Jorge Rivero, una de las figuras más emblemáticas del cine mexicano, conocido por su físico imponente y su carisma en pantalla, ha vivido una carrera llena de éxitos, desafíos y también conflictos personales que marcaron su vida profesional.
A sus 87 años, Rivero ha decidido romper el silencio y revelar los nombres de cinco personas a las que jamás podrá perdonar, dejando al descubierto las heridas profundas que aún persisten tras décadas de historia compartida.
Nacido en Guadalajara, Jalisco, en 1938, Jorge Pou Rosas, mejor conocido como Jorge Rivero, tuvo una vida marcada por la disciplina y el deporte antes de convertirse en actor.
Su físico atlético, forjado en la natación, waterpolo y el fisicoculturismo, llamó la atención del productor Gregorio Wallerstein, quien lo invitó a protagonizar su primera película en 1964, “El asesino invisible”.
Desde entonces, Rivero se convirtió en un símbolo de la época dorada del cine mexicano, participando en géneros tan diversos como westerns, dramas, comedias y thrillers de acción.
Su imagen de latin lover, combinada con una presencia fuerte y natural en pantalla, lo llevó a trabajar no solo en México, sino también en Hollywood, Europa y otros mercados internacionales.
Sin embargo, detrás de la fama y el brillo, Jorge Rivero guardaba resentimientos que ahora salen a la luz.
De todos los nombres que Rivero mencionó, el de Andrés García es quizás el más sorprendente.
Durante décadas, el público los vio como competidores amistosos, dos galanes codiciados en los años 70 y 80, admirándose mutuamente.
Sin embargo, Rivero recuerda la rivalidad de otra manera. Rumores de competencia por papeles y hasta por la actriz Adriana Vega, quien finalmente salió con Rivero, tensaron la relación.
Lo que rompió definitivamente el vínculo fue la sensación de exclusión cuando Rivero intentó contactar a García durante su enfermedad, pero sintió que lo mantenían al margen.
Esta herida personal es para Rivero más profunda que cualquier disputa profesional.
Jorge Luke, estrella en ascenso en los años 80, reemplazó a Rivero en un papel importante en la película “Un drama romántico”, que resultó ser un éxito inesperado.
Luke hizo un comentario en broma sobre Rivero, quien interpretó la broma como una puñalada directa a su seguridad y reputación.
Aunque Luke intentó aclarar que era solo humor, Rivero nunca perdonó ese incidente, que marcó un antes y un después en su relación.
Mario Almada, leyenda del cine de acción mexicano, era conocido por su rapidez en rodajes y su enfoque pragmático.
Rivero, perfeccionista y exigente, chocó con Almada por su estilo de trabajo, que consideraba una falta de respeto hacia el arte cinematográfico.
La confrontación estalló públicamente en un set, y aunque terminaron la película, nunca volvieron a trabajar juntos.
Para Rivero, Almada representaba una visión opuesta a la suya sobre el cine, y esa diferencia fue irreconciliable.
Sasha Montenegro y Jorge Rivero formaron una pareja icónica en el cine mexicano de los 70 y 80, destacando en comedias eróticas y películas de acción.
Sin embargo, fuera de la pantalla, su relación profesional terminó abruptamente.
Aunque nunca se revelaron públicamente los motivos, se habló de una disputa por el orden de los créditos y la promoción, además de tensiones personales.
Rivero ha insinuado que la ruptura fue más profunda que un simple desacuerdo profesional, reflejando la fragilidad de las relaciones en el mundo del espectáculo.
René Cardona Junior, uno de los directores más prolíficos de México, tuvo un enfrentamiento con Rivero durante la filmación de una película selvática en los años 80.
Rivero pidió cambios en el guion para darle mayor profundidad a su personaje, pero Cardona se negó y priorizó terminar la película rápidamente.
La discusión escaló hasta que Rivero abandonó el rodaje temporalmente.
Aunque regresó, la relación se dañó irreparablemente. Rivero describió a Cardona como alguien más preocupado por la producción que por la calidad artística.
A lo largo de su carrera, Jorge Rivero participó en más de 165 películas, convirtiéndose en un referente del cine mexicano.
Su versatilidad le permitió destacarse en diversos géneros, y su imagen se convirtió en un símbolo de la masculinidad y el encanto latino.
Sin embargo, también enfrentó la decadencia de la industria cinematográfica mexicana en los años 80 y 90, cuando la llegada masiva de producciones extranjeras y los recortes en subsidios afectaron la calidad y cantidad de filmes nacionales.
Rivero intentó adaptarse a los cambios, incursionando en la televisión, pero nunca perdió su deseo de interpretar papeles con profundidad y significado.
Su retirada fue gradual, sin grandes anuncios, reflejando una decisión personal más que un escándalo o fracaso.
Fuera de la pantalla, la vida de Rivero estuvo marcada por relaciones intensas y cambios significativos.
Se casó joven con Irene Hammer, con quien tuvo dos hijos, pero el ritmo de su carrera dificultó mantener la estabilidad familiar.
Más tarde, vivió un romance muy publicitado con la actriz Amparo Grisales y finalmente encontró compañía en la escritora estadounidense Betty Krammer, con quien se mudó a Los Ángeles.
En California, Rivero emprendió una carrera en el negocio inmobiliario, manteniendo su disciplina y estilo de vida saludable.
Aunque se alejó del cine, su legado permanece vivo entre sus seguidores y en la historia del cine mexicano.
La confesión de Jorge Rivero sobre las personas que nunca perdonará revela un lado humano y vulnerable de una leyenda del cine.
Más allá del glamour y la fama, estas historias muestran cómo las heridas personales y profesionales pueden marcar profundamente a quienes han vivido bajo los reflectores.
Su historia invita a reflexionar sobre la complejidad de las relaciones en el mundo del espectáculo, donde la competencia, el ego y las expectativas pueden generar conflictos duraderos.
Sin embargo, también destaca la importancia de la autenticidad, la pasión por el arte y la búsqueda constante de la excelencia.
Jorge Rivero, con su legado de talento y honestidad, sigue siendo un símbolo del cine mexicano, un hombre que supo brillar con luz propia y que ahora, en su retiro, comparte las verdades que moldearon su vida.
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