La ambigüedad de Claudia López sobre un eventual apoyo a Paloma Valencia en segunda vuelta desata una fuerte controversia en plena recta final hacia las elecciones presidenciales del 31 de mayo de 2026

 

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A menos de dos meses de las elecciones presidenciales previstas para el 31 de mayo de 2026, el panorama político colombiano se intensifica con controversias públicas, acusaciones cruzadas y definiciones que evidencian las tensiones ideológicas en el país.

En el centro del debate se encuentra la exalcaldesa de Bogotá, Claudia López, cuya ambigüedad frente a un eventual apoyo en segunda vuelta ha generado fuertes reacciones desde distintos sectores.

El detonante reciente fue una serie de declaraciones en las que López dejó abierta la posibilidad —aunque sin confirmarla— de votar por Paloma Valencia, figura clave del partido Centro Democrático y cercana al expresidente Álvaro Uribe Vélez.

“No sé”, respondió López cuando fue consultada directamente sobre si respaldaría a Valencia en una eventual segunda vuelta, una frase breve que bastó para desatar una tormenta política.

El comentario fue interpretado por críticos como una señal de alineamiento con la derecha, cuestionando la coherencia de quien durante años se presentó como una figura independiente o de centro.

Entre las reacciones más contundentes estuvo la del influenciador político Levy Rincón, conocido por su estilo directo.

“Usted se abanderó de denunciar la parapolítica para después decir que va a votar por la candidata del fundador del paramilitarismo en el Congreso”, afirmó, en una de sus intervenciones más replicadas.

 

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La polémica no se limita a López.

También involucra al actor Diego Trujillo, quien reavivó debates al expresar en redes sociales su disposición a votar por Valencia o por Juan Daniel Oviedo en segunda vuelta.

La declaración contrasta con publicaciones pasadas del actor, como un mensaje de 2014 en el que criticaba duramente a la derecha: “No puedo imaginar que tanta gente apoye a la ultraderecha, la dictadura, el horror de la guerra”.

Este aparente giro ideológico fue rápidamente señalado por críticos, incluyendo al propio Rincón, quien ironizó: “¿Entonces vas a votar por la marioneta de Uribe?”.

La senadora Marta Peralta también intervino: “El que vota por Paloma y Oviedo vota es por Álvaro Uribe y su regreso al poder”.

En paralelo, el nombre de Roy Barreras entró en la discusión tras rumores sobre un posible acercamiento a la campaña de Valencia.

La versión fue difundida por el periodista Jacobo Solano, lo que provocó una respuesta inmediata de Barreras, quien rechazó categóricamente cualquier posibilidad de alianza.

“No existe posibilidad alguna de que yo vote por el falso centro de la pareja uribista Paloma-Oviedo”, afirmó Barreras.

En un tono contundente, agregó: “Primero tendrían que resucitar los 6.402 inocentes asesinados y pedir perdón sobre el cadáver de las víctimas”.

Su declaración hace referencia a los llamados “falsos positivos”, uno de los episodios más controvertidos del conflicto armado colombiano.

 

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Barreras también reivindicó su papel en la defensa de las víctimas y la paz: “Son los mismos 15 años que llevo defendiéndolas en debates públicos”.

Su intervención fue vista como un intento de marcar distancia no solo con la derecha, sino también con sectores que él considera ambiguos.

Otro actor en la controversia es Daniel Briceño, quien rechazó de manera tajante cualquier acercamiento de Barreras a la campaña de Valencia: “Sobre mi cadáver entra Roy Barreras a esta campaña”.

Sin embargo, sus declaraciones también generaron críticas por lo que algunos consideran una doble vara frente a figuras cuestionadas dentro de su propio sector político.

El trasfondo de esta disputa gira en torno a una cuestión central: la existencia —o no— de un verdadero “centro” político en Colombia.

Mientras algunos defienden la necesidad de una posición moderada, otros sostienen que dicha postura es, en realidad, una estrategia que encubre alineamientos con la derecha tradicional.

En este contexto, López ha insistido en defender su independencia: “Mi único voto es por la nueva historia que represento”, afirmó.

Sin embargo, también reconoció dudas sobre las opciones en contienda: “Mi duda es si la izquierda y derecha con las que compito son puro lobo con piel de oveja o realmente tienen una oferta no sectaria y fiable para el futuro”.

 

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Sus palabras no han logrado disipar las críticas.

Para sus detractores, la ambigüedad en un momento político clave equivale a una toma de posición implícita.

Para sus defensores, en cambio, refleja la complejidad de un escenario electoral altamente polarizado.

La figura de Paloma Valencia también ha sido objeto de cuestionamientos.

Sus posiciones sobre temas como el conflicto armado, los derechos de las minorías y el papel del Estado han sido interpretadas por opositores como representativas de una línea dura dentro de la derecha colombiana.

Mientras tanto, el debate sigue escalando en redes sociales y medios de comunicación, evidenciando una campaña electoral marcada por la confrontación ideológica y la redefinición de alianzas.

En un país con una historia política compleja, las declaraciones, los silencios y las dudas pesan tanto como las decisiones explícitas.

Con el calendario electoral avanzando rápidamente, las posturas de figuras como Claudia López serán determinantes no solo para sus propias aspiraciones, sino también para el equilibrio de fuerzas en una contienda que promete ser una de las más disputadas de los últimos años.