El presidente Gustavo Petro entregó 2000 títulos de propiedad a más de 4000 familias campesinas en Chaparral, destacando el avance en la reforma agraria y el acceso a la tierra.

En un evento que quedará grabado en la memoria colectiva de los campesinos del Tolima, el presidente Gustavo Petro entregó 2000 títulos de propiedad a más de 4000 familias en Chaparral.
Este acto no solo representa un avance significativo en la lucha por la tierra, sino que también se convirtió en un momento de tensión política cuando la gobernadora del Tolima, Adriana Matiz, abandonó el evento tras ser abucheada por los asistentes.
Durante la ceremonia, el presidente Petro destacó la importancia de que “la tierra debe estar en manos de quien la trabaja” y no de aquellos que la utilizan como un negocio.
“Hoy, más de 4000 familias ven cumplido su sueño de tener un pedazo de tierra para cultivar y vivir dignamente”, afirmó el presidente, mientras los campesinos celebraban con alegría y emoción.
Sin embargo, la llegada de la gobernadora Matiz no pasó desapercibida.
Al ingresar al recinto, fue recibida con gritos de “fuera, fuera”, lo que evidenció el rechazo de los campesinos hacia su figura.
“No tengo cabida aquí”, parecía ser el mensaje que resonaba entre la multitud.
La gobernadora, visiblemente incómoda, expresó su descontento por no haber recibido el protagonismo que esperaba en un evento tan crucial para la comunidad.
“Yo vine aquí para apoyar a mis campesinos, pero no se me permitió hablar”, declaró Matiz a los medios tras su salida abrupta.
“No es justo que se minimice el esfuerzo de quienes también trabajamos por el bienestar de esta región”.
A pesar de su intento por justificar su ausencia, muchos la vieron como una figura que no había estado a la altura de las circunstancias.

El evento continuó con la intervención de varios campesinos, quienes agradecieron al presidente por su compromiso con la población rural.
“Gracias, presidente, por devolvernos la esperanza”, dijo Raúl Ríos, un campesino que ha sido víctima del conflicto armado.
“Hoy, por fin, sentimos que tenemos un futuro en nuestras manos”.
Sus palabras resonaron en el corazón de los presentes, quienes aplaudieron y vitorearon al mandatario.
La tensión aumentó cuando Juan Diego Alvira, un periodista de Caracol Radio, defendió a la gobernadora, afirmando que su presencia era esencial para el evento.
“Es importante reconocer que, a pesar de las diferencias políticas, todos debemos trabajar por el bienestar de los campesinos”, comentó.
Sin embargo, muchos en la audiencia no compartieron su opinión, considerando que el evento debía centrarse en los logros del gobierno y no en disputas políticas.
Los campesinos, en su mayoría víctimas del conflicto armado, expresaron su alegría por recibir los títulos.
“Este es un momento histórico para nosotros”, dijo uno de ellos.
“Después de años de lucha, finalmente tenemos lo que es nuestro”.
Mientras tanto, Matiz se retiró del evento, argumentando que no se sentía cómoda en un ambiente que, según ella, estaba cargado de tensión.
A medida que el evento avanzaba, el presidente Petro reafirmó su compromiso con el campo.
“Estamos aquí para construir un país donde todos tengan acceso a la tierra y a una vida digna”, afirmó.
Las palabras del presidente fueron recibidas con vítores y aplausos, evidenciando el apoyo que tiene entre los campesinos.

La gobernadora, por su parte, continuó con su discurso en los medios, enfatizando la necesidad de unidad y cooperación entre las diferentes instancias de gobierno.
“No podemos permitir que las diferencias políticas nos dividan en momentos tan cruciales”, insistió.
Sin embargo, muchos se preguntan si su reacción en el evento fue más un acto de ego que de verdadera preocupación por el bienestar de los campesinos.
La entrega de títulos de propiedad en Chaparral no solo representa un avance en la política agraria del país, sino que también pone de manifiesto las tensiones políticas que persisten en Colombia.
Mientras algunos celebran este logro como un triunfo del gobierno de Petro, otros lo ven como un campo de batalla en la lucha por el poder político.
Este evento histórico, marcado por la alegría de los campesinos y la controversia política, deja claro que la lucha por la tierra en Colombia sigue siendo un tema candente.
La entrega de títulos es un paso hacia la justicia social, pero también pone de relieve las divisiones que aún existen en la sociedad colombiana.
El futuro de los campesinos y la política agraria del país dependerán de la capacidad de los líderes para trabajar juntos y poner las necesidades de la población por encima de sus intereses personales.
