La Triste Historia de Piper Pimienta | Lo Traicionaron |

El 4 de junio de 1998, en plena tarde soleada de Cali, la salsa colombiana perdió a una de sus voces más emblemáticas y carismáticas.

Piper Pimienta | Compositor Y Cantante De Salsa

Edulfo Molina Díaz, conocido universalmente como Piper Pimienta, fue asesinado a balazos frente a su propia casa, en el barrio La Reguera.

Tenía 58 años y, en ese momento preciso, se encontraba en uno de los periodos más esperanzadores de su vida: después de años de adversidades físicas y emocionales, estaba ensayando con determinación para regresar a los escenarios y preparar una gira por Argentina que marcaría su renacimiento artístico.

Dos hombres llegaron en una motocicleta blanca; uno descendió, se acercó sin mediar palabra y disparó varias veces.

Piper no tuvo oportunidad de reaccionar.

Su hija Alba Carolina, que estaba a su lado, escapó milagrosamente de los tiros dirigidos también hacia ella.

Minutos después, su hijo Edulfami fue el primero en encontrar el cuerpo tendido en el jardín.

Antes de exhalar su último aliento, Piper tomó la mano de su hijo y le pidió que cuidara y protegiera a la familia.

Ese fue su último mensaje, cargado de amor y preocupación.

 

El crimen conmocionó a Cali y al mundo salsero.

No ocurrió en una tarima, ni en medio de un escándalo público, ni durante un viaje; sucedió en la intimidad de su hogar, cuando el artista intentaba reconstruir lo que la vida le había arrebatado una y otra vez.

Desde ese día, las versiones sobre el móvil del asesinato se multiplicaron sin que ninguna lograra confirmarse.

Algunos hablaron de una deuda pendiente; otros mencionaron un posible ajuste de cuentas relacionado con una demanda legal que Piper había ganado contra un empresario de Buenaventura.

Hubo quienes especularon con promotores que habrían intentado usar su nombre para lavar dinero y que, al perder el pleito, optaron por la venganza.

Incluso circularon rumores malintencionados que apuntaban a Fruko, sugiriendo que nunca había perdonado una supuesta traición de Piper años atrás.

Sin embargo, esos rumores carecían de fundamento y se desvanecieron con el tiempo.

Lo único irrefutable es que el caso quedó en la impunidad, como tantos otros en la Colombia de finales del siglo XX, dejando a la familia en un dolor silencioso y sin respuestas.

Piper Pimienta: vida y obra de Edulfamid Molina Díaz

Piper Pimienta no estaba acabado ni retirado cuando lo mataron.

Al contrario: estaba volviendo.

Había superado una trombosis cerebral que lo dejó con medio cuerpo paralizado, había perdido su casa y todo su archivo musical en un incendio devastador, había llorado la muerte violenta de su hijo mayor y, aun así, se había levantado.

Ese regreso a los ensayos, esa determinación por volver a sostener un micrófono aunque fuera con dificultad, hacía que su asesinato resultara aún más cruel e injusto.

 

Nacido el 10 de junio de 1939 en la vereda La Paila, corregimiento de Corinto (Cauca), Edulfo Molina se mudó muy niño a Cali junto a su familia, instalándose en el barrio Obrero, uno de los epicentros históricos de la salsa caleña.

Desde pequeño sintió fascinación por la música tropical y, especialmente, por la salsa que escuchaba en las emisoras y en las fiestas del barrio.

Su pasión se consolidó cuando vio actuar en vivo a Richie Ray y Bobby Cruz en Cali; esa presentación marcó un antes y un después.

Piper aprovechó su físico alto y delgado para crear un estilo único: trajes elegantes y ajustados que resaltaban su figura, combinados con una exuberante cabellera afro típica de la época y un baile enérgico y personalísimo.

 

El apodo “Piper” surgió de forma jocosa: un tío lo comparaba con una avioneta Piper por su extrema delgadez.

Más tarde, el presentador peruano Memo D’Onofrio le añadió “Pimienta” por el picante y la sazón que ponía en el escenario.

Así nació Piper Pimienta, un nombre que se convirtió en sinónimo de sabor y carisma en la salsa colombiana.

Se conmemoran 15 años de la muerte de Piper Pimienta.

Sus primeros pasos profesionales los dio con la orquesta de Ráfico Bolaños, en un parqueadero de Cali.

A finales de los años 60 se unió a la Sonora del Pacífico y luego a Los Supremos en Medellín, donde grabó su primer álbum bajo el sello Discos Fuentes: Aisa y Ataja, un disco que incluía temas como “Vena Colombia”, “El Mico”, “Guahuancó Supremo” y otros que capturaban la esencia alegre y bailable de la salsa de entonces.

El éxito fue inmediato y Piper empezó a ser solicitado por grandes figuras.

Se dice que incluso Ismael Miranda lo llamó personalmente a su casa para invitarlo a colaborar.

 

El gran salto llegó cuando se integró a Fruko y sus Tesos, una de las agrupaciones más importantes de la historia de la salsa colombiana.

Allí grabó éxitos inolvidables y consolidó su fama.

Sin embargo, el éxito rápido trajo tensiones.

Piper comenzó a aceptar presentaciones internacionales, especialmente en Ecuador, anunciándose como parte de Fruko y sus Tesos sin autorización oficial de la orquesta.

Para Fruko, aquello fue una traición; para Piper, una oportunidad legítima de crecer como artista independiente.

El quiebre fue definitivo: Piper salió del grupo, aunque años después regresó a grabar con Fruko en proyectos como The Laden Brothers, donde interpretó temas eternos como “Las caleñas son como las flores” y “Buscándote”.

 

Su estilo era inconfundible: vestuario impecable diseñado y confeccionado por su esposa Alba Astudillo, quien era modista y entendía perfectamente cómo resaltar la elegancia y el carisma de su esposo.

Piper no solo cantaba; bailaba con una energía contagiosa y transmitía una alegría que hacía vibrar a cualquier público.

Pasó por agrupaciones como la de Chiche Mendoza, donde destacó “Por un solo camino”, y colaboró con Colombia All Stars en temas como “Cañaveral” y “Barón Varón”.

También intentó formar su propia orquesta y grabó discos como Sucesos (1990) y Nunca fui tan feliz, que tuvo buena acogida en México.

Piper Pimienta, un bailador de desdichas - BluRadio

Pero la vida de Piper no fue solo éxitos y aplausos.

En 1980, mientras se encontraba de gira fuera de Colombia, su hijo mayor John Jairo fue asesinado en Cali.

Ese golpe lo marcó profundamente; quienes lo conocieron de cerca aseguran que su mirada nunca volvió a ser la misma.

Años después, en 1991, un corto circuito provocó un incendio que destruyó su casa y, lo más doloroso, todo su archivo musical: partituras, arreglos originales, grabaciones, trajes y recuerdos de más de dos décadas de carrera.

Poco tiempo después llegó la trombosis cerebral que lo dejó parcialmente paralizado.

De llenar plazas y plazas de toros pasó a depender de terapias intensivas, de viajar por el mundo a reaprender a caminar y a hablar.

 

Con el apoyo incondicional de su esposa Alba y de sus hijos, Piper se propuso un objetivo claro: volver a cantar aunque fuera una sola canción en una tarima.

Contra todo pronóstico, lo logró.

Regresó a los escenarios en silla de ruedas al principio, luego con bastón, demostrando una resiliencia extraordinaria.

Estaba en plena preparación para una gira internacional cuando la muerte lo interceptó.

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Su sepelio en Cali fue una despedida multitudinaria y emotiva.

Orquestas enteras de la ciudad acompañaron el cortejo con música en vivo; la fanaticada cantó sus canciones mientras lo llevaba a su última morada.

La familia, encabezada por Alba Astudillo y sus hijos Alba Carolina, Caerine y Edulfami, decidió perdonar y seguir adelante, priorizando la unión y el legado de amor que Piper dejó.

 

Hoy, más de veinticinco años después, Piper Pimienta sigue siendo recordado como uno de los pioneros de la salsa caleña, un hombre que vivió con pasión, que bailó con el alma y que enfrentó cada golpe con dignidad.

Su voz, su estilo, su elegancia y su capacidad de levantarse una y otra vez continúan resonando en cada nota salsera que suena en Colombia y más allá.

Porque Piper no solo tuvo más salsa que pescado: tuvo más vida que muchas existencias enteras.

 

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