La controversia en Colombia estalló tras las declaraciones de Jota Pe Hernández sobre el alza de 375 pesos en la gasolina, vinculando la medida a una supuesta estrategia electoral del gobierno de Gustavo Petro

 

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En medio de un clima político cada vez más polarizado, Colombia enfrenta una nueva controversia que combina debates sobre el precio de los combustibles, tensiones geopolíticas y acusaciones de manipulación informativa.

Las declaraciones del senador Jota Pe Hernández y de la congresista Paloma Valencia han desatado una fuerte reacción en redes sociales y sectores políticos, en un contexto donde el gobierno del presidente Gustavo Petro también es objeto de críticas.

El detonante fue un mensaje difundido por Hernández en el que afirmaba: “Urgente, Petro, el engañador vuelve a clavar a los más humildes de Colombia. Desde hoy sube el galón de gasolina 375 pesos”.

El senador sugirió que el Gobierno habría reducido previamente los precios de manera estratégica durante el periodo electoral para luego incrementarlos tras las votaciones.

Sin embargo, analistas económicos y voces del propio debate público han señalado que la dinámica de los precios de los combustibles en Colombia responde a múltiples factores, entre ellos el comportamiento del mercado internacional del petróleo, el déficit del Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles y la dependencia parcial de importaciones.

Colombia importa una proporción significativa de gasolina, lo que la expone a variaciones globales.

 

Jota Pe Hernández arremetió contra el Gobierno Petro por alza en el galón  de la gasolina: “Luego de sacarles el voto, los volvieron a clavar” -  Infobae

 

En ese sentido, el aumento reciente de los precios no puede analizarse de forma aislada.

Durante los últimos años, el país ha venido ajustando gradualmente el precio interno para reducir el déficit fiscal generado por subsidios acumulados.

Este proceso ha sido defendido por el Gobierno como una medida necesaria para estabilizar las finanzas públicas, aunque ha generado un fuerte impacto en el costo de vida.

El debate se intensificó cuando se introdujo en la discusión el contexto internacional.

Algunos sectores han vinculado el encarecimiento de los combustibles con tensiones en Medio Oriente, señalando que cualquier alteración en rutas estratégicas como el estrecho de Ormuz puede afectar el suministro global de petróleo.

No obstante, expertos advierten que este tipo de explicaciones deben manejarse con cautela y basarse en información verificable, ya que el mercado energético responde a una compleja red de factores económicos y geopolíticos.

En paralelo, la senadora Valencia generó controversia con un mensaje en redes sociales donde expresó su respaldo a la política exterior de Estados Unidos en Medio Oriente.

“Estados Unidos, Israel y los países árabes le hacen un gran favor al oprimido pueblo iraní”, escribió, desatando críticas de sectores que consideran esta postura alineada con intereses internacionales.

 

Jota Pe Hernández arremetió contra el Gobierno Petro por alza en el galón  de la gasolina: “Luego de sacarles el voto, los volvieron a clavar” -  Infobae

 

Las reacciones no se hicieron esperar.

Voces críticas cuestionaron la coherencia de algunos líderes políticos, especialmente en el contexto de celebraciones religiosas como la Semana Santa.

“No pueden presentarse como defensores de valores mientras difunden información engañosa”, señalaron desde distintos espacios digitales.

El trasfondo de esta discusión también incluye preocupaciones sobre la desinformación en redes sociales.

La creciente circulación de mensajes sin verificación ha contribuido a amplificar percepciones erróneas sobre decisiones económicas y eventos internacionales.

En este contexto, expertos en comunicación política advierten sobre el riesgo de que narrativas simplificadas o distorsionadas influyan en la opinión pública.

Además, han surgido acusaciones —sin pruebas concluyentes— sobre supuestas estrategias de propaganda internacional en plataformas digitales.

Estas afirmaciones apuntan a la posibilidad de campañas coordinadas para influir en la percepción ciudadana, un fenómeno que ha sido objeto de debate global en los últimos años.

Mientras tanto, el Gobierno colombiano ha insistido en que el ajuste en los precios de los combustibles responde a una política de responsabilidad fiscal.

Desde el Ejecutivo se ha señalado que mantener subsidios elevados implicaría un costo insostenible para el Estado, afectando recursos destinados a inversión social.

 

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En términos económicos, el impacto va más allá del transporte.

El aumento en los combustibles influye en el costo de producción agrícola, el precio de los alimentos y los servicios logísticos, lo que puede traducirse en presiones inflacionarias.

Ante esto, se han planteado medidas como subsidios focalizados y apoyo a sectores productivos.

El debate político, sin embargo, continúa centrado en la narrativa.

“Están engañando a la gente”, afirman algunos críticos, mientras otros responden que “se está manipulando la información con fines electorales”.

En medio de estas posiciones encontradas, la ciudadanía enfrenta el desafío de distinguir entre datos verificables y discursos cargados de intención política.

La controversia refleja una tendencia más amplia en la política contemporánea: la intersección entre economía, geopolítica y comunicación digital.

En un entorno donde la información circula con rapidez, la precisión y la responsabilidad en el discurso público se vuelven elementos clave para el funcionamiento democrático.

A medida que Colombia avanza hacia nuevos procesos electorales, estos episodios evidencian la importancia de un debate informado, basado en hechos y no en interpretaciones parciales.

La discusión sobre la gasolina, lejos de ser un tema aislado, se ha convertido en un símbolo de la complejidad política y económica que atraviesa el país.