María Elena Velasco, mejor conocida como India María, fue una de las figuras más emblemáticas y queridas del cine y la televisión mexicana.

Durante décadas, su personaje de mujer indígena, ingenua pero astuta, hizo reír a generaciones enteras.
Sin embargo, detrás de las carcajadas y el maquillaje, se escondía una historia de lucha, contradicciones y un silencio que finalmente rompió a los 74 años, revelando verdades que pocos conocían.
María Elena Velasco nació el 17 de diciembre de 1940 en Puebla, México, en una familia obrera marcada por la pobreza.
Desde niña, tuvo que dejar la escuela para ayudar a su madre costurera y cuidar a sus hermanos.
Su talento para la imitación y la comedia comenzó a manifestarse temprano, recreando con humor escenas cotidianas que reflejaban la realidad de su entorno.
A los 16 años, decidió buscar oportunidades en la Ciudad de México, enfrentándose a muchas puertas cerradas.
Trabajó como asistente de limpieza en un teatro, donde poco a poco fue aprendiendo y logrando pequeños papeles hasta que finalmente creó el personaje que la inmortalizaría: la India María.
India María no fue solo un personaje cómico; fue un espejo que reflejaba cómo la sociedad mexicana veía a las mujeres indígenas: torpes, serviles y cómicas.
María Elena amplificó sus rasgos indígenas para crear esta caricatura, una decisión que le permitió triunfar en un medio que rechazaba su físico y origen.

Su éxito fue abrumador.
Protagonizó más de 16 películas y programas de televisión que se convirtieron en clásicos del cine popular mexicano.
Su personaje enfrentaba a políticos corruptos y a la injusticia social, siempre con humor y astucia.
Sin embargo, detrás de esa imagen alegre, María Elena vivía una contradicción profunda: ¿estaba dignificando a su cultura o perpetuando estereotipos dañinos?
A pesar de su éxito, María Elena enfrentó el encasillamiento.
Nunca le ofrecieron papeles dramáticos ni la oportunidad de mostrar otras facetas como actriz.
Comenzó a escribir guiones con historias más serias sobre mujeres indígenas reales, pero ningún productor quiso financiarlos.
El público solo quería verla como la India María, siempre igual.
Con el tiempo, el personaje se convirtió en una cárcel.
María Elena empezó a distanciarse de India María, negándose a aparecer vestida con el personaje y rechazando homenajes que la recordaban solo por esa caricatura.
En entrevistas, habló en tercera persona del personaje, como si ya no fuera parte de ella.

En una entrevista realizada poco antes de su muerte, María Elena Velasco hizo una confesión que conmovió a muchos: la India María estaba basada en su propia madre, una mujer indígena analfabeta que trabajó duro para sacar adelante a su familia.
Pero lo que comenzó como un homenaje se había convertido en una parodia involuntaria que causaba risas a costa de la dignidad de su cultura.
Reconoció que durante años se rió para no llorar, que había miedo de perder el cariño del público y que su personaje ya no le pertenecía.
Intentó cambiar la narrativa con guiones donde la India María aprendía a leer y lideraba su comunidad, pero la industria y el público no lo permitieron.
Tras la muerte de su esposo y representante, Julián Gallegos, en 2008, María Elena se recluyó cada vez más.
Su salud se deterioró y se negó a ver programas donde apareciera su personaje.
En los últimos años de su vida, pasó mucho tiempo sola, escribiendo cartas privadas a jóvenes indígenas para animarlas a contar sus propias historias sin miedo.
Murió el 1 de mayo de 2015 a los 74 años, dejando un legado complejo: un ícono nacional que hizo reír a México, pero también una mujer que cargó con la culpa y el peso de un personaje que la eclipsó.
La historia de María Elena Velasco nos invita a reflexionar sobre cómo la representación cultural puede ser tanto un acto de visibilización como una fuente de estigmatización.
Nos recuerda que detrás de cada figura pública hay una persona con miedos, heridas y deseos no expresados.
India María sigue viva en la memoria colectiva, pero es fundamental recordar y escuchar también a María Elena Velasco, la mujer que con valentía decidió hablar cuando ya no quedaba nada que ganar, mostrando su verdad sin máscaras.