Paloma Valencia fue sacada por la policía de un recinto del Congreso en medio de abucheos, tras declaraciones polémicas que intensificaron el rechazo del público.

En un evento reciente, la política colombiana Paloma Valencia se encontró en el centro de una tormenta mediática tras ser sacada a empujones de un recinto del Congreso por la policía, en medio de fuertes abucheos por parte del público.
Este incidente ha puesto de relieve las tensiones existentes en la política colombiana y ha generado un intenso debate sobre el papel de los opositores al gobierno de Gustavo Petro.
Valencia, quien ha sido una figura controvertida en la política, hizo declaraciones que han despertado la indignación de muchos.
“No hay ningún opositor de Petro que tenga los logros que yo tengo contra el gobierno”, afirmó con seguridad.
Sin embargo, sus comentarios sobre la gestión del gobierno y su postura hacia ciertos temas sociales han sido objeto de críticas.
En julio de 2022, Valencia mencionó que el Estado había cometido “errores y atrocidades” en relación a los falsos positivos, pero, según sus detractores, su discurso parece haber legitimado esas mismas atrocidades.
“¿Hacer pasar a campesinos por guerrilleros no es la defensa de los ciudadanos?”, se preguntó un opositor durante el debate.
Este tipo de comentarios ha llevado a muchos a cuestionar la ética de Valencia y su enfoque hacia la política.
Además, la propuesta de dividir el departamento del Cauca en territorios para indígenas y mestizos ha sido vista como una medida divisoria, lo que ha generado aún más controversia.
“Esa división también incluirá la separación en los buses y baños como hace un siglo”, criticaron algunos manifestantes.

La situación se intensificó cuando Valencia propuso bloquear el acceso a alimentos y agua a los resguardos indígenas que bloquearan las vías.
“Su solución no es dialogar, sino quitarles el agua y la comida”, denunciaron varios líderes comunitarios.
Esta postura ha sido interpretada como una falta de humanidad y un claro desprecio por los derechos de las comunidades indígenas.
A medida que la tensión aumentaba, Valencia continuó defendiendo su posición.
“Dar subsidios a los ricos no es delito”, argumentó, intentando justificar sus acciones y las de sus aliados políticos.
Sin embargo, su retórica no resonó bien con el público presente, que se mostró cada vez más hostil.
“Usted está defendiendo la plata de los más poderosos de este país.
Los pobres no se alcanzan a pensionar en este país”, le respondieron algunos asistentes.
La situación llegó a un punto crítico cuando la policía tuvo que intervenir para sacar a Valencia del recinto.
“Fue tanto el rechazo que la policía tuvo que sacarla corriendo del lugar”, reportaron testigos.
Este episodio no solo refleja el descontento hacia la política de Valencia, sino también la creciente frustración de la ciudadanía con respecto a la gestión del gobierno y la oposición.
La respuesta de Valencia a estos abucheos fue desafiante.
“No hay necesidad”, dijo, intentando minimizar la gravedad de la situación.
Sin embargo, la realidad es que su presencia en el Congreso ha sido cada vez más cuestionada, y su capacidad para influir en la política colombiana se está viendo seriamente comprometida.

“Es una reforma que, como les dije, es una bomba nuclear”, afirmó Valencia en referencia a la reforma pensional que ha sido objeto de debate.
Su insistencia en tumbarla ha sido clara, y recientemente, su partido presentó una solicitud ante la Corte Constitucional para cuestionar su validez.
“No actuar sobre comunicados de prensa”, fue su consejo a sus colegas, subrayando la importancia de una respuesta más estratégica y menos impulsiva.
La situación de Valencia es un microcosmos de la política colombiana actual, donde la polarización y la falta de diálogo han llevado a un ambiente tenso y hostil.
La gente ya no se siente representada por aquellos que, como Valencia, parecen más interesados en defender intereses personales que en abordar las preocupaciones de la población.
El pueblo colombiano, cansado de las promesas vacías y los discursos divisivos, está demandando un cambio.
“El país ya no es tonto”, se escuchó entre la multitud, un eco de la frustración que se ha acumulado durante años.
Mientras tanto, la figura de Paloma Valencia sigue siendo objeto de controversia y debate, un recordatorio de los desafíos que enfrenta la democracia en Colombia.