Gloria Castañeda relató cómo descubrió a Yeison Jiménez cuando era un joven desconocido y lo apoyó desde sus primeras presentaciones, incluso en un burdel del centro de Bogotá.

Antes de llenar el estadio El Campín, antes de las millones de reproducciones y de convertirse en el fenómeno que es hoy, Yeison Jiménez dio su primer concierto en un burdel en el centro de Bogotá.
En una emotiva conversación, Gloria Castañeda, la mujer que apostó por él cuando nadie lo conocía, relata cómo fue ese camino lleno de desafíos, disciplina y un talento puro que comenzó en el barrio Santa Fe.
“Lo conocí en unas fiestas de la cordialidad en Manzanares, donde nació Jason.
Estaba muy de moda un tema de Jonales Castaño, y yo vi que ese niño cantaba muy bien.
Le di una propina y le dejé mi tarjeta, diciéndole que si algún día me quería buscar, ahí estaba”, recuerda Gloria con nostalgia.
Pasaron meses hasta que un día recibió una llamada: “Hola, soy Jason, el muchacho de Manzanares, al que le diste la tarjeta”.
Desde ese momento, comenzó una relación que cambiaría sus vidas.
La primera vez que Jason llegó al lugar donde Gloria lo recibiría, lo hizo nervioso.
“Era normal que tuviera miedo, no conocía nada de eso.
Yo me encargué de darle seguridad, y cuando la gente empezó a decirme que él era ‘fastidioso’, yo sabía que tenía algo especial”, dice Gloria.
Su apoyo fue fundamental; no solo le ofreció un espacio para cantar, sino que también le brindó consejos y lo animó a expresarse mejor en el escenario.
“Jason, hoy vamos a cantar toda la noche”, le decía Gloria, quien se convirtió en su mentora.
“Nunca le tuve que decir nada sobre su voz, él tenía una energía que no he visto en otro artista”.
Y así, de a poco, Jason fue tomando confianza, y las presentaciones se convirtieron en una verdadera parranda.

Gloria recuerda con cariño esos días: “Cuando decidí hacerle su primer concierto formal, ya había pasado casi un año.
Empecé a conseguirle ropa y a promocionarlo, porque la gente empezaba a notar su talento”.
La creación de un pendón con su foto fue un momento emocionante para ambos, y Gloria se dedicó a empapelar su lugar con afiches de Jason, convencida de que él iba a ser grande.
Sin embargo, el camino no fue fácil.
“Cuando vi que empezaron a llevárselo para un lado y para el otro, le dije: ‘Si quieres ser grande, no puedes ser borracho.
Tienes que tener disciplina’”, recuerda Gloria.
Jason nunca fue arrogante; al contrario, siempre mostró gratitud y respeto hacia ella.
A medida que el éxito de Jason crecía, también lo hacía la presión.
“Él se deprimía bastante, yo lo vi llorar muchas veces.
Tenía una responsabilidad muy grande para su edad”, confiesa Gloria.
A pesar de los altibajos, ella siempre estuvo a su lado, apoyándolo en cada paso de su carrera.
“Cuando empecé a llevarlo a otros bares, la gente se dio cuenta de que había talento.
Yo siempre le decía: ‘Jason, tienes que encontrar tu propia identidad, no cantes como otros artistas’”, recuerda.
Con el tiempo, Jason fue consolidándose como un artista, dejando atrás su vida en Corabastos, donde vendía aguacates.

La vida de Gloria también tuvo sus desafíos.
Desde pequeña, había enfrentado el maltrato y la adversidad.
“A los 13 años, estuve en un grupo de las FARC.
Uno de niño piensa en cobrar venganza, pero yo quería ser diferente”, explica.
A pesar de su tumultuosa juventud, Gloria logró salir adelante y se convirtió en una figura respetada en su comunidad.
El destino de Jason y Gloria se entrelazó de tal manera que, incluso después de que él alcanzara la fama, nunca olvidó sus raíces.
“La última vez que lo vi fue hace tres años.
Me sorprendió mucho.
Lloramos juntos y recordamos esos momentos en los que él estaba empezando”, dice Gloria, con lágrimas en los ojos.
“Jason siempre me decía: ‘Glorita, te quiero mucho’”.
La trágica noticia de su fallecimiento dejó una profunda huella en Gloria.
“Me duele, porque no solo era un artista, era un ser humano increíble.
Siempre quise que la gente lo respetara, y él lo hizo”, reflexiona.
La conexión que formaron en aquellos primeros días sigue viva en su memoria, y su legado perdurará en la música que tanto amó.
Gloria Castañeda no solo fue la primera persona en creer en Yeison Jiménez, sino que también se convirtió en un pilar para muchos otros artistas.
“Ayudé a muchos jóvenes, no solo a Jason.
Siempre quise que tuvieran la oportunidad de brillar”, concluye, dejando claro que su historia es una mezcla de amor, sacrificio y pasión por la música.