🔥 Tres décadas después, la sombra del Mundial 94 termina en sangre en México
Más de tres décadas después del crimen que paralizó al mundo del fútbol, un nuevo capítulo sacude la memoria colectiva de Colombia.

El presidente Gustavo Petro informó el viernes 6 de febrero de 2026 que el narcotraficante Santiago Gallón Henao, señalado por su presunta vinculación con el asesinato del futbolista Andrés Escobar tras el Mundial de 1994, fue asesinado en México.
La noticia, breve pero contundente, volvió a abrir una herida que jamás terminó de cerrar.
El nombre de Andrés Escobar permanece grabado en la historia del deporte como símbolo de tragedia y violencia.
El defensor colombiano, conocido por su elegancia dentro del campo y su carácter noble fuera de él, murió a tiros pocos días después de que Colombia quedara eliminada del Mundial de Estados Unidos 1994.
Su autogol frente a la selección de Estados Unidos fue considerado por muchos como el detonante simbólico de una tragedia que tenía raíces mucho más profundas: el poder del narcotráfico, las apuestas ilegales y la presión de un país entero sobre los hombros de sus futbolistas.

Desde entonces, el caso se convirtió en una cicatriz nacional.
Aunque hubo condenas judiciales, las sombras del narcotráfico y sus posibles conexiones con el crimen nunca dejaron de generar preguntas.
Durante años, el nombre de Santiago Gallón Henao apareció en investigaciones, testimonios y versiones que intentaban reconstruir el contexto en el que ocurrió el asesinato del futbolista.
Según el anuncio del presidente Petro, el hombre señalado por su presunta relación con ese oscuro episodio fue asesinado en territorio mexicano.
La noticia no estuvo acompañada de detalles extensos sobre las circunstancias exactas del crimen, pero bastó para generar un impacto inmediato en la opinión pública.
Para muchos, se trata de un cierre simbólico, aunque incompleto, de una historia que marcó a toda una generación.
El asesinato de Andrés Escobar, ocurrido el 2 de julio de 1994 en Medellín, fue interpretado como la consecuencia más brutal de la mezcla entre deporte, dinero ilegal y violencia.
Colombia llegaba al Mundial como una de las selecciones favoritas, con un equipo lleno de talento y la ilusión de un país entero.
Sin embargo, la eliminación temprana y el famoso autogol desencadenaron una ola de frustración y rabia.
Pocos días después, Escobar fue asesinado a la salida de un establecimiento nocturno.
El crimen provocó indignación internacional y una profunda reflexión sobre la influencia del narcotráfico en la sociedad colombiana de aquella época.
El país entero lloró al defensor, conocido como “El Caballero del Fútbol” por su comportamiento ejemplar.
Con el paso de los años, el caso se convirtió en un símbolo del costo humano de la violencia asociada al narcotráfico.
Las investigaciones y los procesos judiciales llevaron a la condena de algunos responsables materiales, pero el contexto completo del crimen siempre estuvo rodeado de versiones, sospechas y nombres que aparecían y desaparecían en los expedientes.
Entre esos nombres estaba el de Santiago Gallón Henao, vinculado en diferentes versiones al entorno que rodeaba el crimen.
Aunque su papel exacto fue objeto de controversia y debate durante años, su nombre quedó asociado a uno de los episodios más trágicos del fútbol colombiano.
La noticia de su muerte en México, más de treinta años después del asesinato de Escobar, llega como un eco del pasado.
Para algunos, representa una especie de justicia tardía; para otros, es solo otro capítulo de violencia que no repara el daño causado ni responde todas las preguntas que siguen abiertas.
El anuncio presidencial generó reacciones inmediatas en redes sociales y medios de comunicación.
Muchos recordaron el dolor que causó la muerte de Escobar y la manera en que ese crimen cambió la percepción del fútbol colombiano ante el mundo.
Otros señalaron que la violencia asociada al narcotráfico continúa dejando víctimas décadas después.
Para los familiares y seguidores de Andrés Escobar, la noticia tiene un peso simbólico.
El futbolista no solo era una figura deportiva, sino también un ejemplo de integridad.
Su muerte fue interpretada como el reflejo más cruel de una época en la que el crimen organizado tenía una influencia devastadora sobre la sociedad.
Hoy, su historia sigue siendo recordada en documentales, libros y homenajes.
Su frase más recordada, escrita tras el autogol en el Mundial, sigue resonando con fuerza: el fútbol y la vida deben continuar.
Sin embargo, cada nueva noticia relacionada con aquel crimen demuestra que la herida sigue abierta en la memoria colectiva.
La muerte de Santiago Gallón Henao en México no borra el pasado ni cambia el destino de quienes fueron afectados por la tragedia.
Pero sí vuelve a poner el foco en uno de los episodios más oscuros del deporte latinoamericano, recordando cómo la violencia puede destruir incluso a los ídolos más queridos.
Más de treinta años después, el nombre de Andrés Escobar sigue siendo sinónimo de dignidad, mientras que el de sus presuntos enemigos continúa ligado a historias de sangre y narcotráfico.
La noticia anunciada por el presidente colombiano no solo informa sobre la muerte de un hombre; revive un capítulo doloroso que el país nunca ha logrado olvidar por completo.
El tiempo ha pasado, las generaciones han cambiado y el fútbol colombiano ha tenido nuevos héroes y nuevas glorias.
Pero cada vez que el nombre de Escobar vuelve a los titulares, el país recuerda aquella noche en la que el deporte y la violencia se cruzaron de la peor manera posible.