Gabriela Siria, hija de Javier Solís, comparte cómo la voz y legado de su padre siguen presentes en su vida cotidiana

 

 

Gabriel Siria Levario, conocida como Gabi Siria, vive con la huella indeleble de Javier Solís, el legendario cantante y actor mexicano cuyo nombre real fue Gabriel Siria Levario y cuya voz marcó a toda una generación como “El Rey del Bolero Ranchero”.

Solís, nacido en la Ciudad de México en 1931 y fallecido prematuramente en 1966, dejó un legado extraordinario con más de 300 canciones grabadas y una profunda influencia en la música ranchera y el bolero que aún perdura en el imaginario popular latinoamericano.

Creció en un ambiente lleno de admiración popular, donde incluso al salir al mercado la música de su padre lo rodeaba por todas partes.

“Es mi papá, ¿no?”, recuerda Gabi con orgullo al escuchar a vendedores y transeúntes entonar sus canciones favoritas.

Esta conexión emocional es constante en su vida cotidiana: “Sí, sí sé quién canta.

Es el mejor cantante del mundo”, relata con una sonrisa tras el comentario de un fanático que la abordó al reconocer la voz de su padre.

Para Gabi, la figura de Javier Solís ha sido mucho más que un ícono musical.

Fue una presencia ausente en lo físico, sí, pero siempre viva en la voz que sigue emocionando a generaciones.

“Nos hizo falta, lo extrañamos y gracias”, confiesa en un momento de profunda emoción, palabras que condensan el sentimiento de una hija que aprendió a convivir con una leyenda que no estuvo en casa, pero sí en los corazones de millones.

Desde temprana edad, Solís enfrentó la adversidad y la convirtió en fuerza creativa.

Aunque muchos creían que su origen era en Nogales, Sonora, en realidad nació en la Ciudad de México y trabajó en oficios humildes antes de alcanzar la fama, desde panadero y carnicero hasta cantante en plazas y restaurantes, donde su voz barítono empezó a destacar.

 

Homenaje a Javier Solis en las Clásicas del Amor en el Teatro Cafam –  Verbien magazín

 

Su ascenso fue meteórico: firmó con una compañía discográfica a mediados de la década de 1950, y canciones como “Llorarás, llorarás” lo encumbraron como estrella, redefiniendo el bolero ranchero y conquistando escenarios de toda América Latina.

Aunque su estancia en el cine fue breve, protagonizó varias películas que consolidaron su imagen como figura fundamental del entretenimiento mexicano.

Ese éxito también fue una presencia constante en la vida de su familia, aunque la fama provocaba a veces confusiones entre el público.

“Mucho mundo me habla de, ‘¿Eres hija de Javier Solís?’”, recuerda Gabi.

Ante la sorpresa de algunos al notar que su apellido no coincide con el artístico de su padre, ella responde con naturalidad: “Pues fíjate que me puso su nombre justamente, Gabriela Siria”, explicando la vinculación real con el ídolo.

La música siempre ha sido el puente que mantiene vivo ese vínculo.

Entre las canciones que más conmueven a Gabi están temas clásicos como “En tu día”, que revela la profundidad afectiva de la obra de Solís, y otros más intensos como “Inconsolable”, que la han hecho llorar de emoción.

“Cuando la oigo… digo, eso era para mí”, confiesa, reconociendo el impacto emocional que la música de su padre continúa teniendo en su vida.

Más allá de la admiración popular, Gabi también vive con la complejidad que implica ser parte de una familia numerosa de descendientes de Solís, cuya vida amorosa fue extensa y a veces tumultuosa al tener varias parejas y una familia amplia.

Se cree que Solís tuvo hasta nueve hijos de diversas relaciones, aunque solo cuatro son reconocidos como herederos oficiales con actas claras de nacimiento.

 

Javier Solís, el cantante mexicano al que Frank Sinatra admiraba - Infobae

 

Para ella, uno de los recuerdos más cálidos viene de la relación con figuras familiares que la cuidaron en ausencia de su padre biológico.

Francisco “El Charro” Avitia, esposo de la hermana de su madre, fue una figura paterna afectuosa y constante: “Fue mi figura paterna, fue como mi abuelo, fue mi amigo… fue todo para mí”, relata con cariño, describiendo la profunda conexión que tuvo con él.

Esta mezcla de recuerdos personales y el eco cultural de la música de su padre hacen que, aunque físicamente ausente, Javier Solís siga presente en cada rincón de la vida de Gabi.

En cada melodía escuchada en la calle, en cada comentario de admiradores y en cada lágrima que provoca una canción, vive la memoria de un hombre que tocó el corazón de millones.

“No puedes hacer nada contra el destino”, reflexiona Gabi en un momento de honestidad, reconociendo el vacío que dejó Solís, pero también la gratitud por el legado artístico que continúa inspirando a generaciones.

Y en medio de esa mezcla de dolor y orgullo, concluye con una declaración simple pero profunda: “Disfrutar ese pedacito que queda… eso es lo que me queda”.

La historia de Gabriela Siria y Javier Solís es más que un vínculo familiar: es la historia de un legado musical que ha trascendido décadas, transformando la ausencia en presencia y manteniendo viva la voz de uno de los más grandes intérpretes de la música mexicana en cada nota que se escucha en el aire.

 

Gaceta 22