🧿 ¡BOMBA! “¿Inspiración o plagio?”: La fuerte pelea de egos entre los integrantes de Amor Rebelde que divide a los fans hoy.

El conflicto escaló cuando el dueño de los Hermanos Silva manifestó su indignación hacia Santeño, acusándolo de jactarse de ser el creador de un estilo de show que, según él, ya existía previamente en su agrupación.

La crítica del empresario es punzante: señala que mientras antes el problema radicaba en el copiado de canciones (covers), hoy la tendencia es el plagio descarado de los espectáculos en vivo.

Paola Rubio, visiblemente molesta ante estas afirmaciones, intentó mediar en la discusión asegurando que Amor Rebelde realiza el show de una manera “muy diferente”, aunque sus contradicciones durante la entrevista —diciendo primero que no habían creado nada y luego defendiendo su autoría— dejaron ver la fragilidad de su posición defensiva.

Santeño, por su parte, adoptó una postura desafiante y cínica al reconocer que, efectivamente, el concepto de “Chica bombón” no es una creación original de ninguno de los grupos en disputa.

Según el animador, la verdadera fuente de inspiración es el reggaetonero Joselito, y sostuvo que solo él tendría el derecho legítimo de reclamar por el uso de la marca o el concepto.

Esta declaración ha sido calificada por los críticos como un acto de “sinvergüencería”, especialmente considerando que Amor Rebelde ya ha enfrentado prohibiciones legales por parte de otros compositores, como en el caso del tema “Loca”, el cual tienen prohibido interpretar pero siguen incluyendo en su repertorio.

La defensa de Paola Rubio se centró en sutiles diferencias técnicas que, a su juicio, separan su versión de la competencia.

La cantante intentó explicar que la melodía y el tono que Santeño imprime al “Bombón, chaca, chica, bombón” son distintos porque él no es cantante, sino animador, lo que le otorgaría un matiz único.

Sin embargo, para el oído del público general, estas diferencias resultan imperceptibles, lo que refuerza la teoría de que se trata de una réplica casi exacta del show que los Hermanos Silva han patentado en el imaginario de sus seguidores.

El informe también destaca la actitud de Santeño, quien no solo se defiende, sino que reclama para sí la creación de casi todas las animaciones populares de la cumbia actual.

Llegó al extremo de afirmar que dinámicas exitosas de orquestas como La Bella Luz —específicamente el paso de “La Coqueta”— fueron iniciadas por él antes de que otros las popularizaran.

Según el animador, él abandonó dicho show simplemente porque “no pegó” en su momento, una declaración que ha sido interpretada como un intento de meter cizaña y minimizar el éxito de agrupaciones que hoy lideran el mercado nacional.

La polémica se extendió hacia otras figuras del género, como Nicole Sinchi, a quien Santeño también mencionó en tono burlón al referirse a los problemas de permisos musicales del tema “Tú no me valoraste”.

Paola Rubio intentó silenciar a su animador en varias ocasiones durante la transmisión, consciente de que sus comentarios “rajones” solo alimentan la animosidad de otras orquestas hacia Amor Rebelde.

Esta dinámica de “tirar la piedra y esconder la mano” parece ser la estrategia de comunicación de la agrupación para mantenerse en el centro de la conversación mediática, aunque sea a costa de enemistades profesionales.

El análisis de la trayectoria de Santeño revela un patrón de comportamiento conflictivo respecto a la autoría de los “pasitos” y las frases de animación.

Se recordó el chongazo previo por la “Chica Rap”, donde el animador fue el primero en reclamar propiedad intelectual, lo que resulta contradictorio con su postura actual de que nadie debería “llorar por un show”.

La industria observa con escepticismo cómo Amor Rebelde intenta validar su originalidad mientras se nutre de conceptos que ya han sido probados y pegados por otros grupos en diversas zonas del país, como el Norte peruano.

Finalmente, Paola Rubio cerró la discusión apelando al juicio del público, asegurando que al final es el espectador quien decide qué estilo prefiere consumir.

Sin embargo, el descontento de empresarios y músicos veteranos sugiere que la ética profesional en la cumbia está pasando por un momento crítico, donde el respeto por la creatividad ajena ha sido reemplazado por la inmediatez de la copia.

Amor Rebelde se encuentra hoy en el ojo de la tormenta, no solo por “La chica bombón”, sino por una reputación de “zurrearse” en los derechos de autor y los permisos que rigen la industria musical.

Este reporte concluye que la disputa por el show de la “Chica bombón” es solo la punta del iceberg de una guerra de egos y patentes no registradas en la movida tropical.

La molestia de Paola Rubio y el cinismo de Santeño son síntomas de una agrupación que busca el éxito rápido replicando fórmulas ganadoras, mientras intentan convencer a la audiencia de que han inventado la pólvora.

Seguiremos informando sobre las posibles medidas legales que los Hermanos Silva o el propio compositor Joselito podrían tomar ante lo que consideran una explotación desleal de sus creaciones escénicas.

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