Jesús NO dijo ‘Hágase tu voluntad’: El Original en Arameo Revela la VERDAD ✨

El análisis del arameo original muestra que las palabras de Jesús en el Padre Nuestro fueron transformadas por las traducciones y no expresan obediencia pasiva, sino una relación cercana y consciente con lo divino.

 

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En un rincón de la historia, en las montañas de Galilea, la voz de Jesús resonaba con un mensaje que, a través de los siglos, ha sido suavizado y transformado.

“Abul Dibashmaya”, comenzaba, evocando no solo una oración, sino una profunda conexión con lo divino.

Sin embargo, lo que muchos han repetido como un mantra a lo largo de generaciones, esconde una verdad que ha permanecido silenciada: Jesús nunca dijo exactamente “Hágase tu voluntad”.

La investigación bíblica y el estudio del arameo antiguo nos llevan a descubrir el significado original de las palabras de Jesús.

En su dialecto, la palabra que se traduce como “deudas” no solo se refiere a ofensas espirituales, sino a deudas económicas reales.

“¿Por qué cambiaron un mensaje de justicia social por uno de culpa religiosa?”, se pregunta el narrador.

Este cambio no fue casual; revela un intento de ocultar la esencia del mensaje de Jesús.

El “Padre Nuestro”, una de las oraciones más repetidas de la historia, ha sido enseñado sin comprender su verdadera estructura.

“¿Son realmente estas las palabras que Jesús enseñó o solo son la versión que ha sobrevivido después de siglos de traducciones?”, cuestiona el narrador.

Él enfatiza que Jesús habló arameo, un idioma que no separa lo espiritual de lo práctico, donde cada palabra encierra imagen, acción e intención.

 

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Mientras la oración se ha convertido en un ritual casi intocable, el narrador invita a los oyentes a imaginar el momento en que fue pronunciada por primera vez.

“No ocurrió en un templo silencioso, sino en medio de la vida diaria”, dice, sugiriendo que Jesús no estaba construyendo una liturgia, sino ofreciendo una nueva forma de relacionarse con Dios.

Cada frase de la oración fue colocada con intención, y su significado se ha perdido en la repetición.

“Si has llegado hasta aquí, detente un segundo”, advierte el narrador, instando a los oyentes a reflexionar.

La oración no comienza con súplicas, sino estableciendo una relación cercana.

“La palabra arameo no es un título solemne, describe vínculo, no jerarquía”, explica.

La palabra “abún” implica cercanía, una relación viva con lo divino, en contraste con la imagen de un Dios inaccesible.

En el contexto del siglo I, esta elección era provocadora.

Jesús redefine la relación entre lo humano y lo divino, eliminando la distancia.

“El origen es cercano, la presencia es total”, afirma el narrador, resaltando que el Padre Nuestro comienza eliminando la separación entre el ser humano y Dios.

 

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La expresión “Santificado sea tu nombre” ha sido malinterpretada durante siglos.

“No se trata de hacer santo a Dios, sino de que su esencia se manifieste tal como es”, aclara el narrador.

Esta invocación busca que lo divino se revele a través de la vida concreta y no a través de palabras sagradas.

Luego, viene la frase “Venga tu reino”, que en el contexto de la época de Jesús, no era neutra.

“Hablar de otro reino implicaba cuestionar el orden establecido”, menciona el narrador.

Pero el reino que Jesús describe no se impone desde afuera; se construye desde dentro, como un proceso activo que se manifiesta cuando la vida se alinea con la justicia y la compasión.

El narrador continúa: “La oración no comienza desde la carencia, comienza desde la conciencia”.

Solo cuando se establece esta base, el mensaje puede avanzar.

La frase “Hágase tu voluntad” se transforma en una declaración de coherencia.

“No se trata de obediencia ciega, sino de alineación con un orden natural que sostiene la vida”, explica.

Cuando Jesús pide “Danos hoy nuestro pan de cada día”, no se limita a una súplica material.

“El pan representa todo lo que sostiene la vida, no solo el alimento físico”, dice el narrador.

Este llamado enseña a vivir desde la confianza, reconociendo que la existencia tiene múltiples dimensiones que requieren cuidado.

 

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“Perdona nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores”, es otra afirmación potente.

“El perdón no es un acto moral opcional, es un proceso de liberación”, enfatiza el narrador, subrayando que cada deuda no resuelta mantiene al ser humano atado al pasado.

Al perdonar, se suelta una carga que impide avanzar.

Finalmente, la petición “No nos dejes caer en la prueba y líbranos del mal” no busca una vida sin dificultades.

“Lo que se pide no es evitar la prueba, sino no ser abandonados en ella”, aclara.

Esta expresión refleja una profunda confianza en la presencia que sostiene, incluso en los momentos más oscuros.

El recorrido del Padre Nuestro no es fragmentado; es una estructura coherente, diseñada para ser vivida.

“Cada frase prepara la siguiente”, concluye el narrador, recordando que Jesús no improvisó estas palabras.

“Construyó un camino interior condensado en pocas líneas, accesible para cualquiera que estuviera dispuesto a escuchar”.

Al final, queda una pregunta abierta: “¿Qué palabras usarás la próxima vez que la reces?”.

La respuesta no está en las palabras, sino en la conciencia con la que se pronuncian.

Así, el Padre Nuestro se transforma de un simple ritual a un acto consciente de alineación y transformación interior.

 

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