Lina María Garrido fue abucheada en Santander en medio de cuestionamientos ciudadanos sobre su trayectoria y sus posturas frente a las reformas sociales.

La campaña electoral comienza a calentar el ambiente político en las regiones y deja escenas que reflejan la polarización del país.
En el parque de Santander, la candidata al Senado Lina María Garrido, del partido Cambio Radical, fue recibida entre gritos y abucheos por un grupo de ciudadanos que cuestionaron su trayectoria y sus posturas frente a las reformas sociales impulsadas por el actual gobierno.
Videos difundidos en redes sociales muestran el momento en que varias personas le reclaman a la congresista su oposición a iniciativas en materia laboral, pensional y de salud.
“La gente está cansada del oportunismo político”, se escucha en una de las intervenciones que circularon ampliamente.
Otra voz afirma: “Los abucheos no fueron gratis, fueron la reacción de una ciudadanía que ya no compra discursos de odio ni candidaturas construidas sobre el ataque permanente”.
Garrido, quien aspira a mantener su presencia en el Congreso, ha defendido su candidatura asegurando que busca llegar “sin maquinaria, pero con el apoyo y el amor de Colombia”, una frase que generó controversia debido a su pertenencia a Cambio Radical, colectividad tradicional con amplio recorrido en la política nacional.
Sus críticos sostienen que su visibilidad pública ha estado marcada por un discurso de confrontación hacia el presidente Gustavo Petro, especialmente desde su intervención del 20 de julio en el Congreso.
Mientras tanto, en Yopal, Casanare, la aspirante presidencial Vicky Dávila también protagonizó un episodio que generó debate.
Durante una visita a la ciudad, varios ciudadanos continuaron con sus actividades cotidianas sin mayor interacción con la dirigente.
En redes sociales se difundieron comentarios señalando que “nadie sabe a qué está aspirando”, en alusión a la aparente falta de conexión con el electorado local.

En medio de su recorrido, Dávila se refirió al sistema de salud y prometió: “Les quiero decir que si yo soy presidente de Colombia, llego a pagar la deuda de los medicamentos en el primer mes de gobierno”.
En otra declaración, aludiendo al caso de un menor fallecido tras no recibir oportunamente su tratamiento, afirmó: “No quiero que nunca más les pase a los colombianos lo que le pasó a Kevin Arley”.
Sus palabras generaron reacciones divididas: algunos respaldaron su postura crítica frente al sistema, mientras otros cuestionaron el uso político de un caso sensible.
El debate se produce en un contexto donde la salud y la reforma al sistema sanitario ocupan un lugar central en la agenda pública.
Sectores afines al gobierno han denunciado que figuras de la oposición instrumentalizan las dificultades del sistema para obtener réditos electorales, mientras que desde la oposición se insiste en que la administración actual no ha garantizado la atención oportuna de pacientes.
Paralelamente, el candidato Iván Cepeda difundió una carta dirigida a las Fuerzas Militares y de Policía en la que buscó despejar inquietudes sobre eventuales cambios en sus condiciones laborales.
“Mantendré y ampliaré los avances que han fortalecido la calidad de vida del personal de la fuerza pública”, escribió.
Añadió además: “Afirmo que no modificaré las medidas en materia salarial, prestacional o pensional que ha tomado el actual gobierno”.

En su comunicación, Cepeda enumeró incrementos en partidas de alimentación, bonificaciones para soldados regulares y medidas de protección a derechos pensionales como parte de los avances logrados en los últimos años.
“La institucionalidad democrática de Colombia necesita unas fuerzas militares y de policía sólidas, profesionales, con garantías de bienestar para su base”, señaló, subrayando su intención de fortalecer la dignidad del personal uniformado.
La confrontación de narrativas se intensifica a medida que se acercan las elecciones.
Mientras sectores del progresismo celebran lo que consideran una mayor movilización ciudadana en defensa de las reformas sociales, voces opositoras insisten en la necesidad de un cambio de rumbo en áreas como seguridad y salud.
En las plazas públicas y en las redes sociales se libra una disputa que combina actos presenciales, declaraciones contundentes y una fuerte batalla comunicativa.
Los episodios registrados en Santander y Casanare evidencian que la campaña se desarrolla en un clima de alta sensibilidad política, donde cada aparición pública puede convertirse en termómetro del ánimo ciudadano.
Con el 8 de marzo en el horizonte electoral, las candidaturas continúan desplegando estrategias para consolidar apoyos en medio de un escenario marcado por la polarización y el escrutinio permanente de la opinión pública.
