El Senado de Colombia vivió un fuerte enfrentamiento entre Aída Quilcué y María Fernanda Cabal durante un debate sobre la crisis de seguridad en el Cauca

 

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El Senado de la República de Colombia fue escenario de uno de los debates más tensos de las últimas semanas, cuando la senadora indígena Aída Quilcué y la congresista María Fernanda Cabal se enfrentaron de manera directa durante una sesión centrada en la creciente crisis de seguridad en el departamento del Cauca.

Lo que comenzó como un análisis institucional sobre la violencia en esta región del suroccidente colombiano derivó rápidamente en un intercambio cargado de acusaciones, tensiones ideológicas y recriminaciones históricas.

El ambiente en el recinto se tornó denso, con interrupciones constantes y llamados al orden por parte de la presidencia del Senado.

Durante su intervención, Quilcué defendió el papel de las comunidades indígenas y rechazó lo que consideró una narrativa estigmatizante.

Con tono firme, expresó: “No puedo aceptar en este recinto que digan que los defensores y las organizaciones sociales no nos pronunciemos en contra de la guerra. Lo hemos hecho de manera permanente”.

Su discurso estuvo marcado por un llamado al respeto y a la construcción de paz sin señalamientos generalizados.

 

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La senadora también cuestionó directamente a su contraparte: “Invito a la senadora María Fernanda Cabal a que supere la xenofobia y el odio contra los pueblos indígenas, porque cada vez que interviene es para señalarnos”.

En medio de aplausos y murmullos, Quilcué insistió en que las comunidades han sido víctimas históricas del conflicto armado y no pueden ser utilizadas como herramienta de confrontación política.

En otro momento clave, añadió: “Si realmente quiere contribuir a la seguridad del país, empecemos a cambiar la forma de transmitir el mensaje”.

Y concluyó su intervención con un llamado a la unidad: “Si vamos a construir la paz, hagámoslo bien, con sinceridad y con toda la responsabilidad”.

Sin embargo, la respuesta de Cabal no se hizo esperar y elevó aún más el tono del debate.

La senadora del partido de oposición defendió su derecho a denunciar lo que considera irregularidades en los territorios indígenas y afirmó: “Yo no tengo por qué pedirle permiso a nadie para hacer denuncias de lo que yo conozco”.

Cabal sostuvo que tiene conocimiento profundo de la situación en el Cauca y lanzó fuertes cuestionamientos: “Conozco mucho más del Cauca de lo que usted cree y tengo serios reparos”.

En su intervención, hizo referencia a procesos históricos del movimiento indígena y denunció lo que calificó como instrumentalización política.

 

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Uno de los momentos más polémicos se produjo cuando afirmó: “Su departamento hoy está empobrecido… muchas de esas tierras están sembradas en coca. No lo puede negar. Está la evidencia”.

Asimismo, acusó a sectores indígenas de obstaculizar la acción del Estado: “Ustedes sacaban a la fuerza pública y usaron mecanismos de autonomía para hacer lo que se les ha dado la gana”.

El punto más álgido llegó cuando vinculó a actores ilegales con dinámicas territoriales: “Hoy se delinque en los territorios y ustedes solo denuncian cuando la guardia indígena es asesinada”.

También señaló supuesta participación en disturbios durante el paro nacional: “Ustedes ayudaron al paro nacional llevando sus chivas a destrozar la ciudad de Cali”.

En una de las frases más contundentes, Cabal declaró: “La tiranía de la minoría no nos va a acabar la democracia. Primero la nación, primero los derechos de todos los colombianos sin privilegios”.

Sus palabras provocaron reacciones inmediatas dentro del recinto, evidenciando la profunda polarización que rodea el tema.

 

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El trasfondo del enfrentamiento refleja dos visiones irreconciliables sobre el manejo del conflicto en el Cauca.

Por un lado, sectores que defienden la autonomía indígena como un derecho constitucional y un mecanismo de protección territorial frente a la violencia; por otro, quienes cuestionan el alcance de esa autonomía cuando, según sus denuncias, coincide con economías ilícitas o limita la presencia de la fuerza pública.

El debate también puso sobre la mesa el rol de la guardia indígena, una estructura de control comunitario que ha sido reconocida por su carácter civil y no armado, pero que enfrenta cuestionamientos desde sectores políticos que consideran insuficiente su capacidad para contener a grupos armados ilegales.

Más allá de los señalamientos cruzados, el intercambio dejó en evidencia la complejidad del conflicto en el Cauca, donde convergen actores armados, economías ilegales, tensiones históricas por la tierra y una débil presencia estatal.

La región sigue siendo uno de los principales focos de violencia en Colombia, con disputas entre disidencias de las FARC, grupos narcotraficantes y organizaciones locales.

El choque entre Quilcué y Cabal no produjo acuerdos ni soluciones inmediatas, pero sí expuso la urgencia de un debate más profundo, menos ideologizado y centrado en soluciones concretas.

La sesión cerró sin consensos, pero con una certeza clara: la crisis del Cauca continúa siendo uno de los mayores desafíos para la estabilidad y la paz en Colombia.