Álvaro Uribe y el Centro Democrático enfrentaron fuertes rechazos y protestas en Chía y Zipaquirá, donde ciudadanos expresaron a gritos su oposición al regreso del uribismo.

El partido de extrema derecha, Centro Democrático, continúa su recorrido por diversas regiones de Colombia, liderado por el expresidente Álvaro Uribe Vélez, quien ha sido objeto de críticas y rechazos en sus recientes apariciones.
Este año electoral, que culminará en las elecciones del 8 de marzo de 2026, ha llevado a Uribe a intensificar sus actividades proselitistas, buscando recuperar el poder que ha perdido en los últimos años.
En su visita a Chía y Zipaquirá, Uribe se encontró con una respuesta contundente de los ciudadanos.
“Los colombianos tienen memoria”, afirmaron algunos de los asistentes, quienes recordaron la historia de descontento hacia el uribismo.
Durante un evento en Chía, los ciudadanos manifestaron su rechazo con gritos y carteles, dejando claro que “no queremos que regrese el uribismo”.
La situación se tornó tensa cuando un grupo de personas comenzó a corear: “Uribe para el pueblo, ¡fuera Uribe!”, evidenciando el descontento generalizado hacia su figura y su partido.
A pesar de los intentos de Uribe por presentar su mensaje, los ciudadanos no dudaron en expresar su descontento.
“Álvaro Uribe, hermano de un paramilitar, no tiene cabida en nuestro país”, gritó una mujer entre la multitud.
Este tipo de reacciones se repitieron en varios puntos de su recorrido, donde los ciudadanos recordaron las promesas incumplidas y las políticas que, según ellos, han llevado a la desigualdad y al sufrimiento de muchos colombianos.
El expresidente, en su defensa, intentó justificar su presencia y la de su partido, argumentando que “la extrema derecha está desesperada por volver al poder”.
Sin embargo, sus palabras no lograron calar en un público que, visiblemente enojado, le recordó sus años en el gobierno.
“¿Por qué ahora se acuerdan de nosotros?”, cuestionó un joven, refiriéndose a la falta de atención de los políticos hacia las regiones durante sus mandatos.
Durante su discurso, Uribe pronunció: “Presidente Petro, muy bien el salario mínimo.
Pero, ¿por qué vas a dejar a Colombia quebrada?”.
Sus palabras fueron recibidas con risas y gritos de desaprobación.
“Si por la extrema derecha fuera, los trabajadores no tendrían ni un peso”, replicó un asistente, evidenciando el descontento hacia las políticas económicas propuestas por el uribismo.
El rechazo hacia Uribe fue palpable no solo en el ambiente, sino también en las redes sociales, donde los ciudadanos compartieron videos y testimonios de las manifestaciones en su contra.
“Chía también se manifestó contra el matarife.
Colombia aborrece al monstruo del uribismo”, escribió un usuario, reflejando el sentimiento colectivo que se ha gestado en torno a la figura del exmandatario.
Por otro lado, el partido del Pacto Histórico, liderado por Gustavo Petro, ha comenzado a ganar terreno en estas mismas regiones.
Durante las manifestaciones, se escucharon voces que apoyaban a Iván Cepeda, un candidato que ha prometido un cambio en la política colombiana.
“Cuidaremos de nuestros abuelos y abuelas.
Nunca he visto un solo gesto de discriminación frente a nadie”, afirmó una mujer, resaltando las cualidades del precandidato.
La situación se tornó aún más intensa cuando un grupo de manifestantes apareció con pancartas en apoyo a Cepeda, gritando: “¡Sí a la paz, no al uribismo!”.
Este contraste entre el apoyo a Cepeda y el rechazo a Uribe dejó en evidencia la polarización que se vive actualmente en el país.

En medio de esta atmósfera de tensión, Uribe intentó restar importancia a la falta de asistencia a sus eventos, afirmando que “los medios no muestran la realidad”.
Sin embargo, las imágenes que circulaban en redes sociales contaban una historia diferente, donde se podía ver a un Uribe rodeado de un número escaso de seguidores.
La campaña electoral de 2026 se perfila como un campo de batalla entre el uribismo y las fuerzas progresistas que buscan cambiar el rumbo del país.
“No podemos permitir que el uribismo pase en este año.
Hay que castigar a estas personas en las urnas”, concluyó un manifestante, reafirmando el compromiso de muchos colombianos con un futuro diferente.
La situación en Chía y Zipaquirá es un claro ejemplo de cómo la memoria colectiva de los ciudadanos puede influir en el panorama político.
Mientras Uribe intenta recuperar el terreno perdido, los colombianos están decididos a hacer oír su voz y a luchar por un país más equitativo y justo.