Leidy Mora pasó de vender dulces en buses de Bogotá a liderar un estudio digital con más de 30 modelos bajo su dirección

 

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En las calles de Bogotá, entre buses llenos y jornadas largas, comenzó la historia de Leidy Mora.

Antes de convertirse en empresaria, influencer y líder de un estudio digital con decenas de trabajadoras, su realidad era otra: vender dulces siendo apenas una adolescente para sobrevivir en medio de una infancia marcada por la ausencia y la incertidumbre.

“Mi papá apareció en mi embarazo… con él sí sentí demasiado ese hueco paternal porque nunca lo vi”, recuerda Leidy, con una mezcla de firmeza y nostalgia.

Su niñez estuvo atravesada por la inestabilidad familiar.

Su madre biológica enfrentaba problemas personales que la alejaban del hogar, lo que llevó a que su tía, apenas con 18 años, asumiera el rol de madre cuando Leidy tenía solo cinco años.

“Ella nunca estaba… cuando yo la necesitaba me decía: ‘haga lo que quiera’”, relata sobre esos primeros años.

La figura de su tía se convirtió en un pilar fundamental.

Fue quien le dio estabilidad en medio del caos y quien le permitió crecer con una base emocional distinta.

Sin embargo, las heridas del entorno familiar no desaparecieron fácilmente.

La historia de su hermano menor, atrapado en dinámicas difíciles, la sigue marcando profundamente.

“Papi, me da miedo que tengas una sobredosis… me da miedo que te vayas sin que un día te guste tu vida”, le dijo en una conversación reciente, reflejando una preocupación que trasciende lo personal.

 

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A los 20 años, Leidy tomó una decisión que cambiaría su vida.

Entró al mundo del modelaje webcam, un sector rodeado de polémica, pero que para ella representó una oportunidad de independencia económica.

“Yo fui súper escandalosa, le dije a todo internet: soy webcam hace 10 años”, afirma sin rodeos, evidenciando su carácter directo.

El camino no fue sencillo.

“Lo más difícil fue entender que todo mi esfuerzo un día era igual a nada, porque no tenía educación financiera”, confiesa.

A pesar de generar ingresos, enfrentó momentos de desgaste emocional.

“Empiezas a sentirte triste, devastada… fue una etapa muy oscura”, añade, recordando los desafíos psicológicos de esa etapa.

Con el tiempo, Leidy transformó esa experiencia en aprendizaje.

Hoy no solo es creadora de contenido con miles de seguidores en redes sociales, sino también empresaria.

Dirige un estudio en el norte de Bogotá donde trabajan más de 30 modelos, a quienes ofrece acompañamiento y estructura laboral.

Según explica, los ingresos en este sector pueden variar ampliamente.

“Una chica nueva puede hacerse entre 1.400.000 y 2.000.000 pesos el primer mes… tenemos casos de chicas que facturan hasta 18 millones quincenales”, señala.

 

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Sin embargo, también advierte que no es un camino para todos.

Su mensaje hacia otras jóvenes es claro: la disciplina y la preparación son clave, y no recomienda tomar decisiones sin información.

“Voluntad es el inicio de cualquier idea”, afirma, destacando que el éxito no depende solo del dinero, sino de la capacidad de sostenerlo en el tiempo.

Más allá de este negocio, Leidy ha diversificado sus proyectos.

Es tatuadora, diseñadora y emprendedora.

En su estudio de tatuajes encuentra un espacio de expresión personal.

“Siempre quise que tatuarse conmigo fuera una experiencia bonita”, dice mientras describe su estilo artístico, influenciado por lo botánico y lo oscuro.

También ha creado una marca de ropa inspirada en una estética alternativa, que incluso ha extendido al vestuario de su hija, Terra.

“Terra es el lugar donde quiero sembrar lo mejor de mí”, expresa con emoción.

Su maternidad, asegura, ha sido un punto de transformación.

Su hija, de tres años, se ha convertido en su principal motivación.

 

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Su pareja, un ciudadano argentino llamado Will, ha sido un apoyo clave en este proceso.

“Sentía que necesitaba a alguien que la abrazara y no la soltara”, comenta él sobre su relación.

Juntos han construido un proyecto de vida que combina familia y emprendimiento.

En paralelo, la relación con su padre ha tomado un nuevo rumbo.

Tras años de ausencia, él reapareció durante su embarazo, buscando reconstruir el vínculo.

“Uno tiene que ser estratégico para llegar a un hijo cuando no estuvo”, reconoce él, evidenciando un proceso de reconciliación complejo pero significativo.

Hoy, a sus 30 años, Leidy Mora representa una historia de transformación.

De las dificultades de su infancia a la construcción de un negocio propio, su trayectoria refleja la capacidad de reinventarse en medio de contextos adversos.

Aunque su camino genera opiniones divididas, su mensaje se centra en la autenticidad y la resiliencia.

“A muchos no les gusta, me critican, pero aprendí a convertir eso en fuerza”, afirma.

En un entorno donde las oportunidades no siempre son evidentes, su historia se convierte en un testimonio de cómo, incluso en los escenarios más difíciles, es posible construir un nuevo destino.