Una carta atribuida a José Félix Lafaurie profundizó la crisis del Centro Democrático al afirmar que dentro del partido se conocía la identidad del autor intelectual del asesinato de Miguel Uribe, mientras públicamente se responsabilizaba políticamente a Gustavo Petro.

Una intensa controversia política se desató en Colombia tras la filtración de una carta atribuida a José Félix Lafaurie, documento que profundizó la crisis interna del Centro Democrático y reavivó el debate público alrededor del asesinato de Miguel Uribe Turbay.
El contenido del texto, ampliamente comentado en redes sociales y espacios de opinión, expone tensiones, acusaciones cruzadas y versiones que, aunque ya conocidas en algunos círculos, adquieren una nueva dimensión al ser planteadas desde el interior del propio partido.
En el centro de la discusión aparece una afirmación particularmente delicada.
En uno de los apartes de la carta, Lafaurie sostiene que dentro del Centro Democrático “se conocía la identidad del autor intelectual del atentado contra Miguel Uribe”, una declaración que generó fuertes reacciones al contrastarse con el discurso político que, durante años, responsabilizó al actual presidente Gustavo Petro en términos políticos por el crimen.
La afirmación, presentada como un hecho conocido internamente, abrió interrogantes sobre el manejo del caso y el uso del nombre y la memoria del dirigente asesinado en la confrontación partidista.
Durante una entrevista radial, Lafaurie reiteró su versión y relató episodios previos relacionados con amenazas contra María Fernanda Cabal.

“Ese cuento no es inventado”, afirmó, al recordar que, según su testimonio, el entonces presidente Iván Duque le habría advertido personalmente sobre un riesgo grave contra su familia.
“El director de inteligencia fue a mi casa y nos lo contó”, agregó, señalando que dicha información habría sido posteriormente confirmada también durante el gobierno de Petro, cuando —según dijo— fueron invitados al Palacio de Nariño para hablar del tema.
Estas declaraciones se produjeron en medio del anuncio de la senadora María Fernanda Cabal de su intención de abandonar el Centro Democrático y solicitar autorización para conformar un proyecto político independiente.
De acuerdo con lo expresado por Lafaurie, la decisión estaría motivada por profundas inconformidades internas, presuntas irregularidades en encuestas partidistas y un sentimiento de traición.
En su relato, Cabal habría sido marginada en un momento clave, cuando aspiraba a convertirse en candidata presidencial, favoreciendo finalmente a Paloma Valencia.
El clima interno descrito es el de una colectividad fragmentada, marcada por disputas de poder y estrategias políticas que, según las voces críticas, terminaron erosionando la confianza entre sus miembros.
En ese contexto, la mención reiterada del asesinato de Miguel Uribe Turbay aparece como un punto especialmente sensible, no solo por la gravedad del hecho en sí, sino por las implicaciones éticas de su utilización en el debate público.

Mientras la polémica política crecía, otro episodio, de tono completamente distinto, captó la atención de miles de personas en redes sociales.
Se trató de un video en el que soldados rasos celebran con entusiasmo la llegada de su primer salario mínimo legal vigente, una medida impulsada por el Gobierno nacional.
En las imágenes se observa a los uniformados saltando y bailando, visiblemente emocionados, mientras uno de ellos grita: “¡Te amo, Petro!”, frase que rápidamente se volvió viral.
El hecho fue presentado como un hito para las Fuerzas Armadas, especialmente para los soldados provenientes de sectores populares, quienes históricamente recibieron ingresos muy por debajo del salario mínimo.
Según lo explicado en el mismo espacio de opinión donde se abordó la carta de Lafaurie, los soldados pasaron de recibir alrededor de 300.
000 pesos mensuales a un ingreso equiparado al mínimo legal, tras un proceso de incrementos progresivos.
La escena fue interpretada por muchos como un contraste simbólico entre el clima de confrontación política y una política pública concreta con impacto inmediato en la vida de jóvenes que prestan servicio militar.
“Es impresionante ver la alegría de estos muchachos”, se comentó durante la transmisión, destacando que por primera vez sienten que su labor es reconocida de manera tangible.
El reconocimiento económico no se limitó a los soldados.
En el mismo contexto se informó que estudiantes de medicina en etapa de internado comenzaron a recibir remuneración por su trabajo, algo inédito para miles de jóvenes que durante años realizaron jornadas extensas sin pago.
Un mensaje difundido por Gustavo Bolívar resumió el alcance de la medida: “Ayer 8.
000 estudiantes de medicina recibieron su primer salario mínimo”, resaltando el impacto en su bienestar y rendimiento académico.
Ambos hechos, aunque aparentemente desconectados, confluyeron en el debate público como reflejo de un país en tensión, donde las disputas partidistas conviven con transformaciones sociales que generan respaldo y rechazo en igual medida.
Mientras el Centro Democrático enfrenta cuestionamientos internos y externos por las revelaciones contenidas en la carta de Lafaurie, el Gobierno defiende sus políticas sociales como prueba de un cambio estructural.
La discusión sigue abierta y las reacciones continúan multiplicándose.
De un lado, la exigencia de explicaciones claras frente a afirmaciones que tocan uno de los episodios más dolorosos de la política reciente; del otro, la visibilización de medidas que, para muchos ciudadanos, representan dignidad y reconocimiento largamente aplazados.
En ese cruce de relatos, Colombia observa, debate y toma posición frente a un momento que combina crisis política y transformaciones sociales profundas.