¡La Estela de Mesa: La Piedra que Destruye la Narrativa Islámica Sobre Dios!

La Estela de Mesa, descubierta en 1868 en Moab, es una inscripción antigua que confirma la existencia histórica del reino moabita, sus conflictos con Israel y figuras mencionadas en la Biblia como el rey Omrí.
El texto, escrito por un rey pagano, menciona explícitamente a YHWH y posiblemente a la casa de David, demostrando que estos nombres y creencias ya eran reconocidos incluso por enemigos de Israel.

 

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¿Alguna vez te has preguntado qué sucedería si un rey pagano, sin querer, preservara la historia bíblica en piedra? Esta es la historia impactante de la Estela de Mesa, un descubrimiento arqueológico que ha desafiado las narrativas modernas sobre la religión y la historia.

Hallada en 1868 en la región de Moab, esta monumental inscripción de basalto negro narra la historia de un rey hostil que adoraba a un dios extranjero, pero que, sin saberlo, confirmó la existencia de un Dios que muchos consideran un mito.

La Estela de Mesa no solo es un artefacto antiguo; es un testimonio que habla de un tiempo en el que las fronteras entre naciones estaban marcadas por la guerra, la religión y el poder.

Al este del río Jordán, en lo que hoy es Jordania, esta piedra ha permanecido oculta durante casi 3,000 años, preservando las palabras de un rey que jamás imaginó el eco que tendrían en el futuro.

Este rey, Mesa, hijo de Kemosjat, proclamaba su grandeza y sus conquistas, pero sus palabras revelan mucho más de lo que pretendía.

Antes de la existencia de la Estela de Mesa, el pueblo moabita solo era conocido a través de las páginas de la Biblia.

Muchos académicos dudaban de su existencia, considerándola un mero nombre en textos religiosos sin respaldo arqueológico.

Sin embargo, la piedra cambió todo eso.

Cuando Frederick Klein, un misionero alemán, se topó con la enorme piedra cubierta de escritura antigua, el hallazgo fue explosivo.

Las tribus beduinas locales comprendieron rápidamente su valor, y las tensiones aumentaron cuando las autoridades otomanas reclamaron su control.

La historia se tornó violenta, y los habitantes locales, temerosos de perder la piedra, decidieron destruirla, provocando una fractura en múltiples fragmentos.

 

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Lo irónico es que, incluso en su destrucción, la Estela de Mesa logró sobrevivir.

Los estudiosos habían hecho una copia de la inscripción antes de la fractura, permitiendo que los fragmentos se recuperaran y se ensamblaran como un rompecabezas arqueológico monumental.

La inscripción más extensa jamás descubierta en Moab fue así reconstruida, revelando la historia de una nación que había sido oprimida bajo el dominio israelita.

Mesa narra su sufrimiento bajo el rey Omrí de Israel, quien había sometido a Moab.

Esta afirmación se alinea perfectamente con el relato bíblico, donde Omrí es descrito como un rey poderoso.

La piedra no solo confirma la existencia de reyes y ciudades mencionadas en la Biblia, sino que también ofrece una perspectiva única del conflicto desde el lado moabita.

La brutalidad de la guerra, la adoración a dioses y la lucha por la supervivencia son temas que resuenan a través de los siglos.

Uno de los momentos más impactantes de la estela es cuando Mesa menciona a YHWH, el Dios de Israel.

Este detalle desafía la creencia de que YHWH era un concepto teológico tardío.

Un rey pagano, en su intento de glorificar a su propio dios, reconoce la existencia de un Dios que muchos consideraban desconocido fuera de Israel.

Este reconocimiento de YHWH por parte de un enemigo de Israel es un testimonio poderoso que pone en tela de juicio las narrativas modernas sobre la historia religiosa.

 

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Además, la Estela de Mesa podría hacer referencia a la casa de David, un reconocimiento de la dinastía gobernante de Judá.

Esto es extraordinario, ya que implica que incluso los enemigos de Israel reconocían a David como una figura histórica concreta.

Este hecho, junto con otros hallazgos arqueológicos, sugiere que David no fue una invención posterior, sino un líder recordado por sus rivales.

Lo más fascinante es que esta piedra no busca validar la Biblia, sino que simplemente recuerda.

En un mundo donde las narrativas religiosas a menudo son reescritas, la Estela de Mesa se alza como un testigo obstinado del pasado.

No intenta convencer ni convertir; solo preserva la memoria de un tiempo en el que los dioses eran temidos y reconocidos incluso por aquellos que se oponían a ellos.

La historia que cuenta la Estela de Mesa es una que trasciende la teología y la política.

Nos recuerda que la historia no siempre favorece a quienes desean reescribirla.

A veces, la verdad se queda grabada en piedra, y esa piedra sigue hablando.

La Estela de Mesa nos ofrece una visión clara de un mundo antiguo, donde el Dios de la Biblia ya era conocido, adorado y temido mucho antes de que las religiones posteriores intentaran redefinir el pasado.

En conclusión, la Estela de Mesa no solo es un artefacto arqueológico; es un recordatorio de que la historia es compleja y que las verdades a menudo se encuentran en los lugares más inesperados.

Esta piedra, que fue creada por un rey pagano con la intención de glorificar a su propio dios, se ha convertido en una de las confirmaciones más sólidas de la existencia del Dios de Israel, desafiando las narrativas modernas y abriendo un nuevo capítulo en nuestra comprensión de la historia religiosa.

 

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