La Casa del Actor en Mixcoac, Ciudad de México, es una residencia fundada en 1944 por iniciativa de Cantinflas para albergar a artistas retirados en situación de vulnerabilidad

 

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En la Ciudad de México, en el histórico barrio de Mixcoac, existe un edificio con 78 habitaciones que guarda una de las realidades más desconocidas del mundo del espectáculo: la Casa del Actor.

Lejos de los reflectores, de las alfombras rojas y de los aplausos que alguna vez llenaron teatros y estudios de televisión, este lugar funciona como una residencia de asistencia para artistas retirados que, tras décadas de carrera, se encuentran en situación de vulnerabilidad económica, médica o emocional.

El origen de este espacio se remonta a la década de 1940, cuando el icónico comediante Mario Moreno, conocido como Cantinflas, quedó profundamente impactado al conocer la situación de dos actrices retiradas, Enriqueta Monjardín y Elvira Tubet, quienes vivían en condiciones precarias tras haber sido figuras reconocidas del cine mexicano.

Conmovido por este abandono, decidió impulsar la creación de un lugar donde los artistas no terminaran sus vidas en el olvido.

Así, el 20 de febrero de 1944 se inauguró oficialmente la Casa del Actor, con el apoyo de grandes figuras de la época como Fernando Soler, Virginia Fábregas, Jorge Mondragón y Jorge Negrete.

La idea inicial era clara: ofrecer un hogar digno a quienes habían dedicado su vida al entretenimiento.

Con el paso del tiempo, el edificio se convirtió en un asilo especializado para actores, actrices, bailarines y trabajadores del medio artístico que ya no pueden sostenerse por sí mismos.

Actualmente, el lugar cuenta con habitaciones sencillas, equipadas con lo básico: una cama, un armario y un baño.

No hay lujos ni comodidades excesivas, pero sí atención médica permanente, enfermería las 24 horas, alimentación completa y espacios comunes para la convivencia.

 

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Además de las habitaciones, la residencia incluye un pequeño teatro con capacidad para alrededor de 200 personas, una capilla y áreas destinadas a actividades recreativas y culturales.

En estos espacios, los residentes conviven diariamente, comparten comidas y participan en dinámicas que buscan mantener activa su vida social y emocional.

Muchos de ellos conservan objetos personales de sus épocas de mayor fama: fotografías antiguas, recortes de prensa, vestuarios de rodaje o premios que recuerdan una vida llena de aplausos.

Para ingresar a la Casa del Actor, los beneficiarios deben haber cotizado durante al menos 15 años en el sindicato de actores de México.

A cambio, reciben una pensión mensual que ronda los 3,500 pesos, la cual en la mayoría de los casos se destina directamente al mantenimiento del propio asilo, cubriendo gastos de alimentación, atención médica y servicios básicos.

Los residentes reciben además una cantidad simbólica mensual para gastos personales, conocida popularmente como “domingo”, que apenas alcanza los 160 pesos.

A lo largo de los años, la institución ha enfrentado serias dificultades económicas.

En distintos momentos ha estado cerca del cierre debido a deudas millonarias y falta de recursos.

Su supervivencia ha dependido de donaciones privadas, eventos benéficos organizados por artistas activos y aportaciones de benefactores que han decidido apoyar la causa.

En algunos casos, incluso derechos de autor donados han permitido mantener el funcionamiento del lugar.

 

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Dentro de este espacio han vivido numerosas figuras reconocidas del cine, el teatro y la televisión mexicana, cuyas historias reflejan el contraste entre la fama y el olvido.

Uno de los casos más recordados es el de José René Martínez, conocido artísticamente como Tuntún, un actor cómico que alcanzó gran popularidad en el cine de los años ochenta.

Su carisma lo convirtió en un rostro recurrente en producciones de comedia, aunque con el tiempo su carrera se fue apagando debido a la falta de oportunidades y problemas personales.

Tras enfrentar dificultades económicas y un divorcio, terminó residiendo en la Casa del Actor, donde pasó sus últimos años en soledad.

Falleció en 1991 a causa de un infarto en su habitación.

Otra figura emblemática fue Wanda Seux, vedette y actriz de origen paraguayo que brilló en los escenarios mexicanos durante las décadas de 1970 y 1980.

Reconocida por su presencia en el cine de ficheras y en centros nocturnos, su vida cambió drásticamente tras enfrentar problemas de salud, incluyendo cáncer y varios derrames cerebrales que afectaron gravemente su movilidad y comunicación.

Poco antes de su deterioro final, ingresó a la Casa del Actor en busca de atención y cuidados.

Falleció en 2020 dentro de la residencia, a los 72 años, tras un derrame cerebral.

El actor Rogelio Guerra, uno de los galanes más reconocidos de la televisión mexicana, también pasó sus últimos años en este lugar.

Protagonista de telenovelas icónicas, su carrera se vio interrumpida por graves problemas de salud, entre ellos insuficiencia renal y Alzheimer, enfermedad que le hizo perder progresivamente la memoria.

En sus últimos meses vivió en la Casa del Actor, donde participó en actividades comunitarias hasta su fallecimiento en 2018, sin recordar completamente su trayectoria artística.

 

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Asimismo, la actriz Alma Rosa Aguirre, figura destacada de la época de oro del cine mexicano, decidió residir en la Casa del Actor en sus últimos años debido a la soledad, a pesar de no presentar problemas económicos graves.

Ella misma expresó en vida que su decisión estuvo motivada por la ausencia de compañía familiar constante.

Falleció en 2025 a los 95 años dentro de la institución, tras haber pasado sus últimos años en convivencia con otros artistas retirados.

Entre los residentes también se encuentra la historia de Sochitel del Rosario, doble de riesgo que trabajó junto a grandes figuras del cine mexicano e internacional.

Con una carrera que incluyó participaciones en producciones como “Apocalypto”, decidió ingresar al asilo tras quedar viuda y enfrentar la soledad.

Actualmente continúa residiendo allí, participando en actividades comunitarias pese a su avanzada edad.

Otro caso destacado es el de Humberto Dupeirón, actor de teatro con una larga trayectoria en el monólogo “El Gorila”, quien decidió entregar su pensión completa a la institución a cambio de cuidados médicos y alojamiento tras ser diagnosticado con esclerosis múltiple.

A pesar de su condición, mantiene el deseo de volver a los escenarios.

 

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El actor Carlos Cardán, con más de 150 producciones en cine y televisión, también pasó sus últimos años en la Casa del Actor, donde falleció en 2016 en silencio, sin grandes homenajes públicos.

Su caso es recordado como el de un intérprete versátil que participó en múltiples telenovelas y películas sin alcanzar el reconocimiento mediático que merecía.

Finalmente, el reconocido actor Joaquín Cordero, uno de los galanes más elegantes de la época dorada del cine mexicano, también residió en este lugar en sus últimos años.

Tras una extensa carrera en cine, teatro y televisión, terminó viviendo en la Casa del Actor, donde falleció en 2013, acompañado por otros artistas retirados que compartían una realidad similar.

Hoy, la Casa del Actor continúa funcionando como un espacio de refugio para decenas de artistas que alguna vez fueron parte fundamental del entretenimiento mexicano.

Sus pasillos conservan la memoria viva de generaciones enteras que marcaron la historia del cine y la televisión, mientras sus residentes siguen enfrentando el paso del tiempo en un lugar creado con la intención de brindar dignidad, cuidado y compañía en los últimos capítulos de sus vidas.