Blanca Estela, viuda de Javier Solís, revela en una emotiva entrevista detalles inéditos sobre su vida con el rey del bolero ranchero.

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Blanca Estela, la viuda de Javier Solís, rompe finalmente el silencio y ofrece una mirada íntima a su vida junto al hombre que marcó un antes y un después en la música ranchera.

A través de objetos personales, cartas y recuerdos, la señora Blanquita nos revela facetas inéditas de su relación con el icónico cantante, un hombre que, fuera del escenario, era tan cercano y tierno como su voz lo era en el micrófono.

“Esta máscara que tengo en mis manos es la que Javier usaba”, dice Blanca Estela mientras sostiene una de las reliquias más valiosas que pertenecieron a su difunto esposo.

“Uno de sus cientos de reconocimientos”, agrega, mientras nos muestra una medalla que dejó huella en su carrera.

A pesar de su fama, Javier Solís nunca fue un hombre que se dejara llevar por la vanidad.

“En casa, no era el rey del bolero ranchero, no era el número uno.

Él estaba feliz con su familia, con sus hijos, conmigo”, explica la viuda con una dulzura que refleja el amor que compartieron.

 

Javier Solís – El Rey del Bolero Ranchero – El Rey del Bolero Ranchero

 

Durante la entrevista, Blanca Estela también cuenta cómo su marido no solía hacer múltiples tomas de sus canciones.

“Jamás hizo tres veces la misma toma”, recuerda.

La conexión entre ellos era tan profunda que ella sabía exactamente dónde hacer las pausas en sus grabaciones.

“Yo ya sabía dónde respiraba, dónde paraba. Él me miraba y todo salía perfecto”, cuenta con una sonrisa nostálgica.

Sin embargo, no solo su faceta profesional es la que Blanca Estela recuerda con cariño.

También comparte anécdotas del hombre cariñoso y atento que era en su vida privada.

“Siempre me traía flores, orquídeas. Nunca se olvidaba de su familia, de mí, de nuestros hijos”, dice.

La viuda recuerda cómo, incluso cuando Javier estaba lejos por su trabajo, siempre encontraba una forma de mantenerse conectado.

“Le gustaba mandarme cartas, postales, telegramas.

Le pedía a mi hermana que me enviara fotos de los niños cuando él no estaba”, añade.

 

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Blanca Estela también desvela la complejidad de la relación entre ellos.

“Cuando él me hablaba por mi nombre, yo sabía que algo no estaba bien. Si me decía ‘Blanquita’, todo estaba bien, pero si me decía ‘Javier’, algo pasaba”, comenta con una risa tímida.

Esta anécdota muestra cómo la comunicación entre ellos era sincera, sin tapujos, incluso cuando se trataba de expresar preocupaciones o molestias.

En cuanto a su vida familiar, Blanca Estela explica cómo Javier Solís, a pesar de su apretada agenda, siempre encontraba tiempo para estar con sus seres queridos.

“Era un hombre de mucha dedicación. Nunca faltó a un compromiso, ni con su trabajo ni con su familia. A veces me decía, ‘primero está mi trabajo’, pero siempre pensaba en nosotros”, comenta, mientras recuerda los momentos difíciles cuando Javier estuvo ausente durante el nacimiento de su hija Gabriela.

Las cartas y postales que Javier Solís enviaba a Blanca Estela muestran el amor profundo que sentía por ella.

En una de sus cartas, escrita de su puño y letra, se lee: “Te quiero, te quiero siempre, y para toda la vida”.

Blanca Estela guarda esas cartas como el más preciado de los recuerdos.

“Él no solo me lo decía, lo sentía. Y siempre lo demostró con sus acciones”, dice con la voz entrecortada.

 

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A pesar de las dificultades y de las circunstancias que los separaron en algunos momentos, Javier Solís siempre mantuvo el contacto con su esposa.

En una de sus cartas más emotivas, escrita desde Los Ángeles, Solís expresa: “Siempre te llevaré dentro de mi corazón, y para toda la vida”.

“Era un hombre muy detallista”, dice Blanca Estela, mientras muestra más cartas que él le escribió.

“Cada vez que se iba, siempre me enviaba algo. A veces flores, a veces postales con dibujos, pero siempre con ese cariño tan característico de él”, cuenta, mientras recuerda cómo, en sus viajes, Javier le dejaba mensajes que hoy en día parecen sacados de una película de amor: “Te quiero más que nunca, y siempre te adoraré, mi gata”.

Esas cartas, esos mensajes llenos de amor y devoción, siguen siendo un testimonio del profundo vínculo que compartieron.

Mientras Blanca Estela nos muestra las cartas, la emoción se hace palpable en el aire.

“Yo siempre lo voy a recordar como el hombre que me enseñó lo que es el verdadero amor. Para él, siempre fui su ‘gato’”, concluye con una sonrisa melancólica.

Con el paso del tiempo, los recuerdos siguen vivos.

A pesar de la partida de Javier Solís, su legado sigue presente en cada rincón de la casa, en cada carta, en cada objeto que Blanca Estela conserva con tanto cariño.

“Siempre lo llevaré en mi corazón”, dice, mientras mira hacia el pasado con una expresión llena de amor y gratitud.