La Revelación de la Historia Desconocida de Jesús a través de la Biblia Etíope
En lo alto de un inaccesible acantilado en el norte de Etiopía, resguardado en un monasterio al que solo se puede ascender arriesgando la vida mediante una cuerda, se custodia una de las versiones más antiguas y censuradas de la historia sagrada.

En un monasterio en el norte de Etiopía, el acceso es un desafío; no hay caminos ni escaleras, y la única forma de llegar es mediante una cuerda atada a la cintura, que un monje tira desde arriba.
Este monasterio alberga un libro antiguo, escrito en Gez, que ha permanecido oculto durante siglos.
Este libro, que tiene aproximadamente 16 años, contiene una versión de Jesús que ha sido suprimida por el cristianismo occidental desde el siglo II.
El autor de este descubrimiento, después de una experiencia trascendental en el monasterio, se siente compelido a compartir lo que ha aprendido.
“Lo que me hizo entender que durante 17 años, lo que la mayoría de los cristianos del mundo conocen de Jesús es una versión recortada”, comentó.
Este libro etíope, que incluye 81 libros, tiene 15 más que la Biblia protestante y 12 más que la católica.
En él, se encuentra un Jesús que nunca ha sido explicado en la catequesis tradicional.
La advertencia es clara: “Si llevas 30 o 40 años con una imagen tranquila de Cristo grabada en la cabeza, lo que voy a contarte va a moverte el suelo”.
El relato comienza con Enoc, un personaje bíblico mencionado brevemente en Génesis 5, donde se dice que “caminó con Dios y desapareció porque le llevó Dios”.
Sin embargo, el libro de Enoc, que existía antes de Cristo y fue confirmado por los rollos del Mar Muerto, ofrece una narrativa rica y detallada de lo que Enoc vio en su encuentro con lo divino.
“Ese libro no es ningún apócrifo medieval; era considerado sagrado por los esenios”, afirmó el autor, quien sostiene que Jesús conocía este libro y lo citó en sus enseñanzas.

La historia del eunuco etíope, que aparece en el libro de los Hechos de los Apóstoles, también es fundamental.
Este funcionario, que regresaba a Etiopía después de adorar en Jerusalén, estaba leyendo un rollo del profeta Isaías.
“¿Entiendes lo que estás leyendo?”, le pregunta Felipe, y el eunuco responde: “¿Cómo podría si nadie me lo explica?”.
Esta interacción es vista como un puente entre el cristianismo primitivo y la fe etíope, que recibió textos sagrados que fueron excluidos en otros lugares.
La tradición etíope sostiene que el arca de la alianza, el objeto más sagrado del Antiguo Testamento, fue llevada a Etiopía por Menelik, el hijo de Salomón y la reina de Sabá.
“La Iglesia Ortodoxa Etíope considera que el arca sigue siendo sagrada, activa y demasiado peligrosa para ser expuesta al público común”, se menciona en el relato.
Este arca, según la tradición, se encuentra en Axum, custodiada por un solo monje que no puede salir del recinto.
Durante su visita al monasterio, el autor se sintió abrumado al abrir el libro sobre la mesa de madera oscura.
“La descripción del Hijo del Hombre no es la que tienes en la cabeza”, dijo.
En lugar de un Jesús suave y joven, el libro presenta una figura cósmica, con “cabeza blanca como lana” y “ojos como llama de fuego”.
Esta representación contrasta con la imagen estandarizada de Cristo que se ha desarrollado en el cristianismo occidental.

El autor también destaca que el libro de Enoc describe a Jesús no solo como redentor, sino también como juez cósmico.
“El Hijo del Hombre removerá a los reyes y a los poderosos de sus tronos”, se afirma en el texto, lo que plantea un desafío a la estructura de poder que ha existido en la iglesia a lo largo de la historia.
“Cuando un texto sagrado se conserva, no se conserva para siempre escondido, se conserva para un momento”, reflexionó el autor, quien cree que el tiempo para revelar estos textos ha llegado.
La importancia de Etiopía en la historia del cristianismo es innegable, ya que ha mantenido una tradición que ha sobrevivido a través de siglos de aislamiento y cambio.
En conclusión, la revelación de la historia desconocida de Jesús a través de la Biblia etíope no solo desafía las narrativas establecidas en el cristianismo occidental, sino que también ofrece una nueva perspectiva sobre la figura de Cristo y su significado en la historia.
“No estoy inventando nada. Estoy mostrando el Cristo que ya estaba allí, escrito, conservado, esperando”, finaliza el autor, dejando a la audiencia con la invitación a explorar estos textos y descubrir por sí mismos la profundidad de la tradición cristiana etíope.
