🎶 La música que se apagó: quién era Charly Moreno, el baterista de Reencuentro Norteño asesinado en Salamanca
La tarde del domingo 25 de enero de 2026 quedará grabada para siempre en la memoria de quienes vivieron el horror en Salamanca, Guanajuato.

Lo que debía ser un día común de convivencia deportiva y música terminó convertido en una escena de dolor, sangre y silencio roto por disparos.
Entre los 11 muertos y múltiples heridos que dejó el ataque armado en un campo de fútbol de la comunidad Loma de Flores, se encontraba una figura que resonaba no solo en el mundo local, sino en el corazón de quienes siguen la música regional mexicana: Alejandro “Charly” Moreno, intérprete y percusionista de la agrupación Reencuentro Norteño, cuyo asesinato generó conmoción, tristeza y un profundo reclamo social.
Charly Moreno no era solo un músico más entre la multitud.
Era un joven talentoso y apasionado por la música, cuyo nombre empezaba a destacarse dentro del género regional mexicano.
Su vida artística era una mezcla de sueños, esfuerzo, compromiso con la música y una energía contagiosa que lo hacía querido por sus colegas y seguidores.

Alejandro, conocido cariñosamente como “Charly”, nació el 15 de abril —su año de nacimiento no ha sido confirmado oficialmente, pero trascendió que era aún muy joven— y desde pequeño mostró una inclinación intensa por los ritmos, especialmente por las percusiones que marcaban el alma del estilo norteño.
Al ritmo de tambores y platillos, Charly había encontrado su verdadera vocación.
Era baterista de Reencuentro Norteño, una banda dedicada al regional mexicano que había recorrido escenarios locales y participado en eventos que, aunque modestos, eran el alma de las fiestas y celebraciones de comunidades enteras.
Su última presentación con la banda había ocurrido apenas el 24 de enero de 2026, un día antes de su trágico final, en un evento privado para celebrar un cumpleaños en Rancho Grande, donde se le veía vibrante, entregado a su arte y compartiendo momentos con compañeros y público.

Además de su amor por la música, Charly también mostraba otras pasiones que formaban parte de su identidad.
El deporte fue otra de sus grandes pasiones.
Formó parte del equipo de fútbol americano en la Universidad del Verbo Encarnado (UIW) en Irapuato, donde sus compañeros lo recuerdan como alguien disciplinado, solidario y competitivo, que vivía la vida con intensidad dentro y fuera de los escenarios.
Esa dualidad entre música y deporte lo convertía en un joven completo, con ambiciones y metas que, para muchos, apenas estaban comenzando a florecer.
La comunidad musical recibió con estupor el anuncio de su muerte.
La confirmación llegó primero por redes sociales, cuando agrupaciones amigas y colegas compartieron mensajes de dolor, recuerdo y despedida para “Charly”.
![]()
El página Studio Digital G-Azteka escribió palabras que resonaron en toda la escena artística: “Hoy nos unimos a la pena que embarga a todas las familias afectadas… en especial para la familia Moreno, por la irremediable pérdida de nuestro gran amigo Charly… no hay palabras para describir tantos sentimientos…” Esa publicación no solo lamentó su fallecimiento, sino que expresó la angustia de un gremio entero que veía partir a uno de los suyos de manera abrupta e injusta.
No solo músicos profesionales dedicaron palabras; grupos como La Promesa del Bajío también enviaron su pésame, describiendo a Alejandro como una persona con un gran futuro, mucho talento y un camino brillante por delante, que ahora fue cruelmente truncado.
La tristeza se extendió más allá de los círculos artísticos: familias, fans y habitantes de Guanajuato compartieron mensajes y recuerdos, inundando las plataformas digitales con homenajes, fotos, videos y palabras de cariño para el joven baterista.
El ataque que cobró la vida de Charly y otras diez personas fue un acto de violencia sin precedentes en la comunidad.
Según las autoridades, un grupo armado irrumpió alrededor de las 17:30 horas en el campo deportivo donde se celebraba un partido de fútbol amateur, y abrió fuego indiscriminadamente contra quienes convivían después del encuentro.
Diez personas murieron en el lugar, mientras que otra falleció mientras recibía atención médica, y al menos doce resultaron heridas, algunas con pronóstico reservado.
La Fiscalía General del Estado de Guanajuato abrió una carpeta de investigación para esclarecer los hechos y capturar a los responsables.
Para sus familiares y amigos, Charly era más que un músico talentoso; era un ser lleno de vida, sueños y afecto.
Las expresiones de dolor no tardaron en llenar las plataformas sociales.
En videos, fotografías y mensajes se veía a Charly sonriendo, con tambores en mano, en momentos de celebración o preparando nuevas presentaciones.
La vida que había construido a través de su música y su espíritu competitivo quedó repentinamente interrumpida por una bala que nadie merecía recibir.
La noticia también encendió un debate más amplio sobre la violencia que aqueja a comunidades enteras, donde incluso eventos familiares y musicales se ven afectados por hechos criminales.
La muerte de Charly Moreno simboliza, para muchos, el costo humano de una violencia que arrebata talentos, sueños y promesas en pleno vuelo.
Sus colegas, amigos y fans siguen preguntándose qué hubiera pasado si el ataque nunca hubiera ocurrido, si el domingo hubiera sido simplemente otro día de música y deporte, sin balas ni despedidas en medio de dolor.
Al final, la figura de Alejandro “Charly” Moreno quedó grabada no solo en la lista de víctimas de un ataque armado, sino en el recuerdo de una juventud apasionada por la música y la vida, cuya historia merece ser contada con respeto, emoción y memoria.
La masacre que arrebató su vida ha dejado cicatrices profundas, pero también el compromiso de muchos para recordar su legado artístico, su energía, su juventud y, sobre todo, la música que con tanto cariño entregó al mundo.