🧠📜 La inteligencia artificial descifró los últimos símbolos borrados de la Piedra Rosetta y lo que reveló reescribe el verdadero juego de poder detrás del Antiguo Egipto

El desciframiento de la piedra Rosetta cumple 200 años

Todo comenzó en el verano de 1799, en medio del caos de la campaña de Napoleón en Egipto.

Mientras los soldados franceses reparaban un fuerte cerca del pueblo de Rashid, conocido como Rosetta, una losa oscura apareció entre los escombros.

No era una estatua ni un tesoro brillante, sino una estela de piedra negra cubierta de escritura.

Pierre-François Bouchard comprendió de inmediato que aquello era distinto.

Sin saberlo, había encontrado la llave que abriría una civilización entera.

La piedra contenía un decreto real del año 196 a.C., emitido en honor al joven rey Ptolomeo V.

El mismo texto aparecía escrito tres veces: en jeroglíficos, en demótico y en griego antiguo.

Esa repetición fue crucial.

El griego aún podía leerse y se convirtió en el punto de apoyo para descifrar un idioma que llevaba más de mil años en silencio.

Durante décadas, eruditos de toda Europa copiaron, compararon y discutieron cada símbolo.

Thomas Young identificó nombres reales dentro de cartuchos.

Jean-François Champollion, apoyándose en el copto, dio el salto definitivo en 1822: los jeroglíficos no eran solo símbolos sagrados, eran un sistema de escritura completo, con sonidos, gramática y reglas.

Pero la piedra estaba dañada.

La sección superior, en jeroglíficos, había perdido líneas enteras.

El texto demótico estaba incompleto y la versión griega se rompía en diagonal.

Solo conservamos alrededor de dos tercios del monumento original.

Durante dos siglos, los investigadores reconstruyeron el contenido comparándolo con copias similares halladas en otros templos.

Aun así, algunos fragmentos permanecieron en la oscuridad.

Ahí es donde entra la inteligencia artificial.

La historia detrás de la Piedra Rosetta - Infobae

Los equipos modernos comenzaron con algo aparentemente simple: mirar mejor.

Miles de fotografías tomadas desde ángulos distintos y con iluminación variable se combinaron para crear un mapa tridimensional de la superficie.

Surcos invisibles al ojo humano aparecieron como si la piedra despertara.

Después, imágenes hiperespectrales detectaron restos de pigmentos y marcas de herramientas enterradas en lo profundo de las ranuras.

El siguiente paso fue enseñar a una máquina a reconocer jeroglíficos.

Modelos de visión artificial, entrenados con miles de ejemplos, aprendieron a identificar halcones, juncos, serpientes y ojos incluso cuando estaban incompletos o superpuestos.

Cada símbolo recibió un contorno digital limpio, como si alguien hubiera trazado la escritura original con luz.

Pero reconocer formas no basta.

Otra inteligencia artificial, similar a los modelos de lenguaje modernos, aprendió el “ritmo” del egipcio antiguo.

Al analizar miles de textos, detectó qué signos suelen aparecer juntos y en qué orden.

Cuando faltaba un fragmento, el sistema no adivinaba: calculaba qué símbolos encajaban según la gramática y el contexto.

La verdadera fuerza del método fue la comparación.

La IA alineó la sección jeroglífica con el texto demótico y el griego, que contienen el mismo mensaje.

Luego las contrastó con otras estelas del mismo decreto encontradas en Nubayrah, Filé y Elefantina.

Lo que una copia perdía, otra lo conservaba.

Lo que antes tomaba semanas de trabajo manual, ahora ocurría en segundos.

¿Y qué revelaron esas líneas restauradas?

No magia.

No profecías.

Revelaron algo más inquietante: política pura.

El decreto de la Piedra Rosetta no era solo un texto ceremonial.

Era un contrato de poder.

Una negociación explícita entre el rey y los sacerdotes, la clase más influyente del Egipto ptolemaico.

Ptolomeo V concedía reducciones de impuestos, perdón de deudas, liberación de prisioneros y autonomía económica a los templos.

A cambio, los sacerdotes lo proclamaban elegido de los dioses, organizaban festivales, rezos diarios y rituales perpetuos en su nombre.

Las líneas recuperadas muestran con claridad que el texto demótico, el idioma cotidiano del pueblo, fue probablemente el borrador original.

Fluye como un documento administrativo real.

Piedra Roseta y Libro de los Muertos, Papiro Egipcio - YouTube

El griego, en cambio, suena más rígido, como una traducción posterior destinada a funcionarios extranjeros.

Esto derriba la vieja idea de que las versiones egipcias eran meramente simbólicas.

Tenían pleno valor legal.

También queda claro por qué el decreto se emitió en Memphis y no en Alejandría.

Memphis era el corazón religioso y político tradicional de Egipto.

Publicar el decreto allí aseguraba la bendición sacerdotal y, con ella, la estabilidad del reino.

La inteligencia artificial no cambió el mensaje básico del decreto, pero sí su peso histórico.

La Piedra Rosetta ya no es solo la llave lingüística del Antiguo Egipto.

Es una radiografía del poder: cómo un rey joven consolidó su autoridad comprando lealtad y cómo los templos funcionaban como centros económicos y políticos, no solo religiosos.

Durante siglos, la piedra nos ayudó a entender cómo hablaban los antiguos egipcios.

Ahora, gracias a la IA, también entendemos cómo negociaban, cómo gobernaban y cómo escribían propaganda en piedra para la eternidad.

La Piedra Rosetta vuelve a hablar.

Y esta vez, lo que dice es incómodamente humano.

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