La tragedia del lago Nyos: la noche en que una nube invisible mató a más de 1.700 personas 

 

 

 

La misteriosa nube que mató a más de 1.700 personas y 3.500 cabezas de  ganado - BBC News Mundo

 

La noche del 21 de agosto de 1986, en las montañas del noroeste de Camerún, la vida seguía su curso habitual en pequeñas aldeas rurales.

Las familias cenaban, los campesinos descansaban tras la jornada y el silencio dominaba el paisaje.

Pero poco después de las 21:00, un estruendo profundo rompió la calma.

“Fue como un trueno lejano”, recordarían más tarde algunos sobrevivientes.

Otros lo describieron como “una roca gigantesca cayendo al agua”.

El origen del sonido era el Lago Nyos, un cuerpo de agua aparentemente tranquilo enclavado entre montañas.

Segundos después del ruido, una columna de agua y espuma se elevó hasta casi 100 metros.

Lo que siguió fue invisible, silencioso y mortal: una nube densa de dióxido de carbono comenzó a descender por los valles como un río pegado al suelo.

En cuestión de minutos, aquella nube desplazó el oxígeno del aire.

Personas, animales y aves cayeron sin resistencia.

La mayoría murió dormida.

Al amanecer, el paisaje era desolador: cuerpos esparcidos junto a ganado, hogares intactos pero sin vida.

En total, 1.

746 personas y más de 3.

500 animales murieron esa noche.

“Cuando desperté, pensé que era un sueño… luego creí que había habido una guerra”, relató un sobreviviente, que permaneció inconsciente durante más de 30 horas.

“Caminé entre los cuerpos de mis vecinos… no había nadie vivo”.

El desastre no fue una erupción volcánica convencional.

No hubo lava ni fuego.

Lo ocurrido fue un fenómeno extremadamente raro: una erupción límnica.

El lago, formado en un antiguo cráter volcánico, acumulaba dióxido de carbono en sus profundidades durante años.

Este gas, proveniente de una bolsa de magma subterránea, se disolvía en el agua fría del fondo, atrapado por la presión de las capas superiores.

 

 

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El dióxido de carbono, al ser más pesado que el aire, no se eleva, sino que se desplaza hacia las zonas bajas.

Aquella noche, por razones que aún se investigan —probablemente un deslizamiento de tierra—, el equilibrio del lago colapsó.

El gas se liberó de golpe, como una botella de refresco agitada que se abre repentinamente.

La nube avanzó a velocidades de hasta 50 km/h, alcanzando concentraciones letales.

Con apenas un 5% de CO₂ en el aire, una persona sufre mareos; con más del 10%, la muerte llega en minutos.

Cerca del lago, los niveles superaron ampliamente esos valores.

Dos años antes, en 1984, un evento similar —aunque menor— ocurrió en el Lago Monoun, donde murieron 37 personas.

Sin embargo, el fenómeno no fue comprendido completamente ni se tomaron medidas preventivas a gran escala.

Cuando los equipos de rescate llegaron a Nyos, 36 horas después, encontraron una escena inquietante.

“Parecía que todos se habían quedado dormidos de golpe”, describió un médico.

Las casas estaban intactas, los alimentos en las mesas, pero no se escuchaba ni un solo pájaro.

Las primeras hipótesis fueron confusas: armas químicas, enfermedades desconocidas, incluso teorías conspirativas.

Para las comunidades locales, el lago tenía un carácter sagrado.

Algunos ancianos hablaron de una maldición: “El espíritu del lago ha salido a cobrar vidas”.

Con el tiempo, equipos científicos internacionales confirmaron la causa real.

El fenómeno fue clasificado como erupción límnica, cambiando para siempre la comprensión de los riesgos geológicos en lagos volcánicos.

 

 

La misteriosa nube que mató a más de 1.700 personas y 3.500 cabezas de  ganado - BBC News Mundo

 

 

 

La solución llegó años después.

Ingenieros diseñaron un sistema de desgasificación: tuberías que extraen el agua profunda saturada de gas y permiten su liberación controlada.

Instaladas desde 2001, estas estructuras funcionan como válvulas de seguridad naturales, evitando que el lago vuelva a acumular niveles peligrosos.

Hoy, el Lago Nyos es monitoreado constantemente.

Aunque el riesgo ha disminuido significativamente, la amenaza nunca desaparece por completo.

El caso de Nyos también encendió alarmas sobre otros lagos.

El más preocupante es el Lago Kivu, en la frontera entre Ruanda y la República Democrática del Congo.

Este lago contiene enormes cantidades de dióxido de carbono y metano, y millones de personas viven en sus alrededores.

“Si Nyos fue una tragedia, Kivu podría ser una catástrofe a escala regional”, advierten algunos expertos.

Casi cuatro décadas después, la vida ha regresado lentamente a las cercanías de Nyos.

La tierra volcánica es fértil y valiosa para la agricultura.

Sin embargo, el recuerdo de aquella noche persiste.

Una nube invisible, sin olor ni sonido, demostró que la naturaleza puede ser letal incluso en silencio.