Las autoridades identificaron a cuatro presuntos implicados en el asesinato del empresario Gustavo Andrés Ponte Fonegra y su escolta Luis Gabriel Gutiérrez en Bogotá, tras analizar más de 50 horas de grabaciones de cámaras de seguridad.

El homicidio del empresario arrocero Gustavo Andrés Ponte Fonegra y de su escolta Luis Gabriel Gutiérrez, ocurrido en el norte de Bogotá, dejó de ser un caso sin rostro para convertirse en una investigación con responsables individualizados.
Tras más de 50 horas de revisión de grabaciones de cámaras públicas y privadas, la Policía logró identificar a cuatro presuntos participantes en un crimen que, según las autoridades, fue meticulosamente planificado.
Desde el primer momento, unidades de la Sijín entendieron que no se trataba de un hecho improvisado.
“El ataque no comenzó con los disparos, comenzó con la vigilancia”, explicó un investigador vinculado al caso.
Las cámaras de seguridad de comercios, edificios residenciales, estaciones de servicio y vías cercanas permitieron reconstruir minuto a minuto los movimientos previos al crimen.
Las imágenes revelaron un patrón que llamó la atención de los analistas: presencia constante sin interacción.
Uno de los señalados permaneció frente al gimnasio al que asistía el empresario, sin ingresar ni realizar actividad alguna.
Su ubicación le permitía observar la entrada y salida del establecimiento y verificar si la víctima estaba acompañada.
Para los investigadores, cumplía el rol de campanero.
“Su misión era confirmar el momento exacto en que la protección disminuía”, señalaron fuentes del proceso.
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De acuerdo con la reconstrucción, el instante crítico se producía en la transición entre la salida del gimnasio y el abordaje del vehículo.
Ese punto, considerado el más vulnerable dentro de cualquier esquema de seguridad personal, fue el elegido.
Otro de los implicados, vestido con traje y corbata para pasar desapercibido en una zona empresarial, habría sido el sicario.
Las autoridades creen que la vestimenta no fue casual, sino parte de una estrategia para integrarse al entorno y no despertar sospechas.
El conductor de la motocicleta esperaba sobre la carrera Séptima.
Tras recibir la señal —que, según el análisis, se produjo mediante una llamada telefónica— el atacante caminó cerca de 15 metros, disparó y huyó hacia la vía principal, donde fue recogido.
Un cuarto participante habría brindado apoyo logístico adicional, lo que permitió confirmar que se trató de un operativo coordinado y no de una acción individual.
“El error no fue el ataque, fue el tiempo que permanecieron en la zona”, indicó un funcionario cercano a la investigación.
Las cámaras no solo registraron el momento del crimen y la huida, sino también los recorridos previos, los tiempos de espera y las trayectorias de las motocicletas.
Al cruzar grabaciones de distintos puntos, la Policía logró seguir la ruta completa de desplazamiento, lo que facilitó la individualización de los presuntos responsables.

Sin embargo, aunque el componente material del homicidio comienza a esclarecerse, la motivación permanece en la sombra.
Familiares del escolta aseguraron que no existían amenazas previas conocidas.
“Él nunca manifestó que el empresario estuviera bajo riesgo”, afirmaron allegados, subrayando que la rutina diaria no había sufrido cambios visibles.
Ese elemento resulta clave para los investigadores.
La vigilancia previa detectada en las cámaras indica seguimiento, estudio de horarios y coordinación entre varios actores.
“Cuando un crimen tiene este nivel de preparación, el objetivo no suele ser aleatorio”, explicó otra fuente del caso.
La elección del lugar y la hora sugiere conocimiento detallado de los hábitos de la víctima, información que difícilmente se obtiene sin observación prolongada o datos suministrados.
El ataque fue directo y breve, sin intento de robo ni confrontación previa.
Ese comportamiento, de acuerdo con los analistas, suele asociarse a un objetivo específico más que a un hecho circunstancial.
Por ello, la investigación ahora se orienta a establecer quién pudo haber ordenado el crimen y cuál sería el móvil detrás de la operación.

La familia del empresario lo describe como una persona sin conflictos aparentes y con una vida estable.
Esa percepción no descarta hipótesis, pero obliga a revisar su entorno laboral, relaciones económicas, decisiones recientes y posibles disputas que no fueran públicas.
“Identificar a quien dispara no siempre resuelve el caso; a veces solo muestra la parte visible de la estructura”, advirtió un investigador.
El caso marca un precedente en la capital colombiana por el peso determinante de la tecnología en la resolución inicial.
No fue un testigo presencial quien permitió avanzar, sino la recopilación masiva de registros audiovisuales.
La Policía hizo un llamado a residentes y comerciantes para aportar grabaciones adicionales, consolidando un rompecabezas que permitió reconstruir la secuencia completa.
Todo apunta a que el homicidio fue una operación organizada con vigilancia previa, roles definidos y ruta de escape planificada.
Pero la pregunta central sigue abierta.
El plan fue descubierto, los movimientos fueron reconstruidos y los presuntos ejecutores ya están identificados.
Ahora, la investigación entra en su fase más compleja: determinar quién tomó la decisión inicial y por qué.
Porque en este caso, más allá de cómo ocurrió el crimen, la respuesta que aún falta es la que podría explicar todo lo demás.