J. Edgar Hoover y el FBI investigaron durante décadas la posibilidad de que Adolf Hitler hubiera sobrevivido y huido a Sudamérica tras el final de la Segunda Guerra Mundial.

La mayoría de las personas cree que la historia de Adolf Hitler terminó en un búnker en Berlín, donde se suicidó el 30 de abril de 1945.
Sin embargo, para J.Edgar Hoover, director del FBI, la historia no terminó allí.
Durante décadas, Hoover y su equipo se dedicaron a investigar rumores y avistamientos que sugerían que el dictador nazi podría haber sobrevivido y huido a Sudamérica.
Sus notas, recientemente desclasificadas, revelan un relato fascinante y perturbador que desafía la narrativa oficial.
En los días posteriores a la caída de Berlín, la noticia de la muerte de Hitler se propagó rápidamente, pero la falta de evidencia física generó dudas.
“No había cuerpo”, recordaba Hoover, y esa ausencia alimentó la especulación.
En una reunión con sus agentes, Hoover expresó su preocupación: “No podemos permitirnos ignorar la posibilidad de que Hitler esté vivo. Cada rumor debe ser investigado”.
Las notas del FBI documentan una serie de informes sobre avistamientos de Hitler en lugares tan lejanos como Argentina y España.
Un informe particular, enviado desde Los Ángeles en septiembre de 1945, destaca.
En él, un reportero del *Los Angeles Examiner* afirmaba haber hablado con un hombre que decía haber participado en un plan para trasladar a Hitler a un lugar seguro tras la caída de Berlín.
“Lo ayudamos a desembarcar de un submarino en la costa argentina”, aseguró el informante, visiblemente asustado.
“Si hablo, las personas poderosas en Argentina no me perdonarán”.

El informe detalla cómo, según este hombre, dos submarinos alemanes llegaron a la costa argentina poco después de la guerra.
“El segundo submarino llevaba a Hitler, dos doctores y varios asistentes”, afirmaba el informante.
La operación, según sus palabras, fue cuidadosamente planeada para evitar la detección.
“Desembarcamos en una playa tranquila, lejos de los ojos del mundo”, recordaba.
A medida que la investigación avanzaba, los agentes del FBI se encontraron con una red de apoyo en Sudamérica para los nazis.
En la provincia de Córdoba, la señora Horn, una rica alemana argentina, se jactaba de haber ofrecido su hotel como refugio para Hitler.
“Cuando estuve en Alemania, fui huésped de Hitler.
Siempre creí que él debería haber ganado”, decía con orgullo.
Para Hoover, estas afirmaciones eran más que rumores; eran pistas que debían ser seguidas.
Sin embargo, la falta de pruebas concretas complicó la situación.
“No hay registros de su llegada”, anotaban los agentes en sus informes, frustrados por la falta de evidencia.
A pesar de ello, la búsqueda no se detuvo.
“Hitler se convirtió en un caso abierto”, instruyó Hoover a sus agentes.
“Cada pista, por pequeña que sea, debe ser verificada”.

Los años pasaron y las investigaciones continuaron, pero la búsqueda de Hitler se desvaneció lentamente.
Sin embargo, la cacería de nazis en América no terminó.
A finales de la década de 1940, el FBI comenzó a investigar a los seguidores de Hitler que habían llegado a Estados Unidos.
La unidad especial creada para este propósito se convirtió en una herramienta crucial para encontrar a aquellos que habían servido al régimen nazi.
Uno de los casos más extraños fue el de George Gaertner, un prisionero de guerra alemán que escapó de un campo en Nuevo México.
“Preferiría arriesgar mi vida como fugitivo que ser devuelto a un país controlado por los soviéticos”, confesó Gaertner en una entrevista años después.
Su escape, que ocurrió en 1945, lo llevó a vivir en la clandestinidad durante décadas.
“Durante años, viví con miedo”, relató Gaertner.
“Cada golpe en la puerta podía ser un agente del FBI”.
A pesar de sus esfuerzos por mantener un perfil bajo, su nombre seguía apareciendo en las listas de fugitivos.
En 1985, después de casi 40 años, decidió revelar su identidad en un programa de televisión.
“Soy el prisionero desaparecido que escapó de un campo en Nuevo México”, declaró ante las cámaras.

El desenlace de Gaertner fue inesperado.
Las autoridades, al revisar su caso, decidieron no acusarlo y le permitieron quedarse en el país como residente legal.
“No encajaba en los patrones habituales de los fugitivos”, explicaron los funcionarios.
“Había llevado una vida tranquila y no tenía antecedentes violentos”.
Las notas del FBI sobre Hitler, que alguna vez fueron un misterio, ahora están disponibles para el público.
“Por primera vez, cualquiera puede leer los memorandos que escribieron los agentes”, afirmaba Hoover en una de sus últimas entrevistas.
“La verdad sobre lo que realmente sucedió con Hitler sigue siendo un enigma, pero estas historias nos recuerdan que la búsqueda de la verdad nunca termina”.
Así, la historia de Adolf Hitler y su posible escape se entrelaza con la de aquellos que, como Gaertner, vivieron en la sombra, temerosos de ser descubiertos.
Las revelaciones del FBI no solo desafían la narrativa histórica, sino que también abren la puerta a nuevas preguntas sobre el legado del nazismo y sus seguidores en el mundo contemporáneo.