Erika Jimena Moreno, una joven madre de 22 años, fue asesinada por su pareja, Walter Camilo, quien convivió con su cadáver durante seis días

El 4 de enero de 2026, la joven madre de 22 años, Erika Jimena Moreno, fue encontrada sin vida en un avanzado estado de descomposición en su apartamento en Tunja, Boyacá.
La joven, quien había dejado a su hija de 2 años bajo el cuidado de su padre días antes, había presagiado lo peor al pedirle protección a su familia.
Sin embargo, lo que nadie esperaba era que su presunto asesino, su pareja Walter Camilo, conviviría con su cadáver durante varios días, incluso haciéndose pasar por ella en conversaciones por WhatsApp para engañar a su familia.
El 29 de diciembre de 2025 fue el último día en que Erika fue vista con vida.
En las cámaras de seguridad de su barrio, se puede observar cómo entra a su hogar, pero nunca más sale.
Su familia comenzó a preocuparse, pero no fue hasta varios días después que comenzaron a sospechar que algo no estaba bien.
Lina, su hermana, se dio cuenta de que las conversaciones con Erika por WhatsApp no eran coherentes.
“¿Tú sabes algo de mi hermana? Desde el 28 no sé nada de ella”, preguntó Lina a Walter, quien respondió con aparente tranquilidad: “¿Cómo va todo? No sé nada, te la dejó a ti, ¿por qué no me avisas?”.
El tono extraño de las respuestas levantó las alarmas.

Walter, de 25 años, quien hasta ese momento no tenía antecedentes judiciales, aprovechó la ausencia de Erika para continuar con su vida normalmente.
Salía, pedía comida y convivía con el cadáver de la joven, mientras su familia, preocupada, intentaba contactar con ella sin éxito.
Fue gracias al análisis de más de 216 horas de video de seguridad que las autoridades pudieron rastrear sus movimientos y establecer que Walter estuvo en el apartamento de Erika en todo momento.
El 4 de enero, tras el aumento de la preocupación y la insistencia de la familia, las autoridades encontraron el cuerpo de Erika.
Fue un hallazgo espantoso: su cadáver estaba parcialmente cubierto con ropa en un rincón de su hogar, con el cuerpo ya descompuesto.
La policía, al ingresar al apartamento, encontró a Walter en su intento de escapar con una maleta, sospechando que él estaba detrás de la tragedia.

La noticia de su muerte conmocionó a la comunidad de Tunja.
En un municipio caracterizado por un bajo índice de criminalidad, la tragedia de Erika dejó a todos estupefactos.
El caso sacudió a la familia, pero también a los amigos y conocidos de la joven, que recordaban a Erika como una persona extrovertida y alegre, muy unida a su hermana Lina.
“Era su hermana menor, pero también su mejor amiga. Eran inseparables”, recordó Lina, quien lamentó profundamente la pérdida de su ser querido.
Walter, tras ser detenido en Bogotá el 17 de enero, fue imputado por homicidio agravado y quedó bajo medida intramural.
La investigación reveló que la relación entre ellos había sido tensa.
Erika había tomado la decisión de dejar a su hija al cuidado de su padre, un acto que parecía prever un posible peligro.
La joven, con 22 años, deseaba separarse de Walter, pero terminó perdiendo la vida en circunstancias desgarradoras que aún estremecen a Colombia.
El caso de Erika Jimena no solo resalta la tragedia de una vida arrebatada, sino también la peligrosa faceta de una relación tóxica que terminó en homicidio.
La policía, tras arduos esfuerzos, logró reunir las pruebas necesarias para dar con el paradero de Walter, pero el dolor de la familia de Erika será eterno.
La joven madre de Tunja, que había sido una persona alegre y extrovertida, terminó su vida en las frías paredes de un apartamento, mientras su hija quedaba huérfana y su familia buscaba respuestas.
