Manifestantes en Cali y Neiva rechazaron públicamente a Álvaro Uribe Vélez y Abelardo Esprilla, obligándolos a retirarse entre protestas, gritos y lanzamiento de tomates como símbolo de descontento popular.
En un giro inesperado de los acontecimientos políticos en Colombia, Álvaro Uribe Vélez y Abelardo Esprilla fueron expulsados de las ciudades de Cali y Neiva, respectivamente, en lo que muchos han calificado como una clara manifestación del descontento popular.
La situación se tornó tensa cuando el pueblo, enérgico y decidido, mostró su rechazo hacia estos líderes de la extrema derecha, utilizando tomates como símbolo de protesta.
“Así reciben a Álvaro Uribe Vélez en Cali”, comentó Alfredo Mondragón, mientras las imágenes de la multitud gritante inundaban las redes sociales.
La escena era dantesca: banderas del Centro Democrático eran quemadas, y los gritos de “¡Fuera!” resonaban en el aire.
“El pueblo despertó”, enfatizaban muchos, reflejando un cambio de mentalidad en la ciudadanía que ya no tolera la presencia de figuras políticas que, según ellos, han traído más daño que bien al país.
Por su parte, la representante Erika Sánchez, integrante de la Comisión de Relaciones Exteriores, destacó la importancia del diálogo entre líderes políticos, afirmando que “hablar cara a cara siempre será la mejor opción que gobernar desde la instancia y desde los insultos”.
Este comentario resonó en un momento en que el presidente Gustavo Petro se encontraba en un encuentro significativo con el expresidente estadounidense Donald Trump, lo que generó reacciones mixtas en el país.

Mientras tanto, en Neiva, Abelardo Esprilla intentó llevar a cabo un evento que prometía ser multitudinario, pero se convirtió en un fiasco.
“Aquí están miles y miles de personas firmes por la patria”, proclamaba un vocero de su campaña, aunque la realidad era muy diferente.
“Son más camionetas que gente acompañándolo”, se escuchó entre la multitud, burlándose de la escasa asistencia.
Las redes sociales no tardaron en reaccionar, mostrando imágenes de un evento vacío, con solo “cuatro gatos” presentes, como lo describió un testigo.
La tensión aumentó cuando se mencionó que Esprilla había sido visto en compañía de “alejados de la realidad”, como lo calificó un comentarista.
“Cuatro gaticos con el señor este”, se escuchaba en el video que circulaba por las plataformas digitales, donde se evidenciaba el desprecio que el pueblo sentía hacia el candidato de la extrema derecha.
“Esto es puro show, tarimas, plata para gente de la farándula y cero seguidores”, afirmaba un asistente, dejando claro que el apoyo popular que alguna vez tuvo Esprilla se había desvanecido.
El clamor popular se hizo evidente en las calles, donde la ira se convirtió en acción.
“Queman las banderas del Centro Democrático”, se escuchaba entre los gritos de los manifestantes.
“Nadie los quiere”, expresaban, mientras el sentimiento de rechazo hacia Uribe y Esprilla se consolidaba.
“El pueblo colombiano ya despertó y no quieren saber nada de la extrema derecha en cada uno de los rincones del país”, afirmaba un joven con determinación.
En medio de esta agitación, las palabras de Uribe resonaban vacías: “El pueblo está con nosotros”, decía en un intento por recuperar el control de la narrativa.
Sin embargo, la respuesta fue contundente: “Nadie te come cuento.
Nadie te acompaña”.
La situación se tornó insostenible, y la imagen del expresidente, conocido por su política dura y controvertida, se desmoronaba ante la mirada crítica de un pueblo cansado de promesas incumplidas.
La noche culminó con imágenes de Uribe y Esprilla abandonando los lugares de sus eventos, rodeados de un ambiente hostil.
“Los sacaron a palazo limpio, a punta de tomates”, comentaban algunos, reflejando el descontento generalizado.
“La extrema derecha está asustada”, se escuchaba en las voces de los manifestantes, quienes veían en esta expulsión una victoria del pueblo sobre el autoritarismo.
El eco de estas protestas se expande más allá de Cali y Neiva, simbolizando un cambio en la política colombiana.
“Las cosas como son”, concluyó un orador entre los aplausos, mientras la multitud aclamaba su mensaje de resistencia y esperanza.
El pueblo, decidido a seguir luchando por sus derechos, dejó claro que no cederá ante la presión de aquellos que han intentado silenciar su voz.
Así, la jornada culminó en una clara señal de que la política colombiana está en un punto de inflexión, donde el pueblo toma el control y exige un futuro diferente, libre de las sombras del pasado.
