🔍 Cazador cazado: El atentado contra un comandante que revela la sombra del crimen en Chiapas 🌑
La mañana del 16 de enero, a las 6:15 a.m., la vida en San Cristóbal de las Casas fue interrumpida por el estruendo de disparos.
El comandante de la unidad de investigación, Alejandro Reyes, de 47 años, fue emboscado mientras se dirigía a su trabajo.
Hombres armados dispararon desde al menos dos puntos, y su camioneta recibió múltiples imp*actos.
La tranquilidad de este pueblo, conocido por su belleza colonial y su rica cultura, se desvaneció en un instante.

A esa hora, el frío de la mañana se mezclaba con el aroma del café recién tostado y el humo de las cocinas de leña que emanaban de las casas de adobe.
Los comerciantes comenzaban a abrir sus negocios, ajenos al horror que estaba a punto de desatarse.
Cuando el reloj marcaba el mediodía, el sonido de las detonaciones rasgó el silencio, dejando a la comunidad en un estado de incredulidad.
El comandante, después de una jornada extenuante, se dirigía a su vehículo particular, un sedán blanco estacionado cerca de la comandancia.
Sin sospechar que esos serían sus últimos pasos, un sujeto en una motocicleta negra se acercó por detrás, disparando a quemarropa.
Los testigos, principalmente comerciantes y amas de casa, escucharon entre tres y cinco detonaciones que resonaban contra las fachadas coloniales.
El comandante cayó al suelo, un charco de sangre comenzando a formarse bajo su cuerpo.
El agresor, sin detenerse a verificar el resultado de su acción, huyó rápidamente, aprovechando su conocimiento del terreno.
Los gritos de auxilio no tardaron en escucharse, y la escena se llenó de incredulidad y t*error.
Una vendedora de artesanías corrió hacia el cuerpo, marcando el número de emergencias con manos temblorosas mientras rezaba en su lengua materna.

Los elementos de la policía municipal y de protección civil llegaron rápidamente, intentando estabilizar al oficial herido.
La b*ala, disparada desde una distancia corta, había perforado su pulmón, poniendo en riesgo su vida.
Fue trasladado de urgencia al sanatorio Ornelas, donde los médicos de guardia lo recibieron directamente en el quirófano para una cirugía de emergencia.
La noticia del atentado se esparció rápidamente por la ciudad, generando un clima de incertidumbre y miedo.
Videos del ataque comenzaron a circular en redes sociales, alimentando especulaciones y teorías sobre las posibles causas del hecho.
La comunidad, que había mantenido una imagen de relativa tranquilidad, se vio sacudida por el eco de la v*iolencia.
La activación del código rojo movilizó a diversas corporaciones de seguridad hacia el centro de la ciudad.
Elementos del ejército y de la Guardia Nacional establecieron retenes, revisando vehículos y solicitando identificaciones, mientras las patrullas recorrían las calles con sirenas encendidas.
Sin embargo, a pesar de este despliegue, el autor del at*aque seguía libre.

Las autoridades encontraron una motocicleta negra y un casco abandonados, presuntamente utilizados por el agresor.
Estos objetos fueron asegurados como indicios para la investigación.
Los casquillos percutidos encontrados correspondían a munición de 9 mm, comúnmente utilizada por sicarios.
Las cámaras de videovigilancia captaron imágenes del momento del at*aque, aunque con calidad limitada.
La presidenta municipal condenó el at*entado en un videomensaje, prometiendo redoblar los esfuerzos de vigilancia.
Sin embargo, la ambigüedad en las declaraciones oficiales alimentó especulaciones en redes sociales, donde algunos señalaron intentos de minimizar la gravedad del suceso.
Este atentado no ocurre en un vacío.
Chiapas ha sido escenario de disputas entre organizaciones criminales que buscan el control de rutas ilegales.
La violencia ha dejado una estela de m*uerte y destrucción, alterando la vida cotidiana de comunidades que antes vivían en relativa paz.
Apenas seis meses antes, otro elemento de la policía municipal había sido asesinado en circunstancias similares, evidenciando la vulnerabilidad de las fuerzas de seguridad.
El asesinato de un mando envía un mensaje claro dentro del crimen organizado.

La ineficacia del sistema de justicia se refleja en casos donde las familias esperan respuestas que no llegan.
La corr*upción dentro de algunas corporaciones es un secreto a voces, colocando a los oficiales honestos en dilemas extremos.
El ataque ha generado un llamado a la acción.
Mientras la comunidad exige resultados, la sombra de la violencia sigue presente.
La historia del comandante herido se suma a la larga lista de episodios que muestran la complejidad de la lucha por la seguridad en México.