para extraer todo el dinero.

Pero entonces, su teléfono sonó nuevamente.

Era el Capitán Vargas.

“Don Gustavo, tengo actualización.

Murphy acaba de acelerar el cronograma.

Llegarán a la finca aproximadamente a las 11:15.”

Gustavo sintió su estómago caer.

“¿Por qué aceleraron?”

“No lo sé.

Tal vez piensan que si llegan antes, los atrapan desprevenidos.”

Gustavo colgó y corrió a la sala principal.

“Deténganse,” ordenó. “La DEA llega en menos de 3 horas.

No hay tiempo para sacar todo el dinero. Vamos a tener que dejar algo.”

“¿Cuánto dejamos?”

“Dejamos todo lo que está en las paredes. Solo movemos lo que ya sacamos.”

“Eso es dejar 400 millones para que la DEA lo encuentre.”

“Lo sé, pero si intentamos sacar todo, nos atrapan.”

Gustavo tuvo una idea audaz.

“Vamos a enterrarlo.”

“¿Enterrarlo dónde?”

“En el último lugar donde alguien pensaría buscar dinero del cartel.”

Mientras el infiltrado observaba cada movimiento, Gustavo se preparaba para llevar a cabo su plan.

Lo que hizo en las siguientes horas se convertiría en una de las jugadas más brillantes de su carrera.

A las 11:15, el agujero estaba listo.

Gustavo y su equipo trabajaron rápidamente, enterrando el dinero.

Cuando la DEA llegó, ellos no encontraron nada.

La operación había sido un éxito, pero a un alto costo.

Maritza, su asistente más confiable, estaba en custodia de la DEA.

Mientras Gustavo reflexionaba sobre lo que había aprendido, entendió que las decisiones en su mundo tenían consecuencias que iban más allá del dinero.

Las historias de sacrificio y lealtad se entrelazaban en su vida, y cada victoria tenía un precio.

Esta es la historia de cómo Gustavo Gaviria movió 500 millones en 6 horas, y cómo esa experiencia cambió para siempre el curso del narcotráfico.

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