El Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA) ha registrado más de 164 mil pasajeros y 1,233 vuelos durante la Semana Santa, mostrando una ocupación completa de las rutas disponibles

 

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En medio de un intenso debate público y político, el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA) sigue siendo uno de los proyectos de infraestructura más discutidos en México, cuatro años después de su inauguración el 21 de marzo de 2022.

Concebido como un complemento al saturado Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM), esta obra ha generado narrativas encontradas entre quienes celebran su funcionamiento y quienes aún cuestionan su utilidad real.

Recientemente, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo divulgó cifras del periodo vacacional de Semana Santa, asegurando que el AIFA registró más de 164 mil pasajeros y 1,233 vuelos de lunes a domingo, con plena ocupación de las rutas disponibles, lo que, según ella, refleja una “alta demanda” de los usuarios.

Estas declaraciones se convirtieron en el centro de un debate mediático, con voces críticas que insisten en calificar al aeropuerto como poco utilizado o insuficiente, utilizando imágenes de pasillos vacíos para sostener su argumentación durante los días de alta movilidad.

En este contexto, el periodista y documentalista Epigmenio Ibarra, conocido por su cercanía con el actual gobierno, ha adquirido protagonismo narrando otra visión del AIFA: una obra del pueblo y un símbolo de la transformación nacional.

Su documental, titulado Una obra del pueblo, se presenta no como un simple registro técnico, sino como una crónica humana y política de la construcción del aeropuerto.

 

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Ibarra ha señalado que la obra representa una participación activa del Ejército mexicano, un actor que tradicionalmente fue asociado a operaciones militares, pero que en este proyecto desempeñó un papel central en la ingeniería, planificación y ejecución de la infraestructura.

La narrativa busca, según él, reivindicar la misión constitucional del Ejército como constructor del desarrollo nacional.

En el documental, Ibarra incluye testimonios que retratan el día a día de los trabajadores y el significado de ver una infraestructura concluir su construcción después de años de polémica.

Relatos como este, donde trabajadores entonan el himno nacional al iniciar su jornada, se presentan como imágenes emotivas que reflejan la magnitud del proyecto.

Según testimonios mencionados dentro del documental y en conversaciones públicas, el propio presidente Andrés Manuel López Obrador reflexionó durante la fase inicial de esta obra sobre dilemas técnicos y políticos que llevaron a cancelar el antiguo Aeropuerto de Texcoco, proyecto que se encontraba en ejecución y que fue suspendido tras una consulta ciudadana en 2018.

 

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En el material producido por Ibarra, se cita la idea de que “los ingenieros mexicanos son capaces de cualquier cosa, se puede construir un aeropuerto en el mar”, una frase que señala la confianza del mandatario en la capacidad nacional, aunque también subraya sus críticas a la corrupción y a manejos anteriores que, según él, impedían la culminación de obras importantes.

La narrativa del documental y de sus defensores contrapone la construcción del AIFA con las acusaciones de corrupción que marcaron a proyectos anteriores, planteando que la obra actual representa una victoria sobre viejas prácticas de negocio y favorece una infraestructura más eficiente y menos costosa para el país.

No obstante, esta visión contrasta con análisis recientes que señalan que el AIFA aún no ha alcanzado las proyecciones originales de pasajeros planteadas en su planificación.

Un informe externo indica que, a pesar de un crecimiento gradual, el aeropuerto aún opera por debajo de los volúmenes esperados, lo que ha reactivado la crítica sobre su coste-beneficio y planificación.

 

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Entre la discusión mediática, también se ha planteado que las disputas sobre el AIFA reflejan tensiones más amplias respecto a la infraestructura nacional, la política pública, y el papel del Estado frente a voces críticas externas e internas.

Este contraste se evidencia en la polarización entre quienes describen al aeropuerto como un “megaproyecto insuficiente” y quienes lo ven como un símbolo del desarrollo social y económico que debe consolidarse con el tiempo.

Una obra de infraestructura, como la definió Sheinbaum al recomendar la visualización del documental, no solo es una terminal aérea, sino también parte de una narrativa más amplia de cómo México elige sus destinos de desarrollo y qué roles asigna a sus instituciones y fuerzas productivas.

A medida que el debate continúa, el AIFA se mantiene en el centro de la conversación pública mexicana, tanto por su funcionamiento práctico como por el significado político que distintos sectores le atribuyen.

En este diálogo nacional convergen cifras, emociones, proyecciones y críticas, en una obra que simboliza —para unos— la modernización aeroportuaria y —para otros— un costoso experimento con múltiples interpretaciones.

En definitiva, la historia del AIFA no termina en sus cifras de pasajeros o su infraestructura física, sino en la disputa de narrativas que este aeropuerto representa en el México contemporáneo: entre la visión oficial de una obra del pueblo y las voces críticas que siguen cuestionando su verdadera eficacia y destino.

 

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