La reunión entre Gustavo Petro y Donald Trump en la Casa Blanca proyectó una imagen de diálogo cordial y fortaleció la posición internacional del presidente colombiano.

El pasado 3 de febrero de 2026, Colombia vivió un día trascendental que resonó no solo en el país, sino también a nivel internacional.
La reunión entre el presidente Gustavo Petro y el mandatario estadounidense Donald Trump capturó la atención de los medios de comunicación y la opinión pública.
Este encuentro, cargado de simbolismo, se convirtió en un punto focal para el debate político en Colombia, especialmente en el contexto de la oposición uribista.
Gustavo Petro, al llegar a la Casa Blanca, mostró una postura segura y digna.
En sus propias palabras, “Colombia no se vende, tenemos dignidad y seguridad”.
Estas declaraciones resonaron fuertemente en un país donde la polarización política ha marcado la pauta en los últimos años.
Durante la reunión, Petro no solo buscó fortalecer la relación bilateral, sino también demostrar que su gobierno tiene un compromiso firme con la soberanía nacional.
Las reacciones de la oposición no se hicieron esperar.
María Fernanda Cabal y Lina María Garrido, figuras prominentes del uribismo, expresaron su descontento a través de las redes sociales, evidenciando su frustración ante el éxito de la reunión.
“La extrema derecha está desesperada”, comentó un analista político, reflejando el clima de tensión que se ha apoderado del país.
En medio de este escenario, el presidente Petro continuó su discurso, afirmando que “los vendepatrias querían que me capturaran en Estados Unidos, pero eso no sucedió”.

El encuentro culminó con una serie de fotografías que mostraron a Petro y Trump en un ambiente cordial.
En una de ellas, Trump escribió: “Gustavo, un gran honor, amo a Colombia”.
Este gesto fue interpretado como un respaldo a la gestión del presidente colombiano, lo que intensificó aún más las críticas de la oposición.
“Los uribistas están nadando en lágrimas”, comentó un seguidor del presidente, subrayando el impacto que tuvo la reunión en la percepción pública.
La importancia de este encuentro no solo radica en la relación entre ambos presidentes, sino también en el mensaje que se envía a los campesinos colombianos.
Petro llevó consigo una ancheta que contenía café y chocolate producidos por familias que han transitado de cultivos ilegales a economías legales.
“Este producto nace de ese cambio.
En cada grano va nuestro esfuerzo, nuestra esperanza y nuestro compromiso de seguir construyendo un camino legal y digno”, explicó Petro durante su discurso.
Este gesto simboliza la lucha del gobierno colombiano contra el narcotráfico y su compromiso con el desarrollo rural.

La portavoz de la Casa Blanca, Caroline Levit, también destacó que fue Trump quien invitó a Petro a la Casa Blanca, desmintiendo así las afirmaciones de la oposición que insinuaban que Petro había suplicado por una reunión.
“El presidente Trump le ofreció al presidente Petro resolver sus problemas en un diálogo directo”, afirmó Levit, reforzando la idea de que la relación entre ambos países puede mejorar.
Sin embargo, la oposición no tardó en reaccionar.
“Pésima noticia para el petrismo y muy buena para el resto de los colombianos”, escribió Cabal en sus redes sociales, centrándose en aspectos superficiales como la vestimenta del presidente.
Esta crítica fue rápidamente contrarrestada por seguidores de Petro, quienes defendieron la importancia de la dignidad y el respeto en la política.
“El presidente Gustavo Petro no está ante Trump, ambos son presidentes y merecen el mismo respeto”, argumentó un comentarista en redes.

Mientras tanto, la embajada de Colombia en Estados Unidos se convirtió en un escenario de celebración.
Los colombianos en el exterior recibieron a Petro con aplausos, destacando la conexión emocional que existe entre el presidente y su pueblo.
“Gustavo Petro es un fenómeno y un líder no solo para Colombia, sino para el mundo”, comentó un asistente al evento, reflejando el apoyo que Petro sigue recibiendo a pesar de las críticas.
A medida que el día avanzaba, se hacía evidente que la reunión había fortalecido la imagen de Petro tanto a nivel nacional como internacional.
“Esta reunión es un paso hacia la dignidad que le fue arrebatada a Colombia por la derecha durante años”, concluyó un analista político, enfatizando la relevancia de este encuentro en el contexto actual del país.
En resumen, la reunión entre Gustavo Petro y Donald Trump no solo marcó un hito en la política colombiana, sino que también evidenció la resistencia de un gobierno que busca construir un futuro diferente para el país, lejos de las sombras del pasado.
La oposición, por su parte, se enfrenta a un desafío mayor: cómo responder a un presidente que ha logrado mantenerse firme y digno en el escenario internacional.
