El homenaje a Yeison Jiménez reunió a familiares, amigos y colegas que lloraron su pérdida y recordaron su legado musical.
La música popular colombiana se vistió de luto la noche en que Yeison Jiménez, un ícono del género, dejó este mundo.
En un conmovedor homenaje, familiares, amigos y colegas se unieron para recordar al hombre que no solo fue un talentoso artista, sino también un ser humano excepcional.
El escenario, iluminado por luces brillantes y lleno de melodías, se sintió vacío sin la voz que todos esperaban escuchar.
“Esa noche la música no celebró, lloró”, dijo uno de sus amigos más cercanos, visiblemente afectado.
“Cuando Yeison faltó, sus canciones siguieron sonando, pero nosotros ya no pudimos cantarlas igual”.
En medio del concierto, varios artistas, que compartieron escenario con él en innumerables ocasiones, decidieron rendir un homenaje espontáneo que nadie había planeado.
No había ensayos, solo un profundo desahogo del alma que resonó en cada rincón del lugar.
Jessie Uribe, con la voz entrecortada, recordó que justo ese día tenían previsto grabar una nueva canción en colaboración.
“Mañana yo grababa canción con Jason”, compartió, mientras las lágrimas caían por su rostro.
“Era una canción dedicada a la selección Colombia.
Ahora, ese proyecto quedó en pausa, como si el tiempo también hubiera decidido detenerse”.

Giovanni Ayala, otro de los artistas presentes, no pudo contener su emoción y se quebró frente a todos.
“Las lágrimas hablaron por mí cuando la voz ya no pudo hacerlo”, expresó entre sollozos.
Luis Alfonso, quien también tuvo la oportunidad de conocer a Jiménez desde sus inicios, lo recordó como un hermano de camino.
“Hay amistades que ni la muerte logra silenciar”, afirmó, dedicando una canción en su memoria que resonó con fuerza en el corazón de todos los presentes.
Silvestre Dangón, fiel a su estilo de despedir a quienes ama, eligió interpretar “Blanco y Negro”, la canción que siempre utiliza para decir adiós a sus amigos.
“Querido amigo, vas a vivir de verdad porque después de la muerte se vive, y vas a vivir, Jason”, expresó con voz temblorosa, mientras el público lo acompañaba en un emotivo silencio.
El homenaje no solo fue un tributo a su música, sino también a su legado como ser humano.
Bless, otro de los artistas que compartió el escenario, aprovechó la ocasión para enviar sus condolencias a la familia y amigos de Jiménez.
“El legado de un artista no se mide solo en éxitos, sino en las huellas que deja en quienes lo rodean”, recordó, haciendo eco de la profunda tristeza que se sentía en el ambiente.
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Sin embargo, uno de los momentos más desgarradores de la noche fue ver a Nico, el caballo de Yeison, solo y triste sin su amo a su lado.
Muchos de los asistentes comentaron que el animal reflejaba el dolor de no volver a ver a quien fue su compañero de vida.
“A veces el silencio de un animal dice más que mil palabras”, reflexionó uno de los presentes, mientras las lágrimas seguían fluyendo.
Yeison Jiménez no estuvo físicamente en el escenario esa noche, pero su espíritu estuvo presente en cada lágrima, en cada canción inconclusa y en cada corazón que comprendió que la música popular había perdido una voz, pero había ganado una leyenda.
La noche terminó con un sentido homenaje que dejó una huella imborrable en todos los que tuvieron el privilegio de conocerlo y disfrutar de su música.
La comunidad artística se unió en un abrazo colectivo, recordando al hombre que dejó una marca indeleble en la música y en la vida de quienes lo rodearon.
“Que Dios lo tenga en su gloria, coleguita Jason”, fue el sentimiento unánime, mientras la música seguía sonando en sus corazones, recordándoles que aunque su voz ya no resuena, su legado perdurará por siempre en la memoria de todos.
