Enriqueta “La Prieta Linda” dejó una huella imborrable en la música ranchera y el cine mexicano tras grabar más de 50 discos y participar en más de 30 películas

 

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Enriqueta “Queta” Jiménez Chabolla, mejor conocida como La Prieta Linda, nació el 4 de julio de 1933 en Salamanca, Guanajuato, y desde muy joven dejó una marca indeleble en la música ranchera y el cine mexicano.

Con apenas 14 años comenzó a cantar con el Mariachi Vargas de Tecalitlán, y junto a su hermana mayor, Flor Silvestre, formó el dueto Las Flores, que los lanzó al corazón del público mexicano.

A lo largo de su prolífica carrera grabó más de 50 discos, con temas que se volvieron clásicos como “Quieto capulín”, “Mil cadenas” y “Amantes de una noche”, además de participar en más de 30 películas que consolidaron su lugar en la Época de Oro del cine nacional.

Desde el principio, la vida de Queta estuvo ligada a la música y al espectáculo, pero también a los contrastes personales.

Aún con su éxito profesional, algunas voces la acusaron injustamente de haberse aprovechado de la cercanía con su propia familia, especialmente por los rumores que la señalaban de haber tenido una relación con Antonio Aguilar durante ausencias de su hermana Flor Silvestre, situación que nunca fue confirmada y que siempre estuvo envuelta en especulación mediática.

Sin embargo, Queta nunca permitió que las habladurías opacaran su talento y persistió en fortalecer su carrera tanto en los escenarios como en la pantalla grande.

Su participación en el cine no sólo fue extensa sino muy significativa.

Apareció en películas emblemáticas como Bajo el cielo de México y El gallo colorado, mostrando no solo su voz potente sino también su versatilidad como actriz.

Queta compartió créditos con grandes figuras del cine y la música, incluyendo a su propia familia artística, como Antonio Aguilar y su hermana Flor, en filmes como Los alegres Aguilares (1967) y Valente Quintero (1973).

 

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La historia que enorgulleció a muchos y que también consolidó su leyenda fue la amistad con Juan Gabriel.

Cuando el joven cantante Alberto Aguilera Valadez, quien más tarde sería conocido mundialmente como Juan Gabriel, enfrentaba injustamente una acusación de robo y estaba recluido en el penal de Lecumberri, fue Queta quien, gracias a la relación familiar con el director del lugar, intercedió por él.

Recordando ese momento años después, la propia cantante dijo: “Lo acusaron de robo y fue a dar a la cárcel de Lecumberri.

Cuando lo miré […] me dijo: ‘Yo tenía ganas de verte…’ Empezó a llorar y yo también”.

Ese gesto no sólo le salvó la vida al joven compositor sino que cambió para siempre el rumbo de la música mexicana contemporánea.

Además de conseguir su libertad, La Prieta Linda fue quien lo presentó con sellos discográficos importantes y se convirtió en la primera artista en grabar uno de sus temas, el éxito “Noche a noche”, solidificando un vínculo de respeto, admiración y apoyo mutuo que perduró décadas.

En 1980 incluso lanzó el álbum Lo mejor de Juan Gabriel en voz de La Prieta Linda, celebrando esa alianza artística.

Aunque su carrera fue brillante, la vida personal de Queta enfrentó desafíos que la alejaron de los escenarios.

En 1960 contrajo matrimonio con el periodista Raúl Vieyra Campos, con quien tuvo tres hijas: Érika, Velia e Isabel, y mantuvo un hogar sólido hasta la muerte de él en 2006, un golpe profundo que la afectó emocionalmente.

Más adelante, un accidente cuando tenía alrededor de 74 años, donde fue atropellada, dejó secuelas físicas que redujeron su movilidad e incluso su capacidad para hablar con claridad, lo que limitó su presencia pública y artística en sus últimos años.

 

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Pese a estos obstáculos de salud, quienes la conocieron aseguran que su espíritu nunca se apagó del todo.

Siempre se mantuvo orgullosa de su legado, de sus aportes a la música ranchera y de la influencia que ejerció en las nuevas generaciones de artistas mexicanos.

Su voz, aunque debilitada por los años, seguía resonando en las historias de quienes la admiraban por su fuerza, carácter y entrega al arte.

El 21 de septiembre de 2021, La Prieta Linda falleció a los 88 años en la Ciudad de México, según informaron sus hijas, debido a causas naturales relacionadas con la edad y las complicaciones de salud acumuladas con el tiempo.

Las emotivas palabras de su hija Velia en medios de comunicación reflejaron el cariño familiar: “Muy tristes, dolidas pero la disfrutamos muchísimo… le deseo un buen viaje y que todo sea muy lindo”.

Su partida fue lamentada por fanáticos y colegas por igual, quienes recordaron no solo su voz única y su presencia en pantalla, sino también su papel determinante en la historia de Juan Gabriel, el cual marcó un antes y un después en la música latina.

Aunque vivió un retiro forzado por su salud, su legado artístico permanece vivo en discos, películas y recuerdos imborrables para la cultura mexicana.

Enriqueta “La Prieta Linda” murió sin poder moverse ni hablar en los últimos años de su vida, pero jamás perdió la voz en el corazón de quienes la apreciaron.

Su lucha, su talento y su humanidad continúan siendo parte esencial de la historia de la música ranchera y del cine nacional.

 

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