Colombianos Clave en la Red de Saab: La Presión de Washington para Que Hablen
En un giro que ha puesto de cabeza la política y la justicia internacional, el nombre de Alex Saab vuelve a resonar con fuerza en los titulares.
Estados Unidos no solo lo quiere bajo custodia, sino que también está presionando para que él —junto a al menos dos colombianos clave vinculados a su red de negocios— declaren y aporten información que podría implicar directamente al entorno del ahora depuesto presidente venezolano Nicolás Maduro y desvelar las estructuras internas del régimen que Washington ha acusado de corrupción, lavado de dinero y violación de sanciones.
La figura de Saab ha sido central en las investigaciones de Estados Unidos sobre el chavismo desde hace años.
Considerado por funcionarios estadounidenses como uno de los operadores financieros más cercanos a Maduro, su papel ha sido descrito como el “hombre de confianza” o testaferro principal del régimen, con acceso privilegiado a transacciones y contratos sospechosos de corrupción internacional.
Saab, de origen colombiano, se convirtió en una pieza estratégica para el gobierno venezolano durante años.

Su nombre apareció asociado a múltiples operaciones que, según Washington, facilitaron la evasión de sanciones estadounidenses y el manejo de esquemas de corrupción masiva, incluyendo contratos públicos inflados y maniobras con divisas.
El empresario fue arrestado en 2020 en Cabo Verde bajo una orden de extradición de Estados Unidos por cargos de lavado de dinero y corrupción vinculados a contratos gubernamentales venezolanos.
Después de llegar a territorio estadounidense, fue liberado en 2023 como parte de un intercambio de prisioneros entre Caracas y Washington.
A su regreso a Venezuela, Maduro lo nombró ministro, consolidando aún más su lugar dentro de la estructura de poder.
Sin embargo, con la caída de Maduro tras la intervención de fuerzas estadounidenses en Caracas, Saab fue detenido por segunda vez en una operación coordinada entre el Servicio Bolivariano de Inteligencia de Venezuela y el FBI.
Aunque el gobierno de Venezuela no ha confirmado oficialmente la detención, múltiples medios internacionales citan fuentes policiales que aseguran que Saab estaría bajo custodia y listo para ser extraditado nuevamente a Estados Unidos.
Además de Saab, hay al menos dos figuras colombianas que han sido señaladas por investigadoras estadounidenses como piezas importantes en la red de negocios que rodeaba al régimen venezolano.
Álvaro Pulido es un socio empresarial de larga data de Saab.
Investigado por la Administración para el Control de Drogas de EE.UU.
(DEA) y sancionado junto a Saab en 2019 por cargos de lavado de dinero, Pulido ha sido señalado en documentos judiciales por su papel en la creación de empresas pantalla y contratos estatales fraudulentos.

Durante años, Pulido y Saab habrían trabajado juntos en la estructuración de negocios que permitieron mover fondos del Estado venezolano al extranjero, presuntamente desviando recursos de programas sociales destinados a la población.
Su conocimiento interno de cómo funcionaban estas redes es considerado por Washington como clave para comprender las operaciones financieras del régimen.
Un segundo colombiano vinculado a este entramado (aunque no siempre mencionado por nombre en los medios) sería cualquier otro empresario o facilitador extranjero que haya colaborado estrechamente con Saab en la evasión de sanciones o gestión de contratos.
Estados Unidos ha ofrecido recompensas y ha emitido órdenes de captura para personas conectadas, lo que indica que hay más nombres en la mira de las autoridades.
Las razones de Washington para buscar declaraciones de Saab y sus asociados son múltiples y estratégicas:
Desmantelar las estructuras de corrupción:
La administración estadounidense considera que la corrupción en el régimen chavista no solo fue sistemática, sino que formó parte de un modelo de Estado que perjudicó gravemente a los venezolanos.
Obtener testimonios directos sobre cómo se estructuraron estos mecanismos permitiría fortalecer casos judiciales y sanciones contra figuras clave, incluso más allá de Maduro.
Fortalecer las causas en tribunales internacionales:
El Departamento de Justicia y fiscales federales han señalado que Saab podría ser una pieza esencial para corroborar pruebas de crímenes económicos, lavado de dinero y violación de sanciones, ayudando a construir causas más sólidas contra exfuncionarios del régimen venezolano.
Profundizar la presión política y judicial:
Más allá de los tribunales, obtener información privilegiada de personas próximas a Maduro podría debilitar las defensas políticas dentro y fuera de Venezuela, exponiendo redes de influencia, favores, contratos sospechosos e incluso vínculos internacionales que sostuvieron al régimen durante años.
Construir precedentes que disuadan futuras alianzas ilícitas:
Al perseguir y solicitar la cooperación de individuos como Saab, Estados Unidos envía un mensaje claro: las relaciones de negocios que faciliten corrupción, evasión de sanciones o lavado de dinero no quedarán impunes, y quienes participaron pueden verse obligados a rendir cuentas bajo juramento.
La posibilidad de que Saab y otros colaboren con la justicia estadounidense tiene implicaciones que van más allá de simples declaraciones.
Podría:
Revelar la participación de otros líderes o intermediarios en el entramado de corrupción.
Proporcionar pruebas que vinculen directamente a exfuncionarios con delitos económicos graves.
Cambiar la percepción internacional sobre las redes de poder que operaron en Venezuela durante décadas.
Afectar procesos electorales o decisiones políticas relacionadas con la oposición y alianzas regionales en América Latina.
En un momento en que el hemisferio observa con atención los cambios políticos en Venezuela y el papel que Washington quiere jugar en su futuro, la historia de Alex Saab y los colombianos ligados a él es mucho más que un caso judicial: es un episodio que podría redefinir la narrativa de poder, justicia y responsabilidad en torno a uno de los gobiernos más controvertidos de la región.