El 16 de enero de 2026, lo que debía ser una jornada de absoluta comunión y respeto en el Movistar Arena de Bogotá, se vio empañado por un episodio de tensión que ha encendido las redes sociales y dividido las opiniones de los colombianos.
En medio del sentido homenaje póstumo a Yeison Jiménez, el reconocido cantante Luis Alberto Posada protagonizó un fuerte altercado con el equipo de producción, reviviendo viejos fantasmas de una relación profesional que estuvo marcada por los conflictos legales y los señalamientos públicos.

La controversia estalló en pleno escenario, dejando una sensación agridulce entre los miles de asistentes que esperaban una despedida libre de discordias para el “Aventurero”.
El incidente ocurrió cuando Luis Alberto Posada se encontraba en tarima rindiendo tributo a su colega fallecido.
Según se pudo observar en la transmisión y los relatos de los presentes, la producción del evento intentó agilizar el cronograma, que ya venía con retrasos debido a la magnitud del aforo y la cantidad de artistas invitados.

Sin embargo, Posada, sintiendo que se le estaba coartando su derecho a despedir a su “parcero” como él deseaba, reaccionó con visible molestia.
“¿Por qué es tan grosero?”, cuestionó el artista de manera directa a uno de los encargados de la logística, negándose a abandonar el escenario sin antes interpretar una última canción que, según él, era la favorita de Yeison.
Ante la negativa de la producción de poner la pista musical correspondiente, Luis Alberto Posada tomó una decisión que generó tanto aplausos como críticas feroces: decidió cantar a capela.
“No voy a cantar con ustedes.
Le voy a cantar esta canción al Señor y a mi parce Yeison Jiménez, pero no sean groseros”, sentenció con voz firme.
En un momento de gran intensidad emocional, el veterano de la música popular interpretó “Ya sin duda la perdí”, una pieza que, en sus propias palabras, Yeison le pedía constantemente que cantara.
Aunque el público en el Movistar Arena respondió con gritos de apoyo y ovaciones ante la potencia de su voz sin instrumentos, la atmósfera detrás de bambalinas era de total fractura.
Para entender la magnitud de este desplante, es necesario retroceder en el tiempo y recordar que la relación entre Luis Alberto Posada y Yeison Jiménez no siempre fue cordial.
Hace años, ambos artistas protagonizaron un enfrentamiento que fue noticia nacional, derivado de un concierto en Salamina donde problemas técnicos y logísticos desataron una guerra de declaraciones.
En aquel entonces, Posada acusó al equipo de Jiménez de ser “unas cosas con ojos” y de haberle “echado mucha agua sucia”, dañando su imagen pública.
Por su parte, Yeison Jiménez se defendió en su momento asegurando que no permitiría que usaran su nombre para tapar errores ajenos y que exigía respeto para su equipo de trabajo.
Las diferencias llegaron incluso a los estrados legales, creando una tensión que parecía irreconciliable.
Sin embargo, tras la noticia del deceso de Jiménez en aquel fatídico accidente aéreo, Luis Alberto Posada parecía haber dejado atrás todo rencor.
En declaraciones previas al homenaje de este 16 de enero de 2026, el artista se mostró profundamente afectado, enviando mensajes de consuelo a Sonia Restrepo y a las hijas del cantante.
“Dentro de mí yo lo quería y lo quiero.
Teníamos diferencias legales, pero se murió el colega y es bastante fuerte”, había expresado Posada con lágrimas en los ojos.
No obstante, lo ocurrido hoy en el Movistar Arena sugiere que, si bien el cariño personal persistía, la relación con el entorno profesional de Jiménez seguía siendo una herida abierta.

Las críticas en redes sociales no se hicieron esperar.
Miles de seguidores reprocharon la actuación de Posada, asegurando que no era el momento ni el lugar para hacer este tipo de “shows” mediáticos.
Muchos internautas calificaron su actitud como una falta de respeto a la memoria de los seis fallecidos y a la solemnidad que requería un funeral simbólico de tal magnitud.
“Era un momento para la unión, no para pelear por una canción más”, comentaba un usuario en Instagram, reflejando el sentir de un sector que consideró innecesario el altercado con la producción.
Por otro lado, hubo quienes defendieron al maestro Posada, argumentando que su reacción fue la de un artista apasionado que se sintió maltratado por una logística fría y apresurada.
Sus defensores sostienen que cantar a capela fue el acto de honestidad más puro de la jornada y que su insistencia por interpretar la canción favorita de Yeison demostraba un respeto genuino que iba más allá de los protocolos técnicos.
Al bajar de la tarima, Posada mantuvo su negativa profunda a seguir colaborando con el equipo de producción: “No, ya no voy a cantar nada”, dijo antes de retirarse molesto, dejando un vacío en el bloque de colaboraciones que se tenía previsto.
A pesar del conflicto, Posada aprovechó sus últimos segundos en el micrófono para enviar un mensaje directo a la familia de Jiménez: “A Sonia, a Lucy, a Linita, a todos les quiero dar mi sentido pésame de verdad”.
Este contraste entre la agresividad hacia la producción y la ternura hacia la familia del fallecido es lo que ha generado el intenso debate que hoy domina la conversación nacional.
Mientras el país sigue procesando el luto por la pérdida de uno de sus más grandes ídolos populares, este episodio sirve como recordatorio de que, incluso en la muerte, las pasiones humanas y las tensiones del pasado pueden aflorar de las maneras más inesperadas.
El homenaje continuó con otros artistas, pero la sombra de la discusión quedó flotando en el aire del Movistar Arena.
Al final de la jornada de este 16 de enero de 2026, queda la pregunta de si este incidente será recordado como un acto de rebeldía en nombre de la amistad o como una mancha innecesaria en la despedida de un hombre que siempre predicó la unión entre sus colegas.
La polémica está servida y, sin duda, dará de qué hablar en los días venideros, mientras la música de Yeison Jiménez sigue sonando en cada rincón del país, ajena a los conflictos de quienes hoy lloran su ausencia.