Wilfrido Vargas, a sus 75 años, comparte recuerdos inéditos de su orquesta, incluyendo éxitos, conflictos y la relación con Rubby Pérez, recientemente fallecido.

A sus 75 años, el maestro Wilfrido Vargas ha decidido romper el silencio y compartir la historia de su orquesta, así como su relación con Rubby Pérez, uno de los cantantes más icónicos del merengue, quien recientemente falleció.
En una emotiva narración, Vargas nos lleva a través de los años dorados de su orquesta, revelando éxitos, conflictos, traiciones y secretos que han marcado su trayectoria y la del merengue.
“Lo que van a escuchar hoy no es cualquier historia”, comienza Vargas, invitando a sus seguidores a un viaje nostálgico y lleno de emociones.
Recuerda los intensos años de su carrera, donde la fama y las tensiones eran parte del día a día.
“El mundo del merengue está de luto por la muerte de Rubby Pérez, y parece que he revivido toda esa etapa”, confiesa, haciendo eco del profundo impacto que tuvo Pérez en su vida y en la música que ambos compartieron.
Uno de los momentos más destacados de su relato es la mención de Juancho Viloria, un cantante con quien Vargas compartió una química única en el escenario.
“Ese hombre era de esos que no se fabrican”, dice Vargas, nostálgico.
Sin embargo, la relación se tornó complicada y Juancho decidió dejar la orquesta para formar su propio grupo.
“Intenté que volviera, pero ya no era lo mismo”, lamenta.

Vargas también recuerda a Bonny Cepeda, quien se unió a la orquesta en 1973.
“Tenía hambre, tenía fuego”, describe Vargas, reconociendo el talento del joven pianista que, a pesar de ser reemplazado en algún momento, logró convertirse en un exitoso productor y músico.
“Míralo ahora, hasta viceministro es”, señala con orgullo.
El maestro no se detiene ahí, y también habla de otros artistas que han pasado por su orquesta, como Peter Cruz, quien le dio clase y elegancia en el escenario.
Vargas recuerda cómo Cruz, tras dejar la orquesta, logró destacar por su cuenta con éxitos que resonaron en todas partes.
“Eso sonó por todos lados.
Peter es un grande”, afirma con admiración.
Entre las historias que Vargas comparte, destaca la de Víctor Baile, un artista que, aunque no cantaba, tenía un talento excepcional como compositor y productor.
“Cuando lo escuché por primera vez, supe que tenía algo diferente”, cuenta Vargas, quien reconoce el impacto que Baile tuvo en el merengue y cómo su legado sigue presente.

Sin embargo, no todo ha sido éxito.
Vargas también menciona a Sandy Reyes, un cantante que, a pesar de su talento, luchó contra adicciones que lo llevaron a perderse en la oscuridad.
“Su historia es un reflejo crudo de cómo la fama y la vida pueden chocar”, dice Vargas, recordando con tristeza los momentos difíciles que vivió Reyes.
La relación de Vargas con sus cantantes ha estado marcada por la disciplina y la exigencia.
“Conmigo no se jugaba”, recuerda, haciendo referencia a la rigurosidad que imponía en los ensayos y presentaciones.
“Era como una escuela militar”, dice, enfatizando la importancia de la entrega y el trabajo duro en el éxito de la orquesta.
La historia de la orquesta de Wilfrido Vargas no solo está llena de triunfos, sino también de traiciones y deslealtades.
Vargas revela que Vicente Pacheco, uno de sus cantantes, se sintió traicionado por cuestiones económicas.
“Él era como un hermano.
Cuando se fue, dolió”, confiesa, subrayando la tristeza que siente por la ruptura de esa relación.
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Otro nombre que resuena en su relato es el de Meas, un artista con un talento excepcional que decidió dejar la orquesta en busca de nuevos horizontes.
“Me dijo que necesitaba algo más, que el merengue ya no lo llenaba como antes”, recuerda Vargas, quien a pesar de la partida de Meas, se alegra de su éxito en la salsa.
En medio de estas historias, Vargas también recuerda a Rubby Pérez, quien llegó a su orquesta en 1982.
“La conexión con el público fue instantánea”, dice Vargas, recordando cómo Pérez se convirtió en una estrella.
Sin embargo, la relación entre ambos también tuvo sus altibajos, y Vargas revela que, en un momento de tensión creativa, decidió sacar a Pérez del grupo.
“Me molesté mucho y lo saqué”, confiesa, aunque luego se arrepintió de no haberlo traído de vuelta.
A lo largo de su relato, Vargas destaca la importancia de la humildad y el trabajo en equipo en el mundo del espectáculo.
“En una orquesta, la humildad vale más que la nota más alta”, reflexiona, subrayando que el éxito no solo depende del talento, sino también de la capacidad de trabajar juntos y apoyarse mutuamente.
Hoy, mientras el merengue enfrenta la pérdida de grandes figuras, Wilfrido Vargas continúa siendo un pilar en la música, recordando a aquellos que han dejado huella en su vida y en el género.
“Hay historias que no se cuentan en los escenarios, pero dejaron huella en los pasillos del merengue”, concluye, invitando a sus seguidores a recordar y celebrar el legado de todos los artistas que han formado parte de su orquesta.