Silvestre Dangond reveló una llamada íntima y cargada de emociones que tuvo con Yeison Jiménez, donde el cantante expresó que todo lo que hacía nacía del amor.

Pocos imaginaban lo que se iba a destapar ahora.
Durante mucho tiempo circularon versiones, miradas esquivas y verdades a medias, pero hoy el panorama se sacude por completo.
En un video reciente, Silvestre Dangond decide hablar sin rodeos sobre la conexión reservada que tuvo con Yeison Jiménez y esa llamada inesperada que recibió de él en un momento crítico.
“Si algún día faltaba, quería que la gente supiera que todo lo que hizo nació del amor”, fueron las palabras que Yeison le compartió, dejando una huella profunda en el corazón de Silvestre.
La conversación fue breve, pero llena de intensidad.
Frases que parecían simples en su momento ahora estremecen por lo que anunciaban sin decirlo.
¿Qué llevó a Yeison a buscar a Silvestre justo en ese instante? ¿Qué palabras quedaron flotando en esa conversación y por qué él prefirió guardarlas tanto tiempo? Silvestre, con la voz entrecortada, recuerda: “No es fácil decir esto sin que se me apriete el pecho, porque los que llevamos la música por dentro sabemos leer silencios y notar cuando algo se desacomoda”.
Su relación no se limitaba a las luces del escenario; se conocieron fuera del show, en momentos tranquilos donde la conversación se volvía honesta.
“Con él no solo se hablaba de canciones, se hablaba de la carga diaria, de la fama que pesa, de lo duro que puede ser ir tan rápido cuando todo el mundo te ve fuerte”, relata Silvestre.
Yeison, con su juventud y éxito, también llevaba una sensibilidad distinta, una lucidez que a veces asustaba.

En más de una charla, Yeison expresó sus inquietudes.
“Me decía que allá arriba, en el cielo, la cabeza no descansa.
El silencio del aire hace que uno piense de más y que la vida se siente frágil, casi prestada”, recuerda Silvestre.
Cada vez que le tocaba subirse a una avioneta, Silvestre notaba un cambio en él.
“El chiste fácil se le apagaba, hablaba menos y se quedaba mirando fijo, como perdido en sus pensamientos”.
Una charla en particular se quedó grabada en la memoria de Silvestre.
“Fue antes de uno de esos viajes, cuando me llamó dizque para saludar, pero en el fondo necesitaba soltar lo que llevaba por dentro”.
En ese instante, Yeison compartió su deseo de que, si algún día faltaba, su legado fuera uno de amor.
“No lo dijo como adiós, pero sonó demasiado parecido”, reflexiona Silvestre.
La conexión entre ambos artistas se tornó más profunda tras el trágico accidente que casi le cuesta la vida a Yeison.
“Ese día viajaba como tantas veces, cargando la responsabilidad como una cruz silenciosa, pensando más en cumplirle a su gente que en cuidarse él”, narra Silvestre con tristeza.
Horas antes, habían hablado sobre planes y el agotamiento que sentía.
“Cuando empezó a correrse la noticia, sentí un vacío helado, como si el mundo se hubiera frenado”.

Yeison no solo era un artista exitoso; era un alma sensible y directa.
“Con él se podía hablar de la muerte sin miedo ni exageraciones, como quien reconoce que es una posibilidad lejana, pero real”, dice Silvestre.
Muchas veces, minutos antes de subirse a un avión, Yeison lo llamaba sin razón aparente.
“No era afán, era ganas de hablar.
Conversábamos de canciones y de cómo estaba, como si buscara agarrarse a algo cercano”.
El día que se conoció la noticia de su fallecimiento, Silvestre sintió que el mundo se detenía.
“Jason se fue dejando huellas que nadie podrá borrar.
La historia de un hombre del pueblo que se hizo a sí mismo, que alcanzó la cima sin máscaras”, recuerda con nostalgia.
Su ausencia dejó un vacío difícil de llenar, un eco en el corazón de millones que crecieron y encontraron consuelo en sus canciones.
“Hoy quedan carreteras que no volverá a recorrer, escenarios que aún parecen esperarlo y corazones que no entienden cómo una vida tan intensa pudo apagarse tan de repente”, expresa Silvestre, con la voz entrecortada.
Jason siempre fue un soñador, alguien que rompió barreras para la música popular.
“Todo fue el resultado de un trabajo constante, de una disciplina silenciosa y de una conexión sincera con su gente”, concluye.
La música de Yeison Jiménez sigue viva en cada persona que alguna vez encontró refugio en su canto.
“Lo más difícil no es llegar, es no perder el corazón cuando llegas”, solía decir.
Su legado perdurará, recordándonos que lo que se hace con amor y desde la honestidad es lo que realmente permanece.
