Michelle Char, reina del Carnaval de Barranquilla, fue víctima de un beso no consentido por parte de un espectador durante el desfile de la Guacherna, hecho que generó indignación y amplio debate público.

La noche de la Guacherna, uno de los eventos más emblemáticos y multitudinarios del Carnaval de Barranquilla, se vio empañada por un hecho que ha generado indignación y debate en la opinión pública.
Michelle Char, reina del Carnaval, fue víctima de un beso no consentido por parte de un espectador en medio del desfile, un acto que ha sido calificado por muchos como una falta de respeto y que incluso podría tener implicaciones legales.
El desafortunado momento quedó registrado en un video que la propia soberana publicó posteriormente en sus redes sociales.
En las imágenes se observa cómo un hombre se acerca a ella con la aparente intención de tomarse una fotografía.
En medio de la euforia del evento y el contacto constante con el público, el sujeto la abraza.
Sin embargo, en cuestión de segundos, la situación cambia: el hombre la sujeta y le da un beso a la fuerza, mientras la reina intenta zafarse.
El gesto, que ocurrió en medio de la algarabía y la emoción colectiva que caracteriza a la Guacherna, fue rápidamente replicado en plataformas digitales, donde miles de usuarios expresaron su rechazo.
Para muchos, lo ocurrido constituye una clara vulneración al respeto y a la integridad de la mujer, más aún tratándose de una figura pública que representa una de las fiestas culturales más importantes del país.

Entre las reacciones ciudadanas, se escucharon voces de indignación que señalaron la gravedad del acto.
“La falta de valores, la falta de respeto hacia la mujer. La mujer es un ser primero que todo de Dios y merece todo el respeto”, expresó una de las personas consultadas.
Otra opinión fue aún más contundente: “La agarr la fuerza es una, o sea, una persona muy abusiva, tiene que aprender a respetar a las mujeres.”
Desde el ámbito jurídico, también surgieron análisis sobre las posibles consecuencias del comportamiento del espectador.
Según expertos, lo sucedido podría encuadrarse en figuras contempladas por la legislación colombiana.
“Lo que sucedió con la reina de carnaval el día de la guacherna puede constituirse en una clara violación a la ley penal denominado injurias por vía de hecho, que consiste en el tocamiento no consentido de una persona afectando su buena imagen y reputación o también de una forma paralela se puede constituir en una clara violación al Código Nacional de la Policía.
” Esta apreciación ha reforzado la discusión sobre los límites del comportamiento en espacios públicos y la necesidad de garantizar la seguridad de las mujeres, incluso en contextos festivos.

En medio de la controversia, la propia Michelle Char decidió pronunciarse para bajar el tono de los ataques y evitar que la situación escalara hacia el señalamiento masivo del presunto agresor.
En un mensaje directo, la reina pidió prudencia y rechazó que se fomentara el odio.
“Oigan, he visto muchos comentarios que hablan sobre el beso de la guacherna y están buscando el usuario del muchacho que lo hizo. Yo no sé si fue con culpa. Yo no fue sin culpa. En realidad era un momento de euforia. Yo estaba abrazando, yo me le estaba tirando encima a la gente. Eh, tal vez me jaló, tal vez fue una mala pasada y quedamos, o sea, no no no sé. Fue un momento simplemente que que todo se salió pues de de control.”
Sus palabras, marcadas por la mesura, sorprendieron a parte de la audiencia que exigía acciones más contundentes.
La soberana añadió: “Pero no debemos fomentar igual odio. Si para mí yo estoy bien, yo estoy bien. No sé, no sé quién es, no lo conozco, pero igual estoy segura que no lo hizo de mala intención.”
Con esta declaración, Michelle Char dejó claro que, aunque el episodio fue incómodo y desafortunado, no desea que se convierta en una cacería digital contra el hombre involucrado.
El episodio ha reabierto un debate recurrente durante celebraciones masivas: ¿hasta dónde llega la euforia colectiva y dónde comienza la vulneración del consentimiento? Diversas asociaciones y colectivos resaltaron la importancia de promover el respeto en todos los espacios, especialmente en aquellos donde la cercanía física puede prestarse a confusiones.
Recordaron que el consentimiento es un principio fundamental que no se diluye en contextos festivos ni bajo el pretexto de la emoción del momento.

El Carnaval de Barranquilla, reconocido como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, es una fiesta que exalta la alegría, la tradición y la identidad caribeña.
La figura de la reina simboliza esa celebración y mantiene un contacto constante con el público, abrazando, saludando y compartiendo con miles de asistentes.
Sin embargo, este rol no implica la renuncia a su derecho a la integridad personal ni al respeto.
Mientras las autoridades evalúan si el caso amerita algún tipo de actuación formal, la discusión pública ha puesto sobre la mesa la necesidad de reforzar campañas de sensibilización sobre el respeto a la mujer y el consentimiento.
Más allá de las intenciones que pudiera haber tenido el espectador, el gesto fue percibido por amplios sectores como un acto inapropiado.
La propia reina, al optar por un mensaje conciliador, ha buscado evitar la polarización y centrar la atención en la importancia de no alimentar el odio.
No obstante, el incidente deja una lección clara en medio de la celebración: la alegría colectiva no puede ser excusa para transgredir los límites personales.
El respeto, como han reiterado múltiples voces, debe ser tan protagonista del Carnaval como la música, el color y la tradición.