Diosdado Cabello mantiene a la mayoría de los presos políticos en Venezuela como instrumento de control y poder.
Diosdado Cabello, figura omnipresente del chavismo y actual presidente de la Asamblea Nacional Constituyente, se aferra al control sobre los presos políticos en Venezuela como su último bastión de poder.
En un contexto donde la comunidad internacional observa con preocupación, las liberaciones parciales de detenidos han sido interpretadas por muchos como “mensajes calculados” hacia el exterior, mientras que la gran mayoría de los presos políticos continúan tras las rejas.
“En Venezuela, la palabra libertad ha sido prostituida por décadas de represión”, afirma Génesis Pérez, quien ha investigado a fondo la situación de los detenidos.
“La supuesta apertura anunciada tras la captura de Maduro se ha convertido en una caricatura amarga”, añade, refiriéndose a las excarcelaciones condicionadas que han dejado a muchos aún sometidos a procesos judiciales viciados.
Mientras que organizaciones como Foro Penal documentan más de 800 presos políticos, algunos informes elevan esta cifra a más de 1000.
Sin embargo, apenas un 1% ha logrado obtener su libertad, lo que la congresista estadounidense María Elvira Salazar ha calificado como un “secuestro político”.
“Esto no es justicia ni buena fe”, sentencia.
Las liberaciones, lejos de ser un acto de clemencia, son vistas como una estrategia de Cabello para mantener su control.
“Los liberan por las buenas o asumirán las consecuencias”, advierte un familiar de uno de los detenidos, quien ha pasado días frente a las puertas del Helicoide, esperando noticias de su ser querido.

El régimen utiliza la libertad humana como una moneda de cambio diplomática, especialmente frente a presiones internacionales de figuras como Donald Trump y mediadores como José Luis Rodríguez Zapatero.
“Agradecemos al presidente Zapatero, quien ha sumado todas sus capacidades para trabajar en conjunto por la convivencia nacional”, dice Cabello, reconociendo la influencia de estos actores en el proceso de mediación.
Sin embargo, detrás de cada excarcelación hay un entramado de negociaciones que pone de manifiesto la falta de voluntad del régimen para liberar a todos los presos políticos.
“La mayoría de los presos políticos del último año han sido arrestados bajo patrones de persecución que Cabello consolidó como brazo represivo”, señala Pérez.
Detenciones arbitrarias, incomunicaciones sistemáticas y procedimientos judiciales irracionales son solo algunas de las tácticas utilizadas para mantener el control.
La presión internacional ha aumentado, pero Cabello se muestra imperturbable.
“Cada prisión no es un error de administración, es una demostración de que todavía puede infligir daño”, explica un analista político.
Esta táctica de miedo ha encontrado resistencia en un contexto de creciente descontento popular y exigencias de justicia.

“No existe libertad plena, porque es una libertad condicionada a una serie de restricciones”, enfatiza un activista.
La angustia de las familias de los detenidos es palpable, y la falta de transparencia por parte del régimen solo agrava su sufrimiento.
“La ausencia de información afecta la integridad psicológica de los familiares”, agrega un portavoz de Derechos Humanos.
En medio de esta crisis, la figura de Cabello se ha transformado en un símbolo de la represión.
“No ha cedido ni un centímetro de control sobre quién sale o quién queda”, comenta un exiliado venezolano.
Cada lista recortada y cada proceso postergado llevan la firma invisible de una decisión política.
El panorama es desolador.
“La batalla por la dignidad y la libertad de un pueblo contra un aparato que conserva la represión como su último bastión de control es cada vez más evidente”, concluye Pérez.
La lucha por la liberación de los presos políticos se ha convertido en una cuestión de dignidad nacional, donde cada día que pasa sin que se realicen excarcelaciones masivas reafirma la cruda realidad: en Venezuela, el verdadero poder se ejerce en las sombras, donde Diosdado Cabello decide quién vive libre y quién sigue encerrado.
La situación en Venezuela continúa siendo crítica, y mientras la comunidad internacional observa con atención, el régimen de Cabello se aferra a su control, dejando a miles de venezolanos atrapados en un ciclo de opresión y desesperanza.
