😱 Confusión total: cómo un término de aviación alimentó una tragedia que nunca ocurrió
Durante varias horas, una noticia estremeció a miles de personas en Colombia y otros países de Latinoamérica.
Mensajes alarmantes, audios sin fuente y videos fuera de contexto aseguraban que Yeison Jiménez había muerto en un accidente aéreo tras la caída de una aeronave.
La palabra “tragedia” se repitió sin control.
El miedo se propagó más rápido que los hechos.
Y en medio del caos informativo, una expresión técnica comenzó a aparecer una y otra vez: “stall”.
La confusión fue tal que muchos dieron por cierta la versión sin esperar confirmación oficial.
Algunos hablaban de una falla mecánica repentina.
Otros afirmaban que el avión perdió potencia segundos antes del impacto.
Pero fue un experto en aviación quien salió a explicar, con precisión y frialdad técnica, qué es realmente un “stall” y por qué este término suele ser malinterpretado cuando ocurre un accidente aéreo o cuando se intenta justificar uno que nunca sucedió.
Según el especialista, un “stall” no significa que el motor se apague ni que el avión deje de volar de golpe.
Se trata de una pérdida de sustentación, cuando el ala ya no puede mantener el flujo de aire necesario para sostener la aeronave.
Esto puede ocurrir por baja velocidad, ángulo de ataque excesivo o maniobras incorrectas, incluso con los motores funcionando perfectamente.
En términos simples, el avión sigue allí, pero deja de “sostenerse” en el aire como debería.
El problema, explicó, es que el público suele asociar la palabra con una caída inevitable y fatal, cuando en realidad muchos stalls son entrenados, corregidos y superados por pilotos todos los días.

Solo se convierten en un accidente cuando se combinan múltiples factores críticos y no hay margen de recuperación.
Por eso, utilizar este término sin contexto puede generar pánico injustificado.
Mientras el experto detallaba estos puntos, otra verdad comenzaba a aclararse: no existía ningún reporte oficial de un avión siniestrado vinculado al cantante.
No había matrícula, ni plan de vuelo, ni registro de emergencia.
La historia había nacido y crecido en redes sociales, alimentada por el miedo colectivo y la viralidad de titulares extremos.
El impacto emocional, sin embargo, ya estaba hecho.
Fans del artista relataron momentos de angustia real, llamadas desesperadas, llanto y conmoción.
Algunos recordaron tragedias pasadas, otros revivieron pérdidas personales asociadas a accidentes aéreos.
Todo provocado por una narrativa que mezcló términos técnicos reales con un hecho inexistente.
El experto fue contundente: cuando ocurre un accidente aéreo verdadero, las autoridades lo confirman rápidamente.
La aviación es uno de los sectores más regulados del mundo.
Nada “desaparece” sin dejar rastro.
Por eso, cualquier noticia que hable de un siniestro fatal sin datos oficiales debe ser cuestionada de inmediato.
En paralelo, el entorno de Yeison Jiménez tuvo que salir a desmentir la información.
El artista estaba con vida, activo y sin ningún incidente.
Pero aun así, los videos seguían circulando, algunos editados, otros con imágenes antiguas de aviones cayendo, acompañados de textos alarmantes que hablaban de un supuesto “stall mortal”.
Este episodio dejó al descubierto algo más profundo: el enorme poder de una palabra mal usada.
“Stall” se convirtió en un detonante emocional, en una explicación técnica utilizada fuera de contexto para dar credibilidad a una mentira.
Y una vez lanzada, fue casi imposible detenerla.
El especialista cerró su análisis con una advertencia clara: la desinformación también puede ser letal, no en el aire, sino en la mente colectiva.
Genera pánico, daña reputaciones y trivializa las verdaderas tragedias aéreas que sí han cobrado vidas reales.
No hubo avión.
No hubo caída.
No hubo muerte.
Pero durante horas, miles de personas creyeron que sí.
Y eso, en sí mismo, fue un accidente informativo de gran escala.